Gran parte de la discusión en torno al estancamiento en términos de rendimiento tiene que ver con la medición de los suelos y la deficiente fertilización. De acuerdo a los datos de la asociación civil Fertilizar, Argentina es uno de los países con menor tasa de reposición de los nutrientes en general, y del fósforo (P) en particular: de hecho, se estima que el país pierde 6 kilos de fósforo por año por hectárea producida.
Más allá de la discusión agronómica, un equipo de especialistas del Conicet y la UBA decidieron encarar esa problemática desde su arista técnica, desarrollando un equipo a base de teléfonos celulares que permita medir fosfato de forma más sencilla y económica que otros métodos convencionales.
El prototipo, que actualmente está siendo evaluado para su comercialización y patente, se sabe además útil para medir concentraciones de ese compuesto en agua y muestras humanas, lo que puede facilitar el diagnóstico de algunas enfermedades. Se espera que, a futuro, sea utilizado en empresas agrícolas, laboratorios y otras entidades vinculadas a la salud.

Se sabe que el fosfato es un compuesto químico esencial que forma parte de muchas estructuras vitales en la naturaleza. En los suelos, su presencia es sinónimo de rendimiento y eficiencia, porque es el nutriente involucrado en la transferencia de energía, el desarrollo radicular y la formación de granos. Gran parte del potencial de los cultivos extensivos se debe a ese compuesto, que justamente hace décadas no se repone como debería.
En parte motivado por eso, y por el potencial que implica para la salud humana conocer a ciencia cierta la concentración de fosfato -sobre todo en enfermedades “raras”-, es que los especialistas decidieron crear un artefacto propio que haga las mediciones.
“Hay diferentes métodos convencionales en la actualidad que miden fosfato, pero presentan baja capacidad de detección y en algunos casos, equipamientos costosos que requieren personal altamente capacitado limitando su uso en laboratorios especializados, entre otras desventajas. Nuestro método, que incluye el desarrollo de un nuevo reactivo y el uso de teléfonos celulares, resuelve estas limitaciones”, señaló al respecto Luis González Flecha, líder del desarrollo e investigador del Conicet.
Aún resta que el desarrollo sea patentado e insertado en el mercado -de la mano de pymes argentinas-, pero González Flecha señala que muestra un “desempeño robusto y confiable”, y asegura que la industria de fertilizantes, empresas agropecuarias, cooperativas, laboratorios de control y organismos de extensión rural podrán hacerse de él cuando esté listo.
En cuanto al método en sí mismo, lo que hace es determinar las concentraciones de fosfato mediante un reactivo mucho más estable que el utilizado en métodos tradicionales y una escala de colores. Para ello, es clave el uso de la tecnología de los teléfonos celulares, ya que los sensores de las cámaras convierten la luz que proviene de la muestra en señales digitales y permiten cuantificar el compuesto con mucha mayor exactitud.
“La optimización de la composición del reactivo nos permitió obtener una formulación que combina la elevada estabilidad con una alta sensibilidad (unas 30 veces mayor que la del tradicional método de Fiske–Subbarow)”, expresó el investigador al frente del proyecto.

Así como su presencia en el suelo es un buen síntoma, que haya fosfato en cuerpos de agua no lo es, y de hecho la contaminación generalmente se atribuye al exceso de fertilización en suelos cercanos o descarga de efluentes domiciliarios o industriales.
En ese sentido, el desarrollo de los científicos argentinos puede ser útil para medir el fosfato en esos casos, y abre también todo un abanico de herramientas para favorecer los esquemas de monitoreo más frecuentes y descentralizados, con teléfonos celulares in situ, y sin necesidad de contar con grandes artefactos.
“Esto es clave no solo para laboratorios especializados, sino también para organismos de control ambiental, municipios, empresas de saneamiento e incluso iniciativas de ciencia ciudadana”, observó Álvaro Recoulat Angelini, primer autor del estudio.
Actualmente, desde el Conicet y la UBA están trabajando para formalizar los convenios de transferencia y comercialización junto a pymes argentinas y avanzar hacia el patentamiento del producto. Sin embargo, más allá de su desarrollo, los especialistas confían en que el uso de la tecnología de los “smartphones” es un mundo muy amplio y aún sub-explotado en la investigación científica.
“La detección y cuantificación de compuestos químicos mediante teléfonos celulares es un campo en pleno crecimiento. Creemos además que el rápido avance en la tecnología de las cámaras de los dispositivos móviles y los bajos costos asociados, anticipan una verdadera transformación de la instrumentación óptica de uso analítico en un futuro cercano”, concluyó González Flecha.




