A pocas semanas del comienzo de la primavera, la expectativa en la chacra experimental Miramar es total, porque todo indica que, por primera vez, su plantación experimental de kiwis tendrá brotes, que, por ende, el año próximo serán frutos para cosechar.
“Hasta que no vea un kiwi no me voy”, dice Yamila Murashima, que es una de las becarias que ha estado trabajando allí, prácticamente desde que comenzó esa producción, cuando aún era estudiante secundaria, cursaba sus últimas materias, y aprovechaban las visitas a la Chara experimental del gobierno bonaerense (depende del Ministerio de Desarrollo Agrario) para hacer capacitaciones.
En algún punto, Yamila lleva la fruticultura en la sangre, pues es nacida en Japón, donde vivió por 3 años antes de venir a Argentina. La gran isla es conocida mundialmente por sus trabajo en la producción de alimentos, y muchos de sus coterráneos, de hecho, han creado comunidades frutihortícolas en el país.
Tanto le gustó el trabajo que se hace en la experimental que, cuando se egresó de la Escuela Agraria Martínez de Hoz, ubicada ahí mismo a las afueras de Miramar, se puso el uniforme con la insignia del gobierno bonaerense y se fue a producir a la chacra.
Lo de este año, explica la becaria, es un hito importante para su actividad investigativa, pues, como las demás actividades productivas en todas las experimentales del Ministerio de Producción provincial, lo que se busca es generar conocimiento útil para dar respuestas a las demandas de los productores.
De hecho, esa zona, entre los municipios de General Alvarado y General Pueyrredón, concentra el grueso de la producción de kiwis del país. Es una actividad que tiene un manejo complejo y requiere de mucho trabajo manual, que también se ensaya con las 651 plantas que tienen en su hectárea dentro de la chacra. Este lote demostrativo -cuando esté en marcha- será fundamental para generar ensayos y conocimientos para la región.
Concluida la etapa de poda, que suele hacerse en el mes de julio, ahora se alistan para la aparición de los primeros cargadores, que se desprenden de los brazos de la planta y dan brotes durante la primavera. Para ello, señala Yamila, es necesario montar una estructura específica, ya que el kiwi es una planta trepadora que llega a los 2 metros de altura.
En esa “parrilla”, de donde colgarán el año próximo los frutos, también tienen un particular sistema de aspersores. Como el riego, en realidad, se hace en la base de la planta, estos se usan para evitar que las heladas tardías, aquellas que pueden llegar en octubre, quemen los brotes y los dejen sin producción.
“Se genera un microsistema la plantación y hace que no se congele ese brote que necesitamos”, explicó Murashima. Desde ya que eso requiere atención, ya que el sistema debe ser encendido cuando se espera una helada.
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Si todo va bien, y los brotes sobreviven, en noviembre tendrán que encargarse de la polinización, una actividad que también es manual y clave para que nazcan los primeros frutos hacia fin de año.
“En la plantación de kiwi se necesita mucha mano de obra y es un trabajo muy difícil”, señala la becaria, que, aunque espera con ansias los primeros frutos de esas plantas que tanto cuidó, sabe que no se irá con facilidad de la experimental, un lugar donde disfruta de aplicar lo que sabe para responder a las demandas productivas de su zona.