Para algunos, el periodismo agropecuario es la orientación, dentro de la profesión, más diversificada del mundo. La podés elegir si te gustan los fierros y las máquinas, si te gustan los cultivos o los animales. Pero también te puede gustar la economía y la política o (como hago aquí) contar historias de vida. En todas, hay mucho por hacer. Marcos López Arriazu, hoy conductor de La Red Rural y los micros agropecuarios de esa emisora, es un hombre de ciudad (es bien porteño, madre docente, papá comerciante). Estudió periodismo y después de muchas vueltas (y trabajos diversos como el de chofer de combi), los caminos de la vida lo arrimaron al periodismo agropecuario.
“Lo descubrí a los 28 años. A los pocos meses ya estaba enamorado del sector y la diversidad de cosas que se pueden hacer desde nuestra profesión. Todos los días es un desafío distinto”, relata durante uno de los últimos capítulos de la sexta temporada de El podcast de tu vida.
Durante la charla, fuimos hilvanando sus decisiones y elecciones que lo acercaron al mundo rural, pero también ahondamos, al estilo de estas charlas, en sus lado b: su pasión por el club de fútbol Excursionistas (es comentarista de la campaña del verdi-blanco de bajo Belgrano), su experiencia como chofer transportando turistas a eventos culturales, a ver de ballenas y pingüinos, y hasta a un grupo de cumbia en sus caravanas de recitales los fines de semana. Ama los gatos y asegura que “un asado comible lo hace cualquiera”. Y tiene sus razones. Hagan fila…

-Hablame de tu infancia y de tu derrotero por algunos de los cien barrios porteños…
-Nací en Monserrat y después mi infancia la pasé en Once, calles Uriburu y Corrientes. Luego Abasto y después casi por toda la ciudad hasta el Paternal actual. Lo resalto porque nunca me imaginé haciendo periodismo agropecuario con toda esa infancia de ciudad.
-¿Y qué hacían tus viejos?
-Mi vieja, docente, ahora jubilada, profesora de escuela diferencial. Y mi papá, comerciante. Cuando era muy chico tenía gomería, después casas de remates. En Once tuvo casa de bijouterie y mayorista, pero siempre comerciante hasta cierta edad que se enfermó y se le complicó para trabajar. De chico me acuerdo de la gomería, que estaba en Rivadavia y Riobamba, donde después fue “The Roxy” (N de la R: era un bar y sala de conciertos que abrió en 1992 y fue testigo de noches de rock memorables con Pappo, Charly García, Sabina, entre otros). Nunca fue siendo boliche, me quedó el recuerdo de la gomería.
-Cuando llegó el momento de estudiar, ¿qué estudiaste y por qué? ¿Qué querías ser o hacer?
-Quise estudiar comunicación, pero cuando empecé justo falleció mi viejo y dejé. Después quise hacer locución en el Cosal y reboté en el examen de ingreso. Pero mientras estudiaba para ese examen conocí a una chica, hoy periodista conocida, Paula García, de TN. Me dijo que iba a hacer periodismo. Antes que no hacer nada, hagamos periodismo.
-¿Tuviste que laburar de otras cosas mientras estudiabas?
-Uf… sí. La verdad que en mi vida laburé de todo. Con mi viejo enfermo durante diez años, desde mis nueve años, y mi vieja docente, apenas tuve edad de trabajar arranqué, desde los 14-15 años. De cadete, heladero, vendiendo diccionarios en escuelas, de lo que se te ocurra porque era necesario. Y cuando terminé de estudiar periodismo, tras intentar de periodista sin éxito, en un momento surgió la idea de comprar una combi y salir a llevar turistas por la vida. Estuve un año y medio de eso.
-¿De chofer?
-Sí, si, manejando. Una experiencia que pasó de llevar turistas en el centro, a los show de tango o hacer un city tour con guías a un verano que me fui a trabajar a Puerto Madryn, me la pasé recorriendo Punta Tombo y península de Valdés todos los días. Algo espectacular. Y también, durante un tiempo, llevé a un grupo de cumbia por los shows en capital federal y gran Buenos Aires. Creo fue la experiencia más rara de la vida.
-¿Un grupo desconocido?
-En su momento la pegaron un poquito, se llamaban “La Banda”, de mediados de los 90s. Era muy bizarro. Una experiencia que de alguna forma me formó, ir a barrios complicados del conurbano de noche.
-¿Y cómo desembarcaste en el periodismo agropecuario?
-De casualidad, como muchas cosas en mi vida. Arranqué en el periodismo en una revista de supermercados. Después a fines de los 90s, cuando empezaba el furor de las punto com, caí en un sitio de información política y económica de Latinoamérica. Estaba en eso hasta que Sebastián Prats, que hoy está en La Nación colaborando, había ido a trabajar a una incubadora de sitios de internet. Los jóvenes no lo saben, pero en ese momento había empresas de sistemas que veían la oportunidad y creaban sitios temáticos. Esta empresa tenía un sitio de construcción, uno de salud y se les ocurrió hacer uno de campo. Estaban buscando redactores y pagaban mejor que donde estaba. Yo sabía escribir, algo de economía y política, pero nada de campo. Y confiaron en mí y a los tres meses estaba absolutamente enamorado del sector agropecuario. ¿Cómo me perdí tantos años sin conocerlo? Ya tenía 28 años.
-¿Y te acordás qué te gustó del periodismo agropecuario?
-Creo de los viajes, fundamentalmente (se ríe). Lo primero que recuerdo que me flasheó fue la primera ExpoChacra (N de la R: así se llamaba la actual Expoagro antes de juntar fuerzas con Feriagro). Hoy ha cambiado mucho mi trabajo, pero lo que siempre rescato es que es todos los días distinto, y podés hablar o escribir sobre un montón de cosas bien distintas. Todos los días es un desafío distinto y eso me atrapó. Hoy vos me ofrecés a trabajar en otro rubro y no voy.
-¿Y la comunicación como la ves?
-Creo que desde la pandemia a esta parte hay una mirada distinta de la sociedad hacia el campo. El 2008 fue también una bisagra respecto de la mirada política para con el campo. Y las empresas e instituciones y cámaras empezaron a comunicar mejor lo que querían contar.
-¿Cómo te las arreglás desde tus micros radiales para contar cosas de campo? ¿Le hablás al que está dentro o a los consumidores?
-Y cambió también porque antes tenías los micros desde el Mercado de Liniers a la mañana y después no tenías nada. Hoy las principales radios y las que no son principales, tienen entre 3 y 5 salidas sobre temas agropecuarios. Y la mayoría casi no hablamos de mercados, salvo cuando pasa algo raro. Hoy le hablamos a la sociedad sin dejar de lado al productor agropecuario o agroindustrial, pero le contamos a la sociedad qué está pasando con el agronegocio.
-Quiero que hablemos de tu pasión por Excursionistas y el fútbol. Sos comentarista de la campaña de Excursio. ¿Cómo empezó?
-Casualidades otra vez. Yo era hincha de Boca, y a esos que dicen que no se puede cambiar de club lo desmiento por completo. Sí, se puede. Cuando estaba en sexto grado, empezamos a ir al club Harrods. Y cada 15 días yo veía que desaparecían todos los hombres. ¿Qué hacían? Iban a la terraza del vestuario que daba a la cancha de Excursionistas a ver los partidos (N de la R: queda a 100 metros). Ahí me enteré que existía Excursionistas. Después empecé a ir a la cancha a los segundos tiempos, que abrían las puertas, mediados de los años 80s. Y así me hice hincha. Pero hasta hace unos años siempre decía que era hincha de Boca y de Excursio. Al día de hoy te puedo decir que soy hincha de Excursio, y mi otro “equipito” mi segundo equipo es Boca.
-Ahora sos parte de una transmisión de Excursionistas, como comentarista…
-Sí, claro, hacemos “Conexión verde y blanca”, con un gran relator que es Matías Aquila, seguimos la campaña.
-Decime tres jugadores de Excursio que te gustaría destacar.
-El uno, el “Polaco” Fabián Della Marchesina, era un símbolo, hacía magia, tenía espíritu de equipo. Estuve en su despedida. Y cuando salimos campeones, campeonato que no nos dieron por válido (se jugaba apertura y clausura y después una final entre ambos campeones), la rompió toda. De los mejores equipos de Excursio que vi. Después, el “Búfalo” Szeszurak, era un animal del gol, siempre motivando, después como técnico tengo mis reparos, pero nos sacó campeón. No tengo nada para decirle. Una promesa fallida “Chupete” De Vicenti, que se fue chiquito a Grecia, volvió y se retiró rápido. Obviamente el ídolo máximo de Excursio es “El loco” René Houseman, pero no lo ví jugar yo. El hizo inferiores y un ratito cuando vino a retirarse unos minutos.
-¿Tenés una foto con él, no?
-Sí, pero lo importante de Houseman, para entender lo que es un hincha de fútbol, es que él jugaba inferiores en Excursio, y lo echan porque no querían tener jugadores de la villa. Se va a jugar a Defensores de Belgrano, sale campeón, era ídolo ahí, después va a Huracán, ídolo también, selección argentina y todo eso, y él nunca dejó de ser hincha de Excursionistas, incluso vivió un tiempo dentro del club. Hasta el día que falleció lo veías en la cancha, es una de las fotos con futbolistas que me saqué con más orgullo, en la puerta de la cancha. Y eso te da la pauta de lo que es sentir la pasión por un equipo. Un tipo que lo echaron y debería odiar a ese club no, todo lo contrario. La irracionalidad del fútbol está ahí.
-¿Qué tal jugás o jugabas vos a la pelota?
-No, un desastre. Mis amigos me dejaban jugar, pero de lástima, porque siempre fui malo.
-Bueno, llegamos al pin-pong de este podcast y la primera pregunta tiene que ver con si tenés mascotas. ¿Qué vínculo tenés?
-Toda mi vida tuve mascotas salvo en pequeños lapsos. Perros, gatos, arañas, víboras de chico. Siempre fue medio zoológico mi casa. Y de grande, casi siempre gatos. Tuve una gata que vivió 19 años, que se llamaba Pequi, y cuando falleció dije por un tiempo no voy a tener y a los dos meses ya apareció un gato en casa. Ahora tengo tres. En fin.
-¿Qué tal te va como cocinero? ¿Tenés alguna especialidad?
-Hago muy buenas pizzas, amasando de cero. Creo hago un gran guiso de lentejas, hay colegas que dan fe de eso. Una vez hice para 20 personas. Hago asado, no soy un gran asador, empecé de grande y descubrí que un asado comible lo hace cualquiera. Después tenés especialistas, pero si no está frío, todos los asados están bien.
-¿Música? ¿Qué escuchás?
-Me formé escuchando rock de los 70s. Led Zeppelin, Deep Purple, toda esa movida. Mi banda, la que me llega y me hace vibrar es Sumo, incluso al día de hoy. Pero trato de escuchar de todo. En mi adolescencia iba a festi-punks, a Cemento, Arlequines, Medio mundo varieté. Hace un tiempo me enganché escuchando una banda que se llama “Los rusos hijos de puta”, una corriente punk, una evolución de lo que era el punk a fines de los 80. Ahora me enganché con un grupo que todavía no fui a ver que se llama “Fama y guita”, que nada que ver. Pero mi música va desde Pink Floyd hasta Sumo, que me parte la cabeza al día de hoy.

-Si pudieses subirte al Delorean, el auto de Volver al futuro, ¿a qué fecha irías?
-Te la puedo bajonear y decirte que iría a estar un rato más con mi viejo, a los últimos días con él. Pero si puedo hacer otro viaje, no me iría tan atrás, iría a una época que viví muy linda, a principios de los 80s, para vivir toda la movida de salida de la dictadura, la movida del rock y el pop, todas esas tribus y al under porteño, que agarré el final de eso porque empecé a salir en el 87-88, a los 16 años. Volvería a lo mismo, pero arrancar antes. Que se yo, ir a ver a Los Redondos a lugares más chicos, no sé.





