“Por un día, no le pidas a la IA, pedinos a nosotros”. Con ese slogan, un grupo de habitantes de una pequeña comunidad chilena anunció la ambiciosa iniciativa que llevará a cabo este viernes 31 de enero: durante 24 horas, en vez de usar Chat GPT, Grok, Gemini u otras inteligencias artificiales, proponen a la gente consultar quili.AI, que, en vez de procesadores, estará administrada por personas.
Se trata de un proyecto nacido en el pueblo de Quilicura, ubicado al norte de Santiago y, no casualmente, una de las regiones con mayor concentración de centros de datos para inteligencia artificial. Esa comunidad está asentada en la cuenca hidrográfica del río Maipo, una fuente de agua clave para consumo humano y agrícola, y ahora también para esos centros computarizados.
Para generar conciencia sobre el enorme impacto que tiene pedirle a la IA una foto graciosa, una canción, un consejo sentimental, o cualquier otro “prompt”, un grupo de vecinos de esa localidad se propuso responder todas esas consultas con inteligencia analógica, de forma ininterrumpida y por un día.

Quili.AI alumbra aquello que permanece vedado: el costo hídrico real de la inteligencia artificial. A medida que se reciben consultas, la plataforma irá cuantificando cuánta agua se hubiese consumido si, en vez de los vecinos, la respuesta emergiera de los centros “high tech”.
Y es que detrás de esas respuestas inmediatas, ocurrentes, muchas veces útiles y otras tantas no, existe una compleja infraestructura física ubicada en diferentes puntos del mundo, que pueden requerir tanta agua como un pueblo entero en funcionamiento.
La “nube” y la inteligencia artificial, por más abstracto que suenen, tienen grandes servidores reales y concretos operando en la tierra que necesitan de ese recurso para refrigerarse por el enorme gasto energético que generan. Una consulta, justamente a la IA, basta para cuantificarlo: con sólo generar una imagen se estarían consumiendo entre 2 y 5 litros de agua y cualquier respuesta breve equivale a una botella estándar de 500 mililitros.

Liderado por Corporación NGEN, una organización dedicada a la restauración, promoción y educación sobre el patrimonio natural, el experimento que se llevará a cabo este 31 de enero no polemiza directamente con toda la industria high tech, sino que busca generar conciencia sobre lo que se le pide a esos motores de pensamiento y difundir el “prompteo responsable”.
“Queríamos llamar la atención del mundo sobre cómo el uso frívolo y superficial de prompts de IA tiene un impacto directo en nuestros recursos hídricos. Durante un día, te pedimos que no uses una IA y en su lugar, nos uses a nosotros: un grupo de habitantes locales de Quilicura que nos hemos unido para ser tu IA”, expresaron desde el proyecto.

Un solo centro de datos de gran escala puede requerir entre 1 y 3 millones de litros de agua por día utilizando desde sistemas de refrigeración tradicionales, como aires acondicionados industriales, hasta esquemas más avanzados que exponen líquido refrigerante directamente sobre el chip, además de torres de enfriamiento evaporativo.
Es un lujo que no puede permitirse afrontar la comunidad de Quilicura, una de las regiones con mayor estrés hídrico de Chile que, desde 2010 en adelante, ha sido epicentro de las instalaciones que sustentan a la IA, plagadas de microchips, transformadores de alta potencia, sistemas de almacenamiento masivo y servidores de alta densidad.
Es una discusión que empieza a librarse en muchos otros lugares, donde la llegada de proyectos de este tenor resulta atractivo por las inversiones proyectadas, pero preocupante desde el nivel de consumo de recursos.
Sin ir más lejos, recientemente Open.AI -la empresa creadora de ChatGPT- anunció la instalación de “Stargate Argentina” en la Patagonia, un megacentro de datos valuado en 25.000 millones de dólares que comenzará a construirse este año.
La cuenta regresiva que figura en la página oficial de Quili.AI indica que faltan menos de 2 días para que, sin consumir una sola gota de agua, un grupo de personas darán respuestas humanas a consultas también humanas, sean recetas, dibujos, preguntas de historia, o lo que fuera. No contarán con la información con la que fue “entrenada” la IA, sino con la experiencia vivida, el conocimiento cultural y el criterio humano.
Esta pausa, por 24 horas y de forma experimental, busca inaugurar una vía de diálogo con autoridades y funcionarios locales, para debatir las políticas públicas sobre estándares ambientales claros y particularmente enfocadas en los centros de datos que operan tanto en la cuenca del río Maipo como en otras regiones.





