Un inesperado enfrentamiento entre el presidente de EE.UU. Donald Trump y la máxima autoridad monetaria de esa nación reforzó el direccionamiento de flujos financieros hacia contratos futuros de oro y plata.
La creciente incertidumbre política en EE.UU., junto con el surgimiento de múltiples conflictos de orden geopolítico, generan dudas sobre la sostenibilidad del “patrón dólar”, lo que explica el marcado interés por los metales preciosos.
Crecen las señales de un “reseteo monetario” ¿Por qué estamos en el mejor lugar del mundo?
Anoche el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, informó que recibió una citación del Departamento de Justicia relacionada con una investigación sobre gastos realizados para renovar las oficinas de esa institución.
Powell indicó que la citación es parte de una estrategia de presión de Trump para que la Reserva Federal reduzca las tasas de interés de referencia con el propósito de incentivar la actividad económica, algo que el funcionario no planea hacer hasta que haya señales más sólidas de una desaceleración inflacionaria.
“La amenaza de cargos penales es una consecuencia de que la Reserva Federal fije las tasas de interés basándose en nuestra mejor evaluación de lo que servirá al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente (Trump)”, dijo Powell en un comunicado escrito que fue acompañado por un video grabado por el mismo.
Más allá de lo que está sucediendo con los metales preciosos, el mercado de materias primas está reflejando que el capital financiero no está redireccionándose de manera general hacia el mismo, sino que es selectivo en función de las condiciones intrínsecas de cada mercado.
Un buen ejemplo de ese comportamiento es la dinámica del aceite de soja, que viene subiendo en el CME Group (“Chicago”) en línea con los incentivos instrumentados por EE.UU. para aumentar el consumo interno de biodiésel, mientras que la harina de soja sigue mostrando señales de debilidad precisamente por ese mismo motivo, dado que la necesidad de generar aceite de soja para abastecer a la industria de biocombustibles promueve la aparición de un excedente de ese recurso forrajero proteico.
El “mensaje” no podría ser más claro: más allá de las turbulencias cambiarias –cuyo desenlace no es claro cómo terminará–, los capitales financieros no están derivando fondos en “paquete” hacia contratos futuros de commodities, sino que siguen apostando sólo por aquellos que estiman que tienen el mayor potencial alcista, mientras que “castigan” al resto.






