La inflación de diciembre fue de 2,8%, según informó ayer el Indec. En tanto, la acumulada en todo 2025 llegó a 31,5%.
Uno de los rubros que impide una caída mayor de ese indicador es el de la carne vacuna, que en el último mes aumentó poco más de 10% según la medición oficial, y 11% según la que hace el IPCVA, que evalúa los cambios en los principales centro de consumo del país.
En tanto, en el año la carne vacuna subió 70%, lo que da cuenta del interés del consumidor argentino por este alimento. Si bien el incremento fue significativo, todavía le queda recorrido ascendente para empatar el incremento que acumuló la hacienda, que tendería a subir también este año.
La suba de la carne tiene relación directa con los incrementos que tuvo la hacienda vacuna el año pasado, y que ahora están siendo trasladados al precio final del producto. Sucede que tanto frigoríficos como comerciantes no pueden absorber los incrementos.
En diciembre de 2024, el precio del kilo vivo de novillo en el Mercado Agroganadero de Cañuelas (MAG) fue de 2.264 pesos. En diciembre del 2025, fue de 4.100 pesos. El incremento fue de 81%. Aumentos similares tuvieron las demás categorías vacunas, como novillitos y vaquillonas, que tienen como único destino el consumo interno.
La perspectiva, vista desde el lado de funcionarios, frigoríficos y consumidores, no parece alentadora, ya que se espera que este año -y luego de tres con altas faenas- la oferta de ganado disminuya en 800 mil a 1 millón de cabezas, lo que significa casi un mes menos de operatoria en las industrias.
Si baja la oferta, el precio se mantendrá firme porque se espera fuerte demanda exportadora, y el consumo interno siempre prefiere la carne vacuna a las otras.
Para los frigoríficos, en cambio, la situación es más que problemática. Con el volumen licúan los crecientes costos fijos, como energía y salarios, pero deberán competir entre sí los centenares de operadores de la demanda de hacienda por un bien escaso.
Y el consumidor, ese fiel cliente que tiene la cadena cárnica, también se la verá complicada porque al subir la hacienda terminará aumentado el valor en la góndola.
Por ahora la demanda local sigue demostrando poca elasticidad, es decir, no quiere resignar la ingesta de carne. Pero si la exportación incrementa su participación en el negocio, no le quedará otra que pagar más y optar por otras alternativas como cerdos y pollos para consumir la misma cantidad de proteína animal.
Esto, sin dudas, favorecerá al sector porcino y avícola, cuyas carnes aumentaron 27% y 26% respectivamente.





