Un extraño episodio comercial se está registrando en Brasil y tiene a la soja como protagonista en un contexto general enrarecido por cuestiones de orden geopolítico.
La semana pasada la filial brasileña de Cargill anunció que suspendía las exportaciones de soja con destino a China, el principal mercado consumidor del producto, a modo de protesta contra un proceso de intensificación de controles fitosanitarios.
El propio presidente de Cargill Brasil, Paulo Sousa, declaró ante la agencia Reuters que suspendió temporalmente los envíos a China tras los cambios en la inspección fitosanitaria adoptados por el Ministerio de Agricultura y Ganadería con el propósito de evitar observaciones o eventuales rechazos de embarques en destino.
La noticia causó desconcierto en el mercado internacional porque Brasil está en plena recolección de una cosecha histórica de soja, de la cual más de un 70% tiene como destino China.
Este jueves el ministro de Agricultura y Ganadería de Brasil, Carlos Fávaro, concedió una entrevista a CNN Brasil para indicar que la decisión de Cargill no tiene lógica alguna.
“La postura de la empresa (por Cargill) no fue legítima. Lo que hay que hacer es ajustar el proceso de limpieza de la soja brasileña”, declaró Fávaro, quien aprovechó para lanzarle un “dardo” a Cargill en lo relativo a fallas presentes en la empresa que no ocurren en otras corporaciones competidoras.
El año pasado las autoridades sanitarias chinas notificaron a sus pares brasileños inconformidades fitosanitarias en embarques de soja exportada por unidades de cinco empresas brasileñas, una de las cuales era Cargill. Entre los problemas señalados se encontraba la presencia de plagas cuarentenarias no habilitadas en el protocolo sanitario firmado entre ambas naciones.
El ministro dijo que “no pondrá en riesgo el sistema sanitario brasileño” por la postura de una sola empresa, a la que calificó de “irresponsable” al considerar que la soja es el segundo mayor producto en importancia en la balanza comercial de Brasil.
No faltaron aquellos que especularon que Cargill –una corporación estadounidense– instrumentó la jugada con el propósito de dañar la imagen de la soja brasileña en plena “temporada alta comercial” de la oleaginosa. Siguiendo esa hipótesis, el hecho de que haya elegido a una agencia internacional de noticias para comunicar el evento no habría sido casual.
“No me gustó la postura de Cargill cuando empezaron a decir que el Ministerio de Agricultura había cambiado los procedimientos; eso es mentira”, afirmó Fávaro, para luego añadir que Cargill “sabe muy bien que desde hace tiempo el gobierno chino se queja de que algunos envíos de soja brasileña llegan sin cumplir con el protocolo”.
“Existe un protocolo sanitario que restringe las semillas de malezas que no existen en el país comprador. Brasil se ha convertido en un referente mundial en el comercio agrícola gracias a la excelencia de su sistema sanitario”, remarcó el funcionario.
El ministro además explicó que recientemente se identificaron 19 barcos cargados con soja que contenían semillas de malezas no habilitadas en protocolo sanitario establecido con China.
El problema es complejo porque, más allá de las legítimas exigencias de las autoridades chinas, la nación asiática suele emplear la excusa de envíos con problemas sanitarios para promover disrupciones comerciales con fines económicos, políticos y geopolíticos.
En ese marco, el Ministerio de Agricultura y Ganadería de Brasil ordenó el refuerzo de las inspecciones en embarques de soja con el propósito de reducir a la mínima expresión la posibilidad de brindar a China algún margen para aplicar sanciones.






