Las últimas décadas han sido unas de gran transformación para la agricultura que conocemos. Al crecimiento en la adopción de la siembra directa se sumó la incorporación de cultivos tolerantes a herbicidas, lo que condujo a una optimización en el control de malezas, la reducción en los laboreos y la preservación del suelo. En ese escenario, el perfil y la intensidad de uso de estos insumos se fue modificando, dando paso a una redefinición en el manejo agronómico y las buenas prácticas a aplicar.
“Los fitosanitarios siempre fueron una herramienta esencial, pero la siembra directa y los cultivos tolerantes cambiaron la escala y la estrategia. Hoy el desafío no es solo controlar, sino hacerlo de forma sostenible y con decisiones basadas en la ciencia”, señaló Federico Elorza, coordinador de Gestión Sustentable de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe).
De acuerdo con la Red de Malezas de Aapresid (REM), más de 25,8 millones de hectáreas se encuentran afectadas por biotipos resistentes o tolerantes. Esto supone desafíos en el control de malezas e impulsa el desarrollo de nuevas tecnologías, tanto de aplicación como de insumos complementarios. Tal es el caso de los biológicos.
Por tal motivo, Casafe impulsa el Manejo Integrado de Malezas (MIM), “promoviendo la rotación de modos de acción, la correcta preparación de mezclas, la incorporación de cultivos de servicio y la planificación de densidades y fechas de siembra adecuadas antes de recurrir al control químico”.
Respecto de las formulaciones de estos productos, la Cámara destacó un avance en la reducción de su toxicidad. Según detalló, actualmente 2,5 de cada 4 productos utilizados son de banda verde, una categoría que refleja baja toxicidad aguda.
“La innovación también se refleja en el desarrollo de nuevas moléculas y soluciones biológicas. Desde los históricos 2,4-D o glifosato hasta los modernos inhibidores HPPD y bioinsecticidas, la evolución tecnológica ha ampliado las herramientas disponibles”, celebraron desde Casafe.
Tanto es así que, aseguraron, el mercado de los biológicos y productos químicos crece “a doble dígito” y se integra con estos esquemas de manejo de plagas y malezas.
A nivel regulatorio, la metodología de evaluación de riesgos ambientales y de exposición también se ha sofisticado, sumando modelos y monitoreos que aseguran un uso responsable y transparente de estas tecnologías.
“La sostenibilidad no es un destino, sino un proceso de mejora continua. Desde CASAFE promovemos una agricultura que combine productividad, innovación y responsabilidad ambiental, garantizando alimentos seguros y un futuro sustentable para todos”, concluyó Elorza.




