La crisis de Lácteos Verónica tuvo este viernes un episodio diferente, cuando se concentraron frente a la planta de la localidad de Lehmann, trabajadores, familias, productores tamberos, e incluso algunos prestadores de servicios, todos afectados por la falta de pago que viene sosteniendo la empresa desde hace meses.
Visibilizar la paralización total de la producción y la ausencia absoluta de información sobre el futuro, por parte de la familia dueña, los Espiñeir, es que se reclamó por las 700 fuentes de trabajo en total que están en riesgo y que complican cada vez más su situación. Los trabajadores denuncian que desde hace semanas no ingresa leche a la usina, que era la única de tres que estuvo activa hasta el mes de enero, mientras que los pagos parciales y semanales de salarios se interrumpieron y la empresa dejó de garantizar incluso servicios básicos como el agua.

Una iniciativa de los trabajadores, a la que se agregó la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), con la presencia del secretario general de Rafaela, Domingo Posetto; y otros delegados, es que se hizo un pequeño acto simbólico del que formaron parte dos jubilados de la firma, con más de tres décadas en el trabajo y que ya no tienen el temor de perder sus puestos de trabajo, pero sí sienten la obligación de rescatar la fuente laboral.
“Sabemos lo que fue la empresa Verónica”, dijo Daniel, recordando cuando en 1985 la familia Espiñeira eligió esta ubicación para su planta, que tiene una capacidad de proceso de un millón de litros diarios, pero que en el último tiempo utilizaba un 60% de esa capacidad.
Con todas las certificaciones para exportación, con todo el personal capacitado para levantar la empresa, quienes quedaron a la deriva fueron concretos: Le pidieron a los dueños que “vengan, los vamos a apoyar para levantar esto, nos abandonaron por completo. Estamos solos, abandonados, tenemos a las familias por mantener, queremos laburar, queremos cobrar el sueldo digno que nos ganamos”, dijo con el llanto atragantado Ángel, otro jubilado.
José, empleado con 21 años de antigüedad, resumió el sentimiento de abandono. “Este año ha sido complicado, sabiendo que podíamos tener problemas en lo que es trabajo, en lo que es salario. Tristemente fue así, nosotros vivíamos una realidad que nadie quería ver”.
“Dejó de llegar leche, fue de golpe, abrupto. Empezó a bajar una semana antes, como ya anunciando lo que se venía, y los sueldos se fueron achicando en enero. Tuvimos tres pagos que habrán sumado 170 mil pesos, más o menos, y ayer nos depositaron 20 mil”.
La falta de respuestas de los dueños de la firma alimenta el temor de un desenlace irreversible. “Si no hay decisiones, esto va a una quiebra. Es un proceso largo donde la gente común no va a sobrevivir. Nos obligan a irnos, a romper el contrato que tenemos y a perder la antigüedad y todo lo que podemos reclamar”.

Las ofertas de compra recibidas por las diferentes plantas fueron rechazadas, sean o no del sector, pareciendo este un barco que se hunde lentamente, pero sin cesar.
El abandono llegó incluso a lo más básico y sin agua potable o servicio para el consumo en horario de trabajo, tampoco tienen insumos mínimos como papel higiénico. La falta de reacción para sobrevivir presagia momentos aún más incómodos para la gente.
“Recién estamos empezando. Esta es la primera vez que nos manifestamos así. No sabemos bien porque no es un camino que imaginamos que íbamos a transitar. Pero es la realidad del país. A muchas empresas les está pasando lo mismo. Hay que hacerse visible como para ver si alguien puede dar una mano”.
En la protesta, los trabajadores anunciaron que cada día, entre las 8:45 y las 9:30, se pararán en el frente de la planta, para sostener un reclamo justo, para intentar romper un silencio agobiante.
En tanto, las familias de los trabajadores también se hicieron presentes en la protesta, aportando testimonios que reflejan el impacto directo en los hogares.
“Mi marido, 35 años en la empresa. Esta situación empezó hace ocho años atrás, de empezar a cobrar los sueldos cortados, complicados. Pero este último año fue el peor de todos. Abandonados completamente nos sentimos”, relató una de ellas.
“Hace un año atrás, en marzo, se empezaron a atrasar los pagos. En mayo empezó la peor parte, que se cortó prácticamente el cobro de sueldo, sólo porque nos pagaron ayer 20 mil pesos”.
Es complicado el día a día, porque en muchas casas el sueldo de la láctea era el único ingreso y ahora sólo las changas permiten la superación de lo cotidiano.

“Las familias en las que somos dos los que trabajamos medianamente podemos sobrevivir. Las cuotas alimentarias no se pagan, se deben de tres o cuatro meses. A los empleados se le hace el descuento, pero a la mamá no le llega. Hay muchos casos con hijos en edad escolar, universitaria, que han tenido que dejar la carrera por esta situación”, explicaron las mujeres con carteles en las manos y con la angustia de la falta de respuestas.
“Lo que queremos es la fuente de trabajo. Son 700 familias las que dependen de esta empresa, históricamente una de las más grandes del país. Los muchachos tienen todo a punto, listo, tienen que darle el botón y prender todo si reciben la leche. Sea con la firma que está o con otra, ellos están dispuestos a trabajar”.




