La historia de Jáuregui Lorda no se explica sólo por los remates, los números o los años de trayectoria en la Cuenca del Salado. Se entiende, sobre todo, desde lo humano. Desde una familia que hizo de la palabra, la confianza y el compromiso con su comunidad, una forma de vida.
La consignataria tiene raíces profundas. Fue fundada en 1947 por Clemente Jáuregui Lorda y su hijo “Toroto”, junto a los socios Alcuaz. Clemente aportaba el conocimiento: había sido empleado de una casa martillera en La Plata. Toroto, en cambio, era el empuje joven, las ganas de trabajar y crecer. Durante años la firma se llamó Alcuaz y Jáuregui Lorda, hasta que con el paso del tiempo la familia fue comprando las partes y quedó conformada como una empresa netamente familiar, dedicada desde el primer día a la feria y a los remates de hacienda.
“Siempre fuimos una empresa de familia”, resume hoy Joaquín Jáuregui Lorda, gerente general de la consignataria. Y no es una frase hecha. La historia continuó con su padre, Javier, y su tía Graciela, hasta que en 2010 Javier compró el resto de las acciones y, en 2014, comenzó el traspaso generacional definitivo hacia sus hijos.

Joaquín empezó a trabajar en la firma en 2007, después de recibirse de administrador de empresas. Pero su vínculo con la consignataria viene de mucho antes. De chico, su primer “trabajo” era llevar las boletas desde el martillo hasta la oficina. Más tarde anduvo a caballo en la feria, sumando tropas. “Siempre supe que quería estar acá”, cuenta. Y su padre fue claro desde el principio: estudiar o arrancar bien de abajo. Joaquín eligió las dos cosas.
No fue un arranque sencillo. Le tocó ingresar en plena crisis del campo, con el conflicto de 2008 y años muy duros para el negocio. “Arranqué con el cuchillo entre los dientes”, recuerda. Esa experiencia, dice, fue una escuela que lo marcó para siempre.
Hoy conduce la empresa junto a sus hermanos: Juliana, a cargo del área financiera; Mariano, en lo administrativo-contable; y él como gerente general. Las decisiones importantes se toman en un directorio familiar, donde Javier sigue participando, aunque ya retirado de la diaria.
Los valores son un eje innegociable. “La palabra es todo, nadie tiene que venir a cobrar dos veces”, repite Joaquín, citando el legado de su abuelo y de su padre. Defender al productor, cobrar bien y cumplir siempre fue la premisa. Incluso en los momentos más difíciles, cuando hubo que vender capital para responder. “Ese es nuestro fuerte”, asegura.
Pero la historia de Jáuregui Lorda también está atravesada por una fuerte sensibilidad social. Javier, el padre de Joaquín, desarrolló una profunda empatía con los veteranos de Malvinas. Piloto de avión, siempre soñó con llegar a las islas por sus propios medios.
Lo logró en 2016, volando solo desde Río Grande hasta Malvinas, tras obtener los permisos necesarios. Ese viaje lo marcó para siempre. Visitó el cementerio, cuando aún había soldados sin identificar, y volvió con una carga emocional enorme. Esa experiencia quedó registrada en un video titulado “un consignatario en Malvinas”, donde cuenta todo el recorrido.
La otra gran historia humana de la familia tiene nombre propio: Matías, el hermano menor de Joaquín. Una epilepsia refractaria y una convulsión muy prolongada en la infancia le provocaron un severo daño neurológico. A partir de ese dolor, Patricia, la madre de Joaquín, transformó el sufrimiento en acción. Fundó un centro de día en Brandsen para chicos con discapacidad, sin fines de lucro, que hoy contiene a unas quince familias. “Es todo obra de mi mamá”, dice Joaquín, emocionado hasta las lágrimas: “Mamá transformó el dolor por la situación en mi hermano en amor a los demás”.
El compromiso con Brandsen no es nuevo, viene de varias generaciones. El abuelo de Joaquín fue socio fundador de la Sociedad Rural local, impulsó el Rotary Club, colaboró con instituciones, donó tierras para canchas de fútbol y siempre estuvo cerca de los bomberos, el hospital y las organizaciones intermedias. “La responsabilidad social siempre estuvo muy marcada en la familia”, afirma.
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Hoy, Jáuregui Lorda es una consignataria moderna, con remates televisados y un equipo joven, pero sigue sosteniéndose sobre los mismos pilares. “Crecimos sin perder el camino”, dice Joaquín. Y en ese camino conviven la historia, la familia, el dolor transformado en amor y una forma de hacer empresa donde lo humano no es un discurso, sino una práctica cotidiana.
En el cierre de la charla con Bichos de Campo, Joaquín Jáuregui Lorda también se permitió una mirada sobre el presente y las perspectivas del negocio ganadero. Según explicó, el arranque del año muestra un mercado firme, incluso en un mes históricamente tranquilo como enero.
“Veo el mercado positivo y optimista, con precios que se sostienen y con interés por la hacienda”, señaló. Hoy, el ternero macho se mueve entre los 5.400 y 6.000 pesos por kilo, mientras que la ternera cotiza entre 5.000 y 5.500 pesos, con una brecha que ronda entre los 300 y 500 pesos.
Para Joaquín, si el clima acompaña y llegan las lluvias necesarias, 2026 puede ser un buen año para la ganadería, con una zafra ordenada y la posibilidad de una mayor retención de vientres, clave para aumentar la producción de carne en el mediano plazo.





