¿Qué sucede cuando un sector productivo tiene una capacidad industrial tan grande, que excede largamente su nivel de actividad real? Pues que muchas empresas, para tratar de ocupar esa capacidad ociosa y reducir así sus costos fijos, hacen todo lo que está a su alcance e incluso incurren en actividades al margen de las normas para reducir los tiempos muertos de sus máquinas. Es lo que sucede con la industria molinera, que podría moler un 50% más del trigo que procesa cada año, y que soporta niveles de evasión que se ubican entre el 20 y el 30%, según sus propios dirigentes.
Que la competencia desleal es un grave problema para los molinos que trabajan en regla es una verdad tan evidente que desde hace décadas el Estado, a través de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario (la ex ONCCA) de la Secretaría de Agricultura, tiene un área especial para combatir ese flagelo y ha lanzado incontable cantidad de ofensivas para frenar la molienda en negro. Incluso, en 2017 la gestión de Cambiemos puso en marcha un sistema de caudalímetros y cajas negras para controlar “on line” el flujo de trabajo de esos establecimientos industriales, que luego las diferentes gestiones posteriores (ya sean kirchneristas o libertarias) fueron cayendo en desuso y debilitándose.
En este contexto, en 2025 la DNCCA adoptó una decisión muy relevante (es una ironía, claro) para tomar el toro nuevamente por las astas: lanzó una encuesta para conocer “con precisión” de cuánto es el potencial real de la molienda triguera. Con los datos de la capacidad instalada de cada molino, según los funcionarios a cargo, sería posible establecer luego sistemas de “fiscalización inteligente” sobre este tipo de establecimientos agroindustriales.
El trabajo ya está listo y tuvo una gran acogida en el sector privado diezmado por la competencia desleal; Contestaron 160 operadores que representan el 94,7% de los molinos y el 99,8% de la molienda nacional. Según Agricultura, “se trata de la base de datos más representativa y completa disponible hasta el momento sobre la estructura productiva molinera”.
En los hechos, esa encuesta vino a confirmar lo que todos ya sabíamos: “El dato central que surge del relevamiento es la Capacidad Máxima Esperable de la industria molinera argentina del cereal asciende a 761.934 toneladas mensuales”. Si se multiplica ese número por los doce meses del año tendríamos una capacidad teórica de molienda anual de 9.143.208 toneladas anuales.
Teniendo en cuenta que la molienda real del sector oscila cada año en unas 6 millones de toneladas, la primera conclusión entonces es que la capacidad ociosa es muy relevante, ya que la industria podría moler al menos un 50% adicional del que ahora procesa.
“Este indicador estima el volumen de producción que el sector puede alcanzar operando cinco días y medio por semana, 24 horas por jornada y con un coeficiente operativo del 85%, que refleja parámetros habituales de funcionamiento”, indicó un informe oficial que reveló los resultados de la encuesta.
Este es el documento:
Relevamiento de capacidad productiva _ Molinos de harina de Trigo
“El relevamiento también permitió estimar otros escenarios de producción. La capacidad máxima teórica -considerando eficiencia plena y especificaciones técnicas de la maquinaria- alcanzó 1.032.955 toneladas mensuales. La capacidad máxima normal se ubicó en 878.012 toneladas mensuales. En tanto, la capacidad declarada actualmente en uso es de 671.878 toneladas mensuales. Estas métricas complementarias permiten comparar el desempeño real con los distintos niveles de potencial productivo”, se indicó.
La encuesta también requirió a los molinos información sobre almacenamiento de trigo seco y harinas, consumo energético, funcionamiento operativo, logística y dotación de personal, integrando variables que permiten comprender en profundidad la estructura del sector.
Ahora la promesa oficial, con estos datos confirmados y disponibles, será un nuevo impulso para ponerse a controlar y sancionar a los molinos que tratan de maquillar su capacidad ociosa con mayor cantidad de trigo molido para alimentar los circuitos informales que tiene el negocio.
“Este avance es parte de un proceso más amplio de fortalecimiento de la calidad de la información agroindustrial. La integración de estos datos con herramientas ya existentes, como el Controlador Electrónico de Molienda de Trigo (CEMT) y las declaraciones juradas sectoriales, permitirá mejorar la consistencia analítica y la toma de decisiones”, prometieron las autoridades.





