Mezcla de negligencia e impunidad, sigue intacto el curro de exportar “mezclas”

Por Matías Longoni.-

Hay una insólita mezcla de cosas que permite que el Estado Argentino deje de recaudar varios millones de dólares por retenciones al complejo sojero, en beneficio de un puñado de empresas. Es una combinación entre la impericia de algunos funcionarios con una pizca de impunidad y otra pizca de complicidad, porque de otro modo no se entiende. Las proporciones las pone usted, como quiera. Lo que está claro que el negocio de las mezclas está más vivo que nunca.

Expliquemos. Por lo menos hasta enero de 2018, la soja y sus derivados siguen pagando retenciones que son del 30% en el caso del poroto y del 27% en le caso de los pellets, los expeler y el aceite. En la formalidad, la única e insólita excepción es la del biodiésel, que tributa 0,13%. Todo este esquema le asegura al Gobierno una recaudación de al menos unos 5.000 millones de dólares anuales.

Con una dosis de avivada las cosas pueden cambiar. Hay otras forma de eludir el pago de una parte de esas retenciones:

Estas tres fórmulas son utilizadas por un puñado de empresas exportadoras. Es que las “mezclas” que surgen de estas fórmulas pueden ser exportadas, de modo legal y a las narices de la Aduana, bajo diversas posiciones arancelarias que tributarán menos retenciones que las que le corresponden. ¿Por qué? Básicamente porque el tributo se calcula ya no sobre el valor FOB Oficial, como en el resto de la cadena, sino en base al precio declarado por el exportador.

No solo no tributan todas las retenciones estas mezclas sino que además, debido a que supuestamente agregan valor, reciben reintegros a la exportación por parte de las autoridades nacionales. Flor de mezcla beneficiosa: no pagan todo pero cobran. Mañana contaremos quiénes son estas exportadoras y hacia dónde va la mercadería.

Esta situación viene de largo rato y se produce frente a la sospechosa pasividad de los funcionarios a cargo de controlar este tipo de fugas.

En 2016, este mismo periodista escribió (no sin dolores de cabeza posteriores) un artículo que describía esta forma de curro legal (pero curro al fin y al cabo). La maniobra venía desde 2006 pero se había profundizado desde 2013. Un grupo de empresas “exportaba una premezcla que contenía un porcentaje muy elevado (del 92% a 95%) de harina de soja y solo unos pocos granos de maíz partido. Esas cargas se hacían figurar bajo la posición arancelaria 2309.90.10 correspondiente a los alimentos balanceados completos”, aunque por definición sanitaria ningún alimento balanceado debería tener semejante proporción de soja en su composición.

Hubo una pasmosa impericia de las autoridades del nuevo gobierno de Cambiemos para conducir el tránsito hacia la eliminación de todas las retenciones a la exportación, salvo las del complejo sojero. En rigor, el primer decreto 133/2015 primero eximió a todas estas posiciones de pagar retenciones, con un gran costo para el Fisco que duró unos meses.

Dos normas posteriores, el Decreto 361/16 y el Decreto 640/16, intentaron poner un freno a este tipo de maniobras; de algún modo parecía que el Estado asumía que existía un perjuicio. Pero las fisuras legales continúan todavía hoy y permiten que el festival de exportación de mezclas continúe gozando de buena salud.

El Ministerio de Agroindustria tiene noticias de esta maniobra pero los funcionarios responsables le atribuyen la responsabilidad de corregirla a la Aduana. En ese organismo también saben de la maniobra, pero dicen que es responsabilidad del Ministerio de Agroindustria cerrar la ventana legal por donde sales esas exportaciones.

Mezcla de ‘te hecho la culpa y acá no ha pasado nada’…