En el departamento de San Carlos, provincia de Salta, a unos 25 kilómetros al norte del pueblo de Amblayo, se encuentra el paraje Isonza. En el noroeste, al decir que un queso viene de la zona de Amblayo, se apela a sus virtudes, como si esto fuera un sello de calidad tácito entre los consumidores. Isonza, según reza su cartel de bienvenida, es la capital del queso de cabra. Rodeada por cerros, es un paraje de casas dispersas, en donde habitan unas 150 personas, aproximadamente.
En las “afueritas” de este tan singular como bello pueblo, en el paraje Urbina, Bichos de Campo pudo conversar con una joven productora para poder conocer cómo se vive y se produce en esa parte del país.
Evita Zerpa tiene 38 años y 4 hijos. “Soy madre soltera”, dice, “y vivo con mis padres y mi familia. Soy nacida en Isonza. Me fui como 10 años. Viajé a Jujuy, a Salta, con mi pareja, pero no funcionó y volví. Estoy trabajando con mis padres y criando a mis hijos”.
Comentando sobre la actividad productiva de la familia, Evita dice: “Aquí nos desenvolvemos con los animales, con nuestras agriculturas, también hacemos tejido, hacemos todo el proceso de la lana. Estamos en el campo, así que esta es nuestra vida aquí”.

Las cosechas hasta marzo; en invierno hilar y tejer; sacar a los animales todos los días y suplementarlos en el bache forrajero, previo a las lluvias estivales; pariciones, ordeñe y quesos cuando inicia el calor; llevar las vacas al cerro cuando las crías crecen un poco y el temor al “león”, por el puma, aminora un poco.
Cada actividad tiene su tiempo, su clima, sus condiciones y quienes se hacen cargo de ellas. La familia Zerpa parece bien organizada. Dedica cada jornada a distintas actividades, según la etapa del año y “como se vaya dando el clima, sobre todo el tema del agua”. Por un lado, se esfuerzan en las tareas agrícolas, en la chacra, como la llaman, con cultivos de maíz, haba, arveja y zapallo. También siembran cebada y avena con el propósito de transformarlas en forraje.

“Mucho para vender tampoco es. Vendemos, pero lo justo, y lo necesario está para nosotros. De esta actividad me encargo más yo, me llevo bien con la chacra, aunque este año fue difícil por las lluvias y algunos problemas por exceso de humedad. Las habas están con puntitos y eso le baja el precio de venta”, comparte Evita.
Los padres se encargan mayormente de los animales, son los que suben y bajan de la cumbre, los cuidan con mucha atención. “Tenemos una majada de 70 aminales, donde 40 son cabras y el resto chivos”. A lo que agrega, “también tenemos algunas vaquitas y caballos, que pronto estarán en el cerro. A esta altura del año, los solemos llevar para allí”. Otra actividad de importancia es la elaboración de peleros que se realizan en telar.

Siendo las 10 de la mañana Evita menciona que su madre está por ir a ordeñar para luego hacer los quesos. “En estos momentos, estamos en la feria. Fue alguna gente de la zona con nuestros quesos a representar a Amblayo, a todo el Valle Calchaqui”.
Algo llamativo es que la familia Zerpa no es dueña de las tierras en la que trabaja y vive hace más de dos décadas. “Nosotros nacimos en Isonza, en un lugar cercano. Tuvimos que venirnos por tener animales, ya que no nos dejaban tenerlos en el lugar que estábamos. Tuvimos que buscar otro lugar y nos dieron este para arrendar, hace más de 25 años”.
En torno a las mayores problemáticas productivas locales, Evita menciona que “la problemática sería el pasto en invierno, hay mucha muerte de los animales porque el pasto no da abasto. Esto está relacionado con el agua, falta mucho el agua para los cultivos y para las pasturas. Si llueve el agua se filtra y tenemos que estar buscando más arriba”.
“También faltan instalaciones, en situaciones como las de ahora, el rio se nos llevó los puntales que agarraban los caños donde pasa el agua, de banda a banda, para riego, así que ahora estamos sin agua, hasta que lo solucionen”.
Lo que presenta Evita Zerpa es una situación estructural que complica la producción local. Cuesta conseguir forraje, vacunas, insumos, hay pocas obras de hidráulica. “A veces nos dicen ‘¡pero cómo no siembran alfa con semejante tierra! Pero no saben que no hay agua suficiente, ese sería el tema”.
En torno a las problemáticas específicas de la chacra, Zerpa comenta que “en estos momentos los problemas tenemos son los del gusano (Cogollero). En otros lados suelen ponerle veneno, nosotros todavía no acostumbramos y a veces cosechamos los choclos con gusano”.

Sobre la producción de quesos, los Zerpa están haciendo tres kilos y medio por día que venden sin mayores problemas a un valor de 12 mil pesos por kilo, a los compradores que llegan hasta la casa.
En lo referido a los tejidos, esta familia -al igual que los vecinos- hace peleros. “El pelero lo estamos vendiendo a 300 mil el juego, con vincha, completo. Las tintas es lo que más nos cuesta a nosotros. Antes eran lindas, teñían bonito, y ahora ya no, y tenemos que meter un montón de tinta, un montón de mordiente, para poderla teñir bien. A veces podemos hacer de colores naturales, pero nos encargan de colores, y vos querés venderlo, así que tenés que hacerlo de colores”, aclara.

Al preguntarle por el futuro Evita contesta: “Me imagino aquí. La vida del campo es linda, pero es sufrida. A mis hijos ya les toca el secundario y acá no hay, solo en Amblayo, entonces es ir y volver todo el tiempo y eso es muy costoso. Tenemos que arrendar y tenemos que ver que los animales no se pasen, debemos tener pocos animales. Entonces uno piensa en esto de tener a los chicos así. Uno piensa esas cosas. Porque acá no hay trabajo y para ellos también es muy escaso. Como padres uno quiere que los chicos progresen”.

En varios pasajes de la entrevista Evita hace notar la falta de asistencia técnica. “Antes venían los técnicos y ahora ya no tenemos. Ellos eran los que asesoraban, se charlaba de los animales en el centro vecinal que tenemos en Río Salado, ahora solo hay juntadas de socios, por cuotas y no mucho más. Mi mamá siempre le agradece al Centro (en referencia a un centro vecinal de Río Salado, que queda cerca) porque le ayudó mucho. Ella no se olvida de las cosas que tiene gracias al centro, si no sería imposible”.
Ante la consulta de si están con algún proyecto especial, ella responde: “No, por ahora nada. Había un proyecto que tenía que salir, pero ya hace dos años y aún estamos esperando, porque ahí teníamos temas de agua, de cerco, y bueno, no salió. Igual nos amañamos, como le digo, con lo que hay ahora, como hacían los abuelos”.
A lo que agrega: “Las mujeres queríamos, en un momento, hacer un tipo de taller, poner nuestra artesanía, pero a veces se nos complica un poco ya que estamos distanciadas las mujeres que queremos emprender y cada cual con sus cosas. Estaría bueno resolver el tema del material, mejorar los ingresos de lo que hacemos con tanto esmero”.




