Como integrante de la empresa NAR s.a.s, especializada en la venta de insumos para la producción hortícola, el agrónomo Matías Bocchino mide constantemente la temperatura de aquel sector. Para él, la imagen de un rubro precario y “quedado” en el tiempo está desactualizada y, por el contrario, las mejoras y desarrollos que buscan dinamizarlo están a la orden del día.
“La horticultura se asocia mucho a las pequeñas producciones, lo cual es cierto, pero también existe horticultura de altísima precisión. Aquella se desarrolla gran parte en invernaderos, con riego por goteo, incluso con computadoras que lo automatizan y controlan la humedad. Sin dudas, la horticultura tiene un nivel de tecnología que no lo tiene otro rubro de la agronomía”, señaló Bocchino en conversación con Bichos de Campo.
Mirá la nota completa acá:
Dentro del rubro de las semillas, en particular, el vendedor observa la proliferación de nuevos materiales, cada vez más eficientes y con mejores condiciones de pos cosecha. Por caso, la firma a la que representa recientemente mostró cuatro nuevas variedades de alcaucil –Ópera, Artemisa, Green Queen y Madrigal- cada uno con cualidades distintas en función de su destino (mercado en fresco o industria).
“El recambio no es rápido pero sí es cierto que es uno de los rubros que más tecnología lleva, tanto en genética como en nutrición y riego. En horticultura se vive hablando de partes por millón de nutrientes, cosa que en otros cultivos es por hectárea. Se habla de humedad relativa dentro de los invernaderos, de ventilación, de milímetros de reposición de riego. La horticultura es, por definición una producción altamente intensiva”, afirmó.

En cuanto a la brecha tecnológica entre productores, consideró que si bien puede haberla en cuanto a maquinaria o herramientas, en términos de las variedades cultivadas las diferencias no son tan notorias.
-¿Nos tenemos que empezar a quitar de la cabeza la postal del campesino sufrido?- le preguntamos.
-Todos los productores son sufridos porque laburan como perros, y muchas veces la naturaleza o la demanda son ingratas y terminan perdiendo todo. Pero bueno, hay mucho trabajo detrás de esto, mucho.

A raíz de esto, Bocchino sostuvo que las posibilidades de crecer, acompañadas por una mayor presión de los consumidores que quieren alimentos cada vez más frescos, son más que posibles.
“La ventaja que tiene la horticultura es el dinamismo que tiene, que permite darle al mercado un nivel extra de oferta en tiempos mucho menores que los que posee un cultivo que dura seis meses. Puede reaccionar mucho más rápido. Generalmente, lo que suele pasar es que sobra producción. De hecho, los precios en los últimos años han sido muy malos. Ojalá pudiese aumentar más la demanda, nos iría mejor a todos”, indicó.
-¿Qué hace falta para consolidar un sector más potente?
-Creo que hay que mejorar la calidad de la oferta. Yo creo que la hortaliza tiene mucha variación en calidades. Tiene que ver con mejorar algunos procesos, con algunas presentaciones, y con que la gente tenga ganas de comer verdura. Si llegás a la verdulería y la fruta está podrida, sucia o tiene moscas, no la va a comprar. La presentación también influye.
-Hay que laburar mucho después de la cosecha entonces.
-Sí, porque vos tenés una vida pos cosecha muy baja, en comparación con otros productos. Un alcaucil no debería estar al aire libre en una verdulería, debería estar cerradito para que no se deshidrate. Los tomates no deberían estar al sol. La lechuga, lo mismo. Y después sí creo que hay un componente cultural. La gente compra cebolla, papa y zanahoria y termina tirando lechuga que no comió. Mejorando la calidad y la presentación, todos en la cadena, la demanda va a responder. Si hay productos de calidad, se consumen.




