Hace unos días se hizo público un documento elaborado por siete académicos, un expresidente del INTA, exfuncionarios nacionales y el presidente de Aapresid, en el que se celebran los cambios que los actuales dirigentes proponen para el organismo.
A esos siete valientes que salieron a defender a Nicolás Bronzovich, presidente del INTA, le pareció la respuesta de otros 7 dirigentes ruralistas, exfuncionarios y exdirectivos del INTA, que expresaron su preocupación ante la visión actual.
Esta nueva lista de siete defensores del organismo de ciencia y técnica incluye a directivos de Bases Federadas -grupo disidente de la conducción de Federación Agraria Argentina- como Omar Príncipe, que fue presidende de FAA, Pablo Paillole y Ricardo Garzia, estos dos últimos fueron, además, integrantes del Consejo Directivo de INTA, y presidente del consejo regional Entre Ríos, respectivamente. La lista también contiene a Carlos Paz, expresidente del INTA y SENASA, además de Roberto Bocchetto exdirector Nacional del organismo. A su vez, fue firmado por Héctor Ferrario y Daniel Pizzollato, ambos profesionales actuales de INTA.
En su misiva, este grupo detalló largamente el rol del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, y su importancia, a la vez que manifestaron: “Hacemos un llamado al Consejo Directivo para que amplie la consulta a las organizaciones representativas del amplio espectro de demandas que aglutina el INTA antes de tomar decisiones definitivas, recordando que el año pasado amplios sectores – gremiales, académicos, productivos y políticos – se expresaron con preocupación por el rol estratégico y futuro de la Institución”.
El documento elaborado, posee un pasaje destacado, en el que los firmantes aseguran: “Sin lugar a duda, el INTA necesita cambios, sólo que deberíamos preguntarnos para qué, más allá de tener en cuenta sus impactos sobre un sector agropecuario y agroindustrial que aún no modificó la esencia de su propia transformación”.
Al respecto, los demandantes aclararon: “De exportadores de granos para alimento animal será necesario convertirnos en productores de alto valor agregado a partir de nuestra riqueza potencial en RRNN renovables. El INTA necesita reconocer que está cambiando su campo de estudio e intervención y amerita comprometerse a nivel regional y territorial en el ámbito del país para impulsar una transformación productiva sobre la base de la bioindustrialización. Ese cambio de largo plazo iniciado con mayor escala en el ámbito pampeano debe permear las regiones y territorios a partir de sus propias esencias, dotaciones y capacidades”.
Sin lugar a dudas, los trabajadores del organismo, sus tierras y sus planes de investigación, fueron los puntos más cuestionados del intento de desmantelamiento que el Gobierno Nacional intentó sin éxito el año pasado, al chocar contra el Congreso Nacional y la Justicia, que fallaron en contra de la idea del Ejecutivo.
El plan actual, sugiere reducir las agencias de extensión, pasando a nuevos grandes grupos aglutinadores de zonas, para poder eliminar cargos en el medio. Sobre esto, los 7 defensores aseguraron: “Así planteados los desafíos del INTA, que interpelan el desarrollo de las diferentes biorregiones del país, es difícil desvirtuar y evadir su anclaje territorial, materializado en sus 15 Centros Regionales, 400 nodos entre Estaciones Experimentales y Agencias de Extensión Rural, conjuntamente con 6 Centros de Investigación y 22 Institutos”.
“Esta estructura es la que ha permitido articular con productores y sus asociaciones, cooperativas, escuelas rurales, gobiernos provinciales y locales, como también, componentes del gobierno nacional y ONGs. Este es el ordenamiento espacial del INTA forjado cuando históricamente 3 vivimos la divergencia entre el campo y la industria. A partir del mismo, ¿qué organización y gestión es necesaria, si ahora se necesita industrializar el campo y la riqueza de RRNN renovables que sobrepasa sus propios límites? Siendo necesario tomar en cuenta el avance de los conocimientos y la revolución digital que interpela la transformación productiva y la estratégica vinculación con el INTI, Universidades, el CONICET y, a su vez, la amplia base organizacional representativa del sector privado, tanto en el nivel nacional como regional”.
Según este grupo, queda ahora planteada “la necesidad de impulsar la convergencia de la bioindustrialización y el desarrollo territorial que integre la investigación y la extensión, como también, a todos los estratos productivos y permee el mapa regional, tomando en consideración, además, que gran parte de la riqueza biológica está enclavada en el norte y sur del país”.
“En este marco, se persigue obtener mayor valor agregado y generación de divisas, escalando la producción de alimentos, bioenergía y biomateriales, logrando a su vez, la generación de empleo, inclusión social y lucha contra la pobreza. Estas nuevas directrices del desarrollo regional y territorial deberían acompañar la potenciación de la integración regional del Cono Sur”, aseguraron también los ruralistas y exdirectivos.
Accedé al documento completo:
Carta al Consejo Directivo INTA





