En un país donde producir es casi un ejercicio de resistencia diaria, Gonzalo Ezquerra eligió no solo quedarse sino profesionalizar su camino. Ingeniero agrónomo, nacido y criado en el Alto Valle de Río Negro, decidió trasladar el orden de una industria a la espontaneidad del trabajo rural para poder así transformar campos áridos en unidades productivas eficientes y, sobre todo, sostenibles en valores.
“No es fácil producir en Argentina, pero uno aprende a ser resiliente y a tener cintura para adaptarse a los escenarios que va planteando el mercado”, resume Ezquerra, quien está al frente de Don Luis V SA, una firma que combina henificación, movimiento y sistematización de suelos bajo riego, servicios de transporte y hasta maneja una unidad hortícola.

El vínculo con el campo viene de familia. Su padre fue productor frutícola y Gonzalo pasó la infancia entre chacras, acompañándolo en las tareas diarias. A los 13 años, cuando su padre incorporó la cría de pollos y la producción de alfalfa, el aprendizaje se volvió todavía más intenso. Con cada nueva práctica iba absorbiendo conocimientos y los sumaba a lo que veía en la escuela técnica.
El gusto por el trabajo rural era tal que, al terminar el secundario, su primera reacción fue resistirse a dejar General Roca. “Cuando te dedicás a algo que te gusta, te sumás a trabajar y no ves otra cosa. Por eso yo no me quería ir a estudiar”, cuenta. Sin embargo, con un hermano ya en Córdoba, terminó cediendo, aunque eligió una carrera que lo mantuviera cerca del campo: la agronomía.

El regreso no fue simbólico. Apenas volvió de la universidad, empezó a darle forma a su propia empresa y se integró a los grupos CREA, una decisión que marcaría su crecimiento. “Arranqué haciendo todo: manejaba el tractor, regaba, cargaba los camiones con alfalfa y la comercializaba. Todo lo hacía yo”, dice.
La principal limitante, como suele pasar, fue el capital. Pero también apareció una oportunidad: diversificar. “La alfalfa es estacional. Cuando sumé a mi primer colaborador, para darle continuidad al trabajo tuve que agregar otra actividad, y ahí apareció el movimiento de suelos”, explica.

Ese giro fue clave. Con el tiempo y un desarrollo sostenido, Ezquerra logró adquirir una propiedad con capital propio y consolidar Don Luis. Hoy, el movimiento y la sistematización de suelos son el corazón del negocio. “Hacemos todo: desde partir de un monte natural hasta arroyos, canales, desagües y nivelación del terreno”, detalla.
Actualmente trabaja con cuatro equipos de tractores equipados con palas niveladoras, sistemas de nivelación por GPS y algo de tecnología láser. En alfalfa, la superficie varía año a año: prestan servicios sobre unas 400 hectáreas y producen unas 130 hectáreas propias con dos equipos en funcionamiento. Todo esto se complementa con una chacra hortícola de 75 hectáreas.

El crecimiento trajo nuevos desafíos. “La mayor limitante empezó a ser aprender a gestionar el recurso humano. Cuando vas creciendo y sumás gente, ya no llegás a ver todo”, admite. Esa fue la señal para evolucionar también en su rol.
“Fui dejando de ser solo ingeniero agrónomo y productor. Me capacité en dirección de empresas y otros temas que sumaron muchísimo”, asegura.
Ezquerra lo dice sin rodeos: “El agrónomo está abocado a la producción, pero no sabés de economía ni de relaciones humanas. Si no evolucionás, no podés crecer”. En ese camino, los grupos CREA volvieron a jugar un papel central.
“Estoy en dos grupos, uno del Alto Valle–Valle Medio y otro de contratistas. Ahí te relacionás, generás contactos y te posicionás como una empresa que funciona y crece con un equipo”, remarca.

La impronta industrial aparece cada vez con más fuerza en su manera de trabajar. “Me gusta mucho la industria, cómo trabaja con procesos, procedimientos y protocolos. En el campo estamos muy lejos de eso. Yo me estoy arrimando porque es la forma más práctica y ordenada de transmitir cómo se trabaja”, explica.
Hoy incluso trabajan con una empresa de Córdoba para desarrollar manuales y procesos internos. “Ya no alcanza con que Gonzalo esté atrás de todo. Y además, el conocimiento de quienes pasan por la empresa tiene que quedar para los que vienen después”.
También hay una mirada moderna sobre el vínculo laboral. “Llegar bien e irse bien está bien. La gente busca variar, y los CV ya no hablan de permanencias eternas. Uno tiene que saber capitalizar el tiempo -poco o mucho- que las personas están y lo que pueden aportar”, reflexiona.

Lejos de la ambición desmedida, Ezquerra proyecta un crecimiento gradual. “Seguir creciendo, sí, pero a un ritmo que acompañe los valores que quiero para la empresa. No se trata de crecer por crecer ni de ganar plata por ganar, sino de hacer lo que te gusta, hacerlo bien y no perder ciertos valores”.
En definitiva, en un país donde el campo muchas veces se mueve por intuición y urgencia, Gonzalo Ezquerra eligió sumar método, procesos y gestión. Un productor que sigue siendo “todólogo” por pasión, pero que entiende que profesionalizar es también delegar y capitalizar la experiencia de los que pasan por su firma.





