La temporada arandanera finalizó en Argentina con un saldo exportado en fresco de 4.800 toneladas. A priori, ese resultado representa una baja de entre 8% y 12% respecto al ciclo anterior. Sin embargo, el sector continuó consolidando un perfil diferenciado basado en producción orgánica -con cerca del 80% de los establecimientos certificados-, y el mercado interno alcanzó a absorber unas 3.100 toneladas de fruta, lo que tranquilizó a los productores.
“Es un producto que se comercializa bien, especialmente cuando se destina al congelado, y que permite sostener la rentabilidad para quienes tienen capacidad de almacenamiento”, señaló Jorge Pazos, presidente del Comité Argentino de Arándanos, al sitio Portalfrutícola.
En términos climáticos, la ausencia de frío intenso durante el invierno derivó en una maduración precoz del fruto, que permitió iniciar la exportación en agosto y concentrar la oferta en un periodo más acotado de tiempo.
Esto llevó a que las ventas al exterior culminaran en diciembre, aunque también se dio el ingreso al mercado de variedades tardías que extendieron la disponibilidad local. Esto, combinado con una apreciación del peso y un mejor retorno de dólares, permitió que el mercado domestico volviera a cobrar relevancia para los productores.
Entre los principales destinos de la producción, Europa volvió a ubicarse en el primer puesto concentrando cerca del 35% de los envíos. Detrás quedó Estados Unidos, con 22%, seguido por Reino Unido, Canadá, Asia y estados menores como Israel, Emiratos Árabes Unidos y Cuba.
Entre los destinos regionales, Brasil se destacó gracias a un crecimiento en su consumo interno, especialmente en San Pablo y en las regiones de mayor poder adquisitivo.
Si bien no se dieron nuevas aperturas de mercado durante la campaña, sí se destacó el trabajo para llegar a Indonesia, lo que refuerza la idea de que la categoría ocupa un nicho en el comercio internacional.
“Argentina no compite por volumen. Competimos por calidad, por certificaciones, por prácticas sustentables y por una historia social detrás del producto”, indicó Pazos.
Otro punto clave fue el packaging. La exportación a granel a Europa cobró gran relevancia en la industria, algo que responde a razones tanto logísticas como regulatorias, teniendo en cuenta que Europea busca reducir el uso de plásticos.
En este esquema, buena parte de la fruta argentina se envía a los Países Bajos, donde es reprocesada y reenvasada según las normativas y formatos específicos de cada mercado europeo.
“Esto implica perder trazabilidad directa en el punto de venta, pero es una solución práctica para adaptarse a la diversidad de exigencias del bloque”, explicó Pazos.
La mayoría de los envíos se realizó por vía aérea, lo que facilita el mantenimiento de la calidad y la frescura. El transporte marítimo tuvo una participación menor, concentrada principalmente en Europa y algunos puertos de Estados Unidos.
Hacia el 2026, el Comité Argentino de Arándanos afirmó estar buscando consolidar su posicionamiento bajo la marca Frutas de Argentina. Además, el sector busca profundizar su participación en ferias y misiones comerciales.
“Sabemos que somos una industria pequeña, pero sostenemos nuestra presencia en los mercados que valoran el sabor, la calidad y la historia detrás de la fruta”, concluyó Pazos.




