En Venado Tuerto, en lo que Stine Argentina llama “la cocina del rinde”, Manuel Rosasco, CEO de la compañía, abre las puertas de su programa de mejoramiento genético y, desde ahí, plantea una defensa cerrada del sistema Sembrá Evolución y de la necesidad de avanzar hacia UPOV 91.
En la recorrida, Rosasco usa una metáfora que repite varias veces: el “chasis”.
“El chasis es la genética. Es la genética a la cual uno labura desde un primer cruzamiento. Acá hacemos más de 170.000 polinizaciones en soja con una pincita, y más de 240.000 autopolinizaciones en maíz. Todo eso es el chasis: genética propia, desarrollada 100% en suelo argentino, en Venado Tuerto y en La Cruz, Tucumán”, explica.
Ese chasis no solo abastece al mercado local. “Esto se evalúa también en Brasil, Estados Unidos, Uruguay, Paraguay y Sudáfrica. Es un sistema 360. Es genética argentina que después compite en otros países”.
De las más de 170.000 líneas que entran al sistema cada año, solo una fracción mínima llega al productor. “Avanzan unas 30 o 36, según la demanda, para evaluarlas ya a escala comercial, en macroparcelas, con distintos planteos reales de productor”, detalla. Y remata con el criterio central: “De todos los factores que miramos, hay tres muy importantes: rinde, rinde y rinde”.
Para Rosasco, es “chasis” en el que está montada la tecnología de las semillas, es el sostén de lo que está en debate hoy, que es la propiedad intelectual. La inversión y el trabajo genético y tecnológico, debe tener un retorno económico según esta industria, ya que eso permite seguir evolucionando.
El desafío central está en la soja que, como planta autógama, un productor puede guardarse semillas de la cosecha para sembrar la próxima campaña.
Cuando la charla gira hacia la coyuntura del mercado semillero, Rosasco marca una diferencia clara entre maíz y soja.
“En maíz estamos en un muy buen momento. Es híbrido, no entra en UPOV 91 porque no es autógamo. Ahí hay una mesa de competencia de cinco o seis empresas. Este año tenemos como objetivo superar las 400.000 bolsas. Es un mercado que crece año a año en penetración”.
La soja, en cambio, es el gran foco del debate. “Ahí hablás de casi 20 millones de hectáreas, con un mercado que está en un 30% de penetración de semilla fiscalizada”. El resto, es uso propio de la semilla, lo que para la industria es el gran problema local.
Sembrá Evolución es un sistema privado impulsado por las principales empresas semilleras para capturar valor en cultivos autógamos, especialmente soja y trigo, donde el uso propio y la informalidad históricamente limitaron el recupero de la inversión en genética.
Para Rosasco, no es una opción ideológica, sino una respuesta a la realidad argentina. “Hoy estás en un 30% gracias a Sembrá Evolución, una plataforma creada por todos los semilleros. ¿Por qué? Porque uno trata de invertir lo justo y necesario que uno puede capitalizar. Gracias a ese 30% de productores que hoy valoran la inversión y la propiedad intelectual, es que el país puede seguir creciendo en potencial de rendimiento por hectárea”.
Y ahí aparece el eje central de su argumento: la presión fiscal. “Esto es como en cualquier industria de Argentina. Lo primero que te juega en contra es la presión impositiva. Las retenciones dispararon un problema frente a la toma de decisiones del productor. Frente a pocas herramientas, se buscaron atajos más fáciles”.
Para Rosasco, el sistema es una consecuencia directa de ese contexto. “Hoy Sembrá Evolución es 100% necesario. 100% necesario. Me encantaría entrar en un caso hipotético donde pueda haber patentes al organismo vegetal y todo individuo reconozca todo el laburo que se hizo. Pero hoy, con esta carga impositiva y con retenciones, Sembrá Evolución es la herramienta para poder seguir invirtiendo”.
La definición es contundente: “Poniendo en un caso hipotético que no tengamos la presión fiscal, seguramente Sembrá Evolución no tendría sentido de ser. Pero hoy es clave para sostener la inversión”.
En paralelo, Rosasco celebraría el ingreso de Argentina a UPOV 91, la versión más moderna del convenio internacional de protección de obtenciones vegetales. Hoy el país está bajo UPOV 78, que tiene un esquema más laxo en términos de protección de la propiedad intelectual.
“Argentina ya está en UPOV 78. No es dejar de tener algo, es actualizar. En el 91 se agregaron o modificaron distintas cosas para darle más protección a la propiedad intelectual y más protagonismo al obtentor”, explica.
Uno de los puntos clave es la llamada “excepción del fitomejorador”. “Con UPOV 78, vos podés comprar una variedad comercial, desvestirla por completo y usar esa genética para generar cruzamientos. En lugares donde se reconoce más fuerte la propiedad intelectual, eso ya no está permitido. Entrás en una malla de negociación con otras empresas o jugás con tu propia plataforma. Para mejorar tu plataforma, necesitás más inversión”.
Según Rosasco, UPOV 91 no elimina Sembrá Evolución. “Es complementario. No trae nada que no exista. Simplemente le da más protección a individuos vegetales. Le da más protagonismo al INASE y más acompañamiento a la inversión privada”.
Rosasco también cuestiona las comparaciones lineales con otros países del Mercosur.
“Brasil tiene 85% de legalidad en soja, pero en gran parte porque no se puede hacer uso propio. Climáticamente, es muy complicado guardar semilla. En el sur de Brasil, donde hay mercado ilegal, tienen los mismos problemas que nosotros”.
Sobre Paraguay, es aún más crítico: “Hay poca inversión en biotecnología y mucha penetración ilegal de variedades de Brasil y Argentina”.
Y sobre otros países: “Colombia tiene 150.000 o 160.000 hectáreas de soja, sin biotecnología con patente activa. ¿De qué buen funcionamiento estamos hablando? Uruguay es distinto: ahí hay una cultura distinta, se audita todo y el productor reconoce la propiedad intelectual”.
De fondo, Rosasco vuelve una y otra vez al mismo punto: la relación entre impuestos, retenciones e inversión. “Uno trata de invertir lo justo y necesario que puede capitalizar. Si descomprimís la carga impositiva y bajás retenciones, el escenario cambia. Yo estoy convencido de que las decisiones van para ese lado”, añade el experto.
En ese marco, defiende el rol del INASE. “La relación con el INASE es muy buena. Está 100% a disposición. UPOV 91 le daría más peso al sector privado y más herramientas para que crezca la semilla fiscalizada y el reconocimiento de la propiedad intelectual en cultivos autógamos, no solo soja”.
Consultado por la situación de la cadena, Rosasco describe un cambio de época. “Fueron años de mucho golpe. Se pasó de un juego más financiero a algo realmente agronómico. Hoy la diferencia la vas a hacer agronómicamente”.
Sin decirlo en términos políticos, Rosasco deja un mensaje claro: mientras el marco macroeconómico siga cargado de impuestos y retenciones, el sistema semillero argentino va a seguir necesitando herramientas privadas para sostener la inversión.
“Hoy Sembrá Evolución es necesario. No porque sea ideal, sino porque es la herramienta que permite que esto que mostramos hoy, toda esta cocina, toda esta gente, toda esta inversión en genética, pueda seguir existiendo en Argentina”, resume.
Y completa la idea central de la nota: “Con menos presión fiscal, con menos retenciones y con un marco más moderno de propiedad intelectual, el escenario sería otro. Pero mientras eso no pase, Sembrá Evolución es parte del andamiaje que sostiene a la industria semillera”.





