En el diseño de jardines y espacios verdes, elegir bien los árboles es clave. No solo definen la estructura del lugar, también aportan identidad, sombra y carácter a lo largo de todo el año. En ese sentido, los lapachos se consolidan como una de las especies nativas más interesantes para incorporar en parques, veredas amplias y jardines particulares, por su presencia, su adaptación y su bajo requerimiento de mantenimiento.
Originarios del noreste argentino y de otras regiones de Sudamérica, los lapachos combinan una silueta elegante con una copa equilibrada que funciona bien tanto en espacios grandes como en proyectos más contenidos. El lapacho rosado, identificado como Handroanthus heptaphyllus, es el más difundido, aunque las variedades de flor amarilla y blanca también ganan protagonismo en propuestas paisajísticas que buscan diversidad sin resignar coherencia.
Durante gran parte del año, el lapacho se destaca por su estructura. El tronco recto, las ramas bien distribuidas y el follaje verde intenso generan un marco ideal para acompañar senderos, ordenar visualmente un parque o convertirse en el eje de un jardín. A diferencia de otras especies más frágiles o de crecimiento desparejo, mantiene una imagen prolija y armónica que facilita su integración tanto en diseños formales como en paisajes más naturales.
Desde el punto de vista técnico, es un árbol que se adapta bien a distintos tipos de suelo, siempre que tengan buen drenaje, y responde mejor en ubicaciones a pleno sol. Una vez establecido, requiere riegos moderados y tolera períodos de escasez de agua, una cualidad especialmente valorada en parques públicos y jardines de bajo mantenimiento. Su crecimiento es gradual, lo que permite acompañar su desarrollo con podas suaves sin necesidad de intervenciones constantes.
Este reencuentro con el lapacho se dio también durante la visita a Rafaela Cassarino, en el marco del recorrido por la plantación que está desarrollando en el centro comercial de Nordelta. Allí, en un proyecto que combina paisaje, escala urbana y especies bien seleccionadas, el lapacho vuelve a aparecer como pieza central del diseño.
En ese contexto se conoció además una nueva variedad de lapacho rosado, que suma interés por su porte, su adaptación y su potencial para futuros desarrollos paisajísticos.
En jardines residenciales, el lapacho funciona muy bien como ejemplar único, aportando sombra y jerarquía sin saturar el espacio. En parques y áreas verdes más extensas, puede utilizarse en alineaciones o en grupos, generando continuidad visual y aportando diversidad biológica, ya que sus flores atraen polinizadores y enriquecen el entorno.
Pensar al lapacho como árbol de diseño es volver a mirar a las especies nativas con otros ojos. No se trata solo de un árbol atractivo en un momento puntual, sino de una opción sólida, estética y funcional, capaz de aportar identidad y equilibrio a jardines y parques durante todo el año.
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Hace unos meses, en Expoagro también se habló de lapachos. “En los últimos años, los clientes están optando mucho por volver a las plantas autóctonas. Se dejaron de cultivar un montón de plantas que antes se usaban y se está volviendo a lo que es bien nuestro“, explicó Rody de Vivero los dos pinos en Expoagro del año pasado.






