“Me interesa hacer un manejo integral de ganadería en el bosque. Me di cuenta del valor que representa tener árboles. Pero lo más importante es que quiero trasladar este legado a mis hijos y futuros nietos”, dice Mariano Fiori, un productor agropecuario de Santa Fe que comenzó a “ver llover” semillas en algunos lotes de su campo.
En rigor, lo que el ganadero ve caer son unas pequeñas cápsulas biodegradables con una semilla dentro, que con un poco de suerte se convertirán plantines de árboles nativos. Lejos de ser algo azaroso, detrás hay una iniciativa robusta de reforestación gestada por The Nature Conservancy (TNC) en Argentina, y la startup ReForest Latam.

El objetivo es intervenir en zonas degradadas que actualmente se destinan a la producción agropecuaria, en las localidades de Tostado (Santa Fe) y Bandera (Santiago del Estero), en pleno Gran Chaco, e incrementar la cobertura boscosa. Y si bien ya se han intervenido más de 300 hectáreas mediante la tradicional colocación de plantines, TNC explora ahora una nueva alternativa de la mano de tecnología de siembra aérea con drones.
“El Gran Chaco es un territorio vital, diverso y profundamente productivo. Al mismo tiempo, uno de los más deforestados y degradados del planeta. Las acciones en restauración son clave. Buscamos explorar estrategias complementarias, basadas en tecnología e innovación, que permitan escalar estas intervenciones. La regeneración asistida por drones podría ser una pieza clave para ello”, explicó Maia Plaza Behr, especialista en conservación y manejo de bosques de TNC Argentina.
La iniciativa global apunta a alcanzar unos 100 mil árboles plantados. Con la siembra aérea, en particular, se trabajará sobre una superficie de 13 hectáreas en donde se buscan plantar unos 8.000 árboles.
Las especies protagonistas son el algarrobo blanco, el palo borracho amarillo, guayacán y quebracho colorado santiagueño. Se trata de especies naturalmente adaptadas a las condiciones climáticas del Gran Chaco, que son esenciales para restaurar las interacciones ecológicas, al favorecer el movimiento de fauna e insectos.
“Nuestro enfoque combina biotecnología aplicada a semillas, drones de precisión y análisis ecosistémico, con el objetivo de hacer que la restauración sea eficiente, adaptativa y escalable”, destacó Ignacio Gasparri, director de ciencia de ReForest, encargada de aportar a los drones.
Contrario a una siembra al voleo, en este caso los vuelos se realizan en zonas previamente delimitadas por sus condiciones logísticas, productivas, ecológicas y su estado forestal. Para esto se utilizaron sistemas de información geográfica, una plataforma de análisis ecosistémico e inteligencia artificial.
A esto se suma el uso de las cápsulas biodegradables iSeeds, que incluyen bioestimulantes para potenciar la germinación y establecimiento de las plántulas.
“La formulación de estas cápsulas se diseña según la genética local, lo que asegura que cada vuelo responda a las necesidades del territorio”, dieron cuenta desde TNC.
Cada vuelo supone la dispersión de una cantidad de semillas mucho mayor a las plantas buscadas, asumiendo que no todas se convertirán en plantines viables.
Y para continuar con los monitoreos, se instalaron parcelas testigo donde las cápsulas se controlan cada 45 días.
“Tras unos 120 días desde los vuelos, se estima que las semillas deberían haber germinado y las plántulas estar establecidas. Luego, se visita el sitio para evaluar la presencia de nuevas plantas, comparando las áreas intervenidas y las no intervenidas”, indicaron desde TNC.
Fotos: The Nature Conservancy





