Junto a las cotorras, los loros, cardenales y otras especies voladoras, las palomas son uno de los principales enemigos que, desde el aire, atentan contra las producciones de soja, maíz y girasol, entre otras. Sus ataques aislados e impredecibles generan en muchos casos pérdidas de hasta el 50% de los cultivos en ciertos lotes y obligan a tomar recaudos en las diferentes etapas de la campaña.
Las últimas semanas, el tema cobró relevancia en el norte santafesino y en Chaco, donde el avance de la campaña de girasol -que inicia ya sus primeras etapas de recolección- se encuentra con daños provocados por estos ataques y vuelve a plantearse seriamente la búsqueda de métodos efectivos de control.
El reclamo llegó a los oídos de la Comisión de Protección Vegetal Santafesina (Coprovesa) que, antes de avalar la declaración de plaga, recopiló y difundió una serie de recomendaciones para los productores. Lejos del control letal directo, al que consideran poco eficaz a largo plazo, se torna clave avanzar en pautas de manejo integrales, con decisiones que deben tomarse en cada una de las etapas del cultivo.
🌻🕊️ En el ámbito de la COPROVESA (Comisión de Protección Vegetal Santafesina) junto a las entidades que la conforman, compartimos información clave sobre el manejo integrado de aves plaga en los cultivos.
📊 Este enfoque promueve la toma de decisiones basada en evidencia,… pic.twitter.com/M0kiPa5Y0I
— Ignacio Mántaras (@nachomantaras) January 15, 2026
A pesar de los déficits hídricos, las tareas de cosecha del girasol avanzan sin problema en gran parte del país. Pero, aunque todo indica que el clima no frustrará una campaña alentadora para el sector, lo cierto es que muchos productores se preocupan hoy por el otro enemigo que puede llegar desde el cielo.
En ese sentido, Coprovesa dio ciertas pautas de manejo para lo que resta de ciclo -es decir, las tareas de disuasión y decisiones de cosecha para las próximas semanas- pero además recomendaciones específicas para el siguiente.
En el primer caso, desde la entidad santafesina señalan que se puede incurrir en el ahuyentamiento directo utilizando métodos físicos -como cañones a gas, pirotecnia controlada o siluetas móviles-, que deben ser reubicados constantemente y alternados para evitar el acostumbramiento.
Además, recomiendan la presencia humana continua, mediante recorridas en horarios clave -sobre todo, a primera hora de la mañana y el atardecer- y el uso de métodos químicos (como el antranilato de metilo). En la medida de lo posible, señalan, es deseable coordinar esas acciones con vecinos, sobre todo si existen grandes bandadas en la zona.

“Todos estos métodos tienen limitaciones, por lo que hay que analizar cuidadosamente su uso en la situación específica de cada lote”, advierte Coprovesa, desde donde señalan que la medida “más decisiva” no es el ahuyentamiento sino la cosecha anticipada. Levantar antes el girasol del lote, naturalmente, reduce el tiempo de exposición del cultivo al daño.
Por eso, si la producción muestra graves signos de ataque, puede cosecharse antes de tiempo. Siempre y cuando esté alcanzada la madurez comercial (R9+), por supuesto.
Incluso, lo analizado por los especialistas Sonia Canavelli (INTA Paraná) Gonzalo Scarpin, Daniela Vitti (INTA Reconquista) y Luis Carrancio (INTA Oliveros) -de cuyo trabajo se vale Coprovesa- es que pueden utilizarse desecantes en madurez fisiológica (R9), para reducir la ventana de exposición entre 17 y 24 días.
“El momento de aplicación es determinante para maximizar el beneficio sin afectar la calidad ni el porcentaje de aceite. Y depende de las condiciones meteorológicas, el híbrido y las interacciones entre estos factores por lo que, nuevamente, no existen reglas generales”, aclaran las pautas difundidas.
A diferencia de la cotorra -que suele alimentarse del girasol en sus estadíos tempranos-, la paloma actúa en grandes colonias que pueden recorrer decenas de kilómetros y causar daño a los cultivos ya maduros de diferentes regiones.
A priori, el control local y directo no es del todo efectivo, por la alta capacidad reprodyctiva de estas aves y las distancias que pueden recorrer en busca de alimento. Sin perjuicio de ello, si a pocos días de iniciarse la cosecha se detecta alta presión en los lotes, puede avanzarse en la caza disuasiva de acuerdo a las normativas provinciales.
“Hay que considerar que esta práctica actúa como disuasor, y no como control poblacional. Debe ser coordinada y focalizada en las áreas de ingreso regular de las aves al lote”, agregan las pautas difundidas.

“Planificar con anticipación, reducir la atracción del ambiente y aplicar medidas de disuasión de manera estratégica permite minimizar pérdidas, optimizar recursos y avanzar hacia una producción más sustentable”, expresó en un posteo de X el Secretario de Agricultura y Ganadería santafesino, Ignacio Mántaras, al difundir las pautas de manejo.
En ese sentido, ya de cara a la próxima campaña, las recomendaciones incluyen también la reducción de la capacidad de carga del ambiente, lo que implica evitar grandes pérdidas al cosechar; rotar con cultivos menos atractivos; y no dejar cultivos atractivos en pie.
Todo lo anterior no quita que las decisiones sean incluso más extremas. “Si los lotes de cultivo se ubican en un área que combina cultivos susceptibles, sitios de dormidero o colonias y fuentes de agua, considere reemplazar el cultivo por uno menos susceptible al daño”, expresaron desde Coprovesa.
Sin embargo, otros especialistas han llegado a recomendar la elección de híbridos con capítulos decumbentes o inclinadores, que evitan el acceso directo de la ave al grano, escondiéndolo entre 20 y 25 centímetros por debajo de las hojas.
En todo caso, las pautas de manejo difundidas por el gobierno santafesino llaman a “integrar la evidencia de daños en la toma de decisiones, y planificar las acciones de manera estratégica, preventiva e integral, en función de las características propias del lote de cultivo y el ambiente que lo rodea”.





