“Por momentos, tanta tecnología abruma”. Eso decía a Bichos de Campo Valeria Piersanti, directora de la fábrica nacional de cabezales de cosecha que lleva su apellido, durante la última edición de Agritechnica. Sin embargo, detrás de eso la empresaria reconocía una oportunidad: “también es cierto que hay de todo y para todos”.
Hace varios años que esa firma cordobesa recorre distintas muestras de maquinaria en el exterior, de la mano de productos que ya se volvieron sus caballitos de batalla. Las distintas opciones de draper que integran su portfolio los volvieron conocidos no solo en Argentina sino también en el mundo, que ya los demanda aunque con ciertas adaptaciones.
“Como consecuencia del aprendiza que te da ir hacia otros mercados, el salir al mundo, te vas encontrando con diferentes desafíos dependiendo del mercado en donde estés. No es lo mismo el trigo en Chile, que en Kazajstán o en Argentina. Por eso hoy Piersnti tiene, dentro de su propuesta de valor, diferentes modelos aplicados a diferentes necesidades y nichos, desde productos para el arroz hasta para trigo y otros que llamamos especialidades”, señaló la empresaria a este medio.
“La tecnología abruma pero uno tiene que estar. Después vos verás si te ubicas dentro del nicho premium o intermedio. Lo importante es tener definido a dónde vos querés jugar, en qué liga, a qué mercado vas a apuntar y trabajar en eso. Porque está claro que no podés abarcar todo, y por eso hay que tratar de especializarse en cómo dar una propuesta de valor”, apuntó a continuación.
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Allí entra en juega otra cuestión que tiene que ver con la imagen que tienen los países del exterior de la tecnología argentina. ¿Es posible competir con los más grandes? ¿Qué cosas nos distinguen? Para Piersanti, nuestro diferencial está en nuestra capacidad de adaptación.
“Nos beneficia la escala de producción que tenemos en Argentina, porque nos ven como empresas con la flexibilidad para adaptarnos al requerimiento de cada mercado. La maquinaria no es un commodity que para todos funciona igual. Por eso siempre va a ser necesario una adecuación de los productos a cómo lo usan en determinados mercados. En Europa, por ejemplo, el gran reto es el cuidado del medioambiente”, señaló.
-¿Qué se puede llevar Argentina y su industria nacional como aprendizaje de experiencias como estas? ¿En qué tenemos que seguir trabajando?- le preguntamos.
-El principal desafío es la competitividad. Es una construcción colectiva. Las empresas puertas adentro estamos haciendo un montón de trabajos para ser competitivos. Ahora necesitamos la otra pata, que es la del estado y su reconversión, la quita de impuestos y demás. Si nosotros pudiéramos resolver algunos temas estructurales que tenemos en Argentina crónicos, siendo que estando como estamos hacemos lo que hacemos, imaginate a dónde podríamos llegar como industria.





