Desde la introducción de la Influenza Aviar Altamente Patógena (IAAP) en el país allá por 2023, el sector avícola ha visto a su equilibrio comercial trastocarse en distintas oportunidades. Es por eso que, frente a una enfermedad cuya capacidad de dispersión no conoce de límites geográficos, al punto tal de que ya está presente en muchas partes del mundo, algunos referentes del sector consideran que es tiempo de reconfigurar el panorama y avanzar en una seria y sostenida campaña de concientización.
“Es una enfermedad para preocuparse desde el punto de vista del productor, porque te mata a todas las aves. A nivel comercial, somos rehenes de las aprobaciones por parte de los países en los que estamos normalmente aprobados, que se toman su tiempo para ver cómo se hicieron las cosas acá. Algunos creen en lo que hace Senasa y otros se toman algunos meses, o incluso años. Algo deben querer negociar”, dijo a Bichos de Campo Raúl Marsó, titular de la firma Las Camelias, una de las más importantes del sector.
Mirá la nota completa:
“Con China pasaron dos años (de cierre de mercados), con Chile ocho a diez meses, con Europa cuatro meses. El problema acá es que vamos a convivir con esto. Por eso hay una propuesta desde Brasil de tomar a la enfermedad como tal y bajar un tratamiento general, y no que cada uno haga lo que quiera, porque es algo que nos sobrepasa a todos”, sostuvo a continuación el empresario.
Pero lejos de soñar con una vacuna, que debería actualizarse a la misma velocidad en que muta el virus, y que podría llevar al negocio de la acrne de pollo a ingresar en un circuito similar al aftósico, en el sector apuntan a la implementación de protocolos rigurosos de bioseguridad, tanto en establecimientos grandes como en aquellos familiares. Esto es, ponerle techo a los gallineros para evitar que las aves domésticas entren en contacto con las silvestres, que son las que trasladan el virus por miles de kilómetros.
“El pis o la caca de un pajarito es por donde ingresa la enfermedad a la granja. O la persona que trabaja, que puede pisarlo e ingresa al establecimiento. Esas son las dos formas. Entonces la bioseguridad se hace importante y la gente tiene que tomar conciencia de esto”, indicó Marsó, que aseguró que el trabajo preventivo debe ser pensado en todas las escalas.
“Nosotros no queremos prohibir los gallineros con aves de traspatio. Lo que si queremos es que se le ponga un techo, un tejido, porque son propensas a tomar la enfermedad desde la naturaleza. De hecho hoy hay muchas herramientas como los gallineros portátiles, capaces de ser trasladados como una carretilla”, ejemplificó.
Para que esto funcione, el empresario consideró que se necesita una difusión constante de la problemática, algo que Argentina no tiene a diferencia de los demás países de la región.
“Uruguay, por ejemplo, que tuvo un problema con un cisne, pasa cada media hora información de la influenza en algún noticiero”, comparó.
En cambio, se lamentó, “acá hay muy poco de eso. Parecería que la influencia aviar no es importante. Y esto te genera mucha inestabilidad”.
Para la industria avícola es un gran dolor de cabeza esta inestabilidad en las reglas sanitarias de los países, que traban nuevamente la exportación ante cada caso de IAAP H5 que aparece y tarden meses en reabrir sus mercados. En las últimas semanas, la Argentina ha vuelto a perder casi 50% de sus destinos por culpa de un rebrote sucedido en granjas comerciales de la provincia de Buenos Aires.
Por eso los embarques de carne de pollo han caído considerablemente en los últimos tres años, interrumpiendo el plan de crecimiento de la producción que tenían las empresa avícolas, y que implicaba llegar a consolidar los negocios de exportación de los excedentes productivos. “Si vamos a exportar entre un 20% y un 30% de nuestra producción, (con un caso del Influenza Aviar) en un día podés tener que pasar todo eso a tu mercado interno. Eso genera, por supuesto, turbulencias”, lamentó el empresario.





