Paraguay consolidó, en los últimos años, su inserción en el mercado mundial de la carne vacuna. Esto tuvo que ver con la incorporación de genética, que derivó en mejoras productivas y calidad de la carne, que ofrece tanto al mercado interno como a la exportación.
A su vez, la buena interacción público-privada está permitiendo avanzar tanto en la sanidad de su rodeo como en la identificación del mismo, lo que le permite a la cadena presentarse en los mercados con cartas muy diferentes a las que tenía años atrás.
Daniel Burt, miembro de la Cámara Paraguaya de Carnes, entidad que nuclea a los exportadores de carne vacuna, aviar y porcina de ese país, dijo: “El salto cualitativo y cuantitativo de la ganadería paraguaya no se explica solo por la genética o por la inversión industrial, sino fundamentalmente por la profesionalización del servicio sanitario, que es resultado de un acuerdo público-privado”.
Paraguay cuenta hoy con un rodeo de alrededor de 13,5 millones de cabezas, compuesto mayormente por razas sintéticas que combinan genética índica y europea, adaptadas tanto al Gran Chaco como a la región Oriental. En los últimos años mejoraron su productividad y eficiencia, aunque el stock fue afectado por la sequía, algo que ahora buscan revertir.
Burt explicó que “el complejo cárnico paraguayo exporta cerca del 75% de la carne que produce -unas 400 mil toneladas anuales- y faena alrededor del 90% de ese volumen, en frigoríficos habilitados para exportación, con altos estándares de exigencia sanitaria e inocuidad. Esa modernización industrial, acompañada por auditorías permanentes de los mercados compradores, permitió que la calidad de la carne paraguaya mejorara exponencialmente”.
El impacto económico es contundente. Paraguay duplicó en los últimos cinco años el ingreso de divisas por exportaciones de carne vacuna y cerró el 2025 con ventas externas por unos 2.200 millones de dólares.
Estados Unidos y Canadá, habilitados como destinos comerciales hace dos años, fueron claves para valorizar exportaciones que antes se destinaban a mercados de menor precio, como Rusia. Históricamente, Chile se consolidó como el principal destino de la carne paraguaya, con cerca del 40% de las ventas. Hoy su participación bajó al 30%, explicado por la diversificación hacia otros mercados como Taiwán, Israel y Brasil, además de otros países del sudeste asiático.
Chile, según comentó el referente cárnico, tiene una ventaja estratégica dada por la cercanía logística —la carne puede estar en góndola en apenas tres días— y un esquema comercial que permite colocar hasta 19 cortes. A eso se suma un factor que los importadores valoran especialmente: el país no tuvo nunca retenciones, controles de precios ni intervenciones estatales, lo que le permitió ganar el terreno que dejó, por ejemplo, Argentina. Eso, para Burt, convirtió al país “en un proveedor confiable”.
Uno de los pilares del modelo es la sanidad animal. Tras las crisis sanitarias de comienzos de los años 2000, Paraguay implementó un sistema en el que la vacunación contra la fiebre aftosa y la brucelosis es gestionada mediante un convenio entre la Asociación Rural del Paraguay y el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa). El sistema es supervisado y financiado por el sector privado, con fuerte control en campo, fronteras y rutas. “Es uno de los grandes casos de éxito de articulación público-privada del país”, remarcó Burt.
Actualmente, el gobierno paraguayo impulsa una transición hacia el estatus de país libre de aftosa sin vacunación, con una hoja de ruta que incluye metas sanitarias, inversiones, cambios normativos y un refuerzo del control fronterizo. La fecha objetivo que se discute es 2028. Burt afirmó que “desde la industria acompañarán el proceso siempre que se cumplan los hitos previstos y se garantice la seguridad sanitaria”.
En paralelo, se avanza con fuerza en la identificación individual del ganado. Una ley sancionada hace dos años establece la trazabilidad electrónica progresiva de todo el rodeo, que en poco tiempo permitirá alcanzar el 100% de identificación. “Antes era una exigencia solo para Europa, hoy es una política general que mejora la sanidad, la seguridad y la transparencia, y refuerza la confianza de los clientes internacionales”, explicó el industrial.
Mirando hacia adelante, los desafíos pasan por seguir abriendo mercados -Japón, Corea del Sur y México son los principales objetivos- y ampliar el stock ganadero tras la sequía, mejorando la eficiencia productiva. Esto permitirá enfrentar un escenario internacional cada vez más competitivo, con aranceles, cuotas y exigencias crecientes.
Aun así, el dirigente se mostró optimista: “El mundo va a seguir demandando proteína animal y Paraguay es de los pocos países que todavía tiene margen para crecer”.




