La exportación récord de semilla de girasol es una de las noticias principales del negocio agroindustrial argentino en la presente campaña. Pero esa realidad tiene un “lado B”.
Ya se registraron para la campaña comercial 2025/26 embarques de semilla de girasol (DJVE) por 828.098 toneladas, mientras que en el caso del aceite de girasol el volumen declarado hasta el momento suma 426.883 toneladas.
El FOB oficial publicado por la Secretaría de Agricultura de aceite de girasol en bruto se encuentra en 1292 u$s/tonelada y acumula un alza de casi el 7% en lo que va del presente año, mientras que el FOB de la semilla se ubica en 457 u$s/tonelada con una suba en ese período del 1,5%.
La cuestión es que, mientras que el FAS teórico de la industria aceitera es de 575.225 $/tonelada –tomando la referencia de ayer lunes publicada por la Bolsa de Comercio de Rosario–, el de la semilla se encuentra en 463.950 $/tonelada.
El valor ofrecido en el mercado, considerando la “pizarra” Rosario, es de 540.930 $/tonelada, lo que implica que se encuentra mucho más cerca de la capacidad teórica de pago de la industria que de la exportación.
Si bien gran parte del negocio –en ambos casos– depende del valor al cual se originó la mercadería, la realidad es que con la “foto” instantánea del momento es mucho más conveniente exportar aceite que semilla.
¿Entonces porque sucede eso? En el caso de Turquía –uno de los principales destinos de los embarques de semilla– porque esa nación protege su mercado y bloquea de facto el ingreso de aceite de girasol importado.
En cuanto a la Unión Europea, el otro gran comprador de semilla, hasta la campaña pasada se abastecía del producto en Ucrania, pero desde octubre de 2025 el país en guerra con Rusia aplicó un derecho de exportación del 10% a la semilla de girasol para promover el valor agregado en origen a través de los embarques de aceite.
En ese marco, las organizaciones agrarias ASAJA y Copa-Cogeca han denunciado a Ucrania ante la Comisión Europea al considerar que implementó una práctica que genera competencia desleal directa contra los productores europeos, ya que la retención del 10% mejora la competitividad de la industria aceitera ucraniana.
“El objetivo (del derecho del exportación del 10%) es retener la materia prima dentro de sus fronteras para que su propia industria nacional la compre a precios artificialmente baratos, muy por debajo del valor de mercado. Una vez procesado, Ucrania exporta ese aceite a la Unión Europea a precios extremadamente bajos con los que los productores españoles y europeos no pueden competir”, señala un comunicado de la ASAJA, la mayor organización gremial agraria de España.
“Esta estrategia ha provocado que las importaciones de aceite ucraniano en la UE-27 se disparen de dos a más de tres millones de toneladas, representando ya el 41% de todo el aceite que entra en la Unión”, añade.
Por lo tanto, si bien para la Argentina la colocación de semilla de girasol en la Unión Europea no representa en sí mismo el mejor negocio, sí constituye un avance como estrategia comercial para posicionar el producto en un mercado antes colonizado por Ucrania.








