La industria láctea selló su nueva paritaria, aunque con ciertas ventajas para el gremio y no para los trabajadores. Fue el pasado miércoles que el Centro de la Industria Lechera (CIL) y la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel) definieron los ajustes salariales que determinan los nuevos básicos, luego de un año en el que se respetó el ritmo de la inflación.
Con amplia representación de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), encabezada por su secretario general Héctor Ponce y su abogado, Alberto Coronel, es que se llegó a la rubrica de la nueva escala salarial. La contraparte empresaria eran Ercole Felipa, del CIL, y Pablo Villano, de Apymel, sobre el cual el acta cita llamativamente que firmó “en disidencia y en minoría no suscribe este acuerdo arribado”.

Es un viejo reclamo de las Pymes tener una paritaria separada de las grandes empresas, pero ese reclamo no prospera. Aunque en este caso, el dato es errado, ya que las pymes adhieren al acuerdo, pero no al bono que el gremio se aseguró para si mismo, tal como viene sucediendo desde hace más de dos años. Ese sector lo rechazó por considerarlo improcedente y contrario a los intereses de los trabajadores, además de generar costos que las empresas de menor tamaño no pueden enfrentar.
Además siendo dos entidades las firmantes tradicionales de la paritaria, no hay minoría posible.
El acta establece los valores de los básicos tomando como referencia un incremento del 31,5% registrado por el IPC que se cumplió durante 2025, con un ajuste que se convierte en la base de cálculo para los aumentos de todo este año en curso.
Si bien la grilla salarial se inicia para los haberes de enero en un básico conformado de 1.756.197,45 pesos para la categoría A y siendo la categoría F de 2.525.658,86 pesos la más alta, es la categoría B la de verdadera referencia para la actividad. A esto se agrega un valor de referencia para el litro de leche, que es tradicional en el acuerdo, que se fijó en 1.850 pesos, lo que se puede asimilar al número que el litro de leche se consigue en el mercado, aunque hoy existe una dispersión de base que arranca en los 1.290 pesos, porque el sector busca liquidar stock en tiempos de un consumo muy segmentado.
Es muy llamativo que este año, de la forma más insolente y sin ánimos de ocultarlo, el gremio se gestionó una contribución extraordinaria de 40.000 pesos por trabajador, pero se abona a Atilra, bajo la justificación de la caída de ingresos por efecto de las variables macroeconómicas que afectó los fondos destinados a salud, educación, cultura y esparcimiento. Este cuento que se remonta al inicio de la pandemia se sostiene, pero desde hace algo más de dos años sólo lo pagan las 18 grandes empresas, nucleadas en el CIL. Es esto a lo que se niegan las pymes y a partir de esta diferencia es que no se homologa en el Ministerio de Capital Humano esta paritaria, que se cumple, pero que no logra consenso.
No es menor el dato de existir un pedido explícito de reunión paritaria en el ámbito de la Secretaría de Trabajo, desde hace mucho tiempo, lo cual no es respondido por el Gobierno y es así que los acuerdos llegan después de muchos encuentros y negociaciones en espacios privados.

Con trabajadores que tienen un Convenio Colectivo de Trabajo que los lleva a cumplir horarios rotativos, turnos durante los fines de semana, tareas en cámaras frigoríficas, junto a calderas, los salarios son merecidos, aunque no dejan de levantar los costos del sector en el país, sobre todo por las exigencias de cantidad de trabajadores por litro que el sindicato sostiene, llevando a esa relación a una de las más altas de los principales países lecheros.
En estas horas que se debate la reforma laboral, si bien Atilra hará una manifestación este martes en la ciudad de Santa Fe, donde se mezclará este tema, con las situaciones de SanCor y Lácteos Verónica, sabe el sindicato que no pierde la capacidad de seguir teniendo aportes extraordinarios como el bono al que accedieron ahora de 40 mil pesos, sino que también siguen sosteniendo el aporte solidario de 1.500 por empleado de grandes empresas al mes y de 750 pesos en las pymes, además de una afiliación sindical que seguirá teniendo atados incluso a quienes no se sienten representados.




