En Bichos de Campo no queremos escribir más sobre La Joya Agro, apodo con que en las redes sociales triunfa el influencer y agrónomo Bruno Riboldi. Nosotros hacemos periodismo agropecuario, y no es justamente nuestra especialidad meternos en culebrones como el protagonizado por este muchacho y su amigo Nicolás Coscia. Aspiramos a que esta sea la última crónica de esta serie.
Desde hace días venimos perdiendo nuestro valioso tiempo periodístico con la historia del presunto robo de 190 cabezas de ganado pertenecientes al mediático personaje, que en realidad no fue un robo porque a lo largo de varias notas pudimos demostrar que ambos eran buenos amigos, que uno le engordaba y vendía el ganado al otro desde 2024, que en este caso hubo necesidades compartidas de dinero (Coscia arrastra serios problemas de cheques rechazados y La Joya necesitaba urgente dinero para que su padre comprara una camioneta), que el Senasa local actúo con cierta negligencia en el control de los papeles, y que todo explotó por los aires el 16 de marzo, cuando Nicolás no pudo cubrir el efectivo que le solicitaba Bruno.
Definitivamente esta historia no vale la pena, porque no valen la pena sus personajes centrales: son la antítesis de las personas de carne y hueso que pueblan el agro argentino y que relatamos en Bichos de Campo.
¿Y entonces por qué la contaron con tanto ahínco? ¿Por qué investigar con tanto esmero a un personaje que definitivamente no valía la pena?
Porque nos mintió a todos, esa es la respuesta. Y eso no puede quedar impune. Desde el primer video en que denunció entre lágrimas la desaparición de sus 190 vacunos (que él mismo había enviado a fin de 2025 al campo de Coscia en Santa Teresa y que él mismo habría ordenado a su amigo vender según la serie de chats que publicamos en las últimas horas), Riboldi montó un show para sus millones de seguidores.
Es el negocio de las redes sociales, donde se puede inventar sin descaro porque total lo que la gente consume es entretenimiento y propaganda. Pero con cosas en serio como el abigeato y el cuatrerismo -del cual se quejan tanto los ganaderos santafesinos y de todo el país, porque sufren casos reales- no se puede hacer este tipo de jugadas. En los últimos mese ha habido hasta productores muertos por este tipo de asuntos. No es joda, en serio.
Mucho menos se puede, en nombre de una disputa personal, movilizar a los escasos recursos que tienen las fuerzas de seguridad y el personal de la justicia (que debería ocuparse de cosas más graves) para hacer frente a estos casos.
El jueves 19 de marzo, el afamado influencer publicó una serie de dramáticos videos donde denunciaba que sus animales habían desaparecido, así sin más, sin ofrecer ninguno de los detalles que él mismo conocía. Hubo un enorme suspenso que duró hasta el viernes 20, en que el dueño del feedlot donde fueron a parar, llamó a La Joya Agro y a la Guardia Rural Los Pumas y les dijo: “no se preocupen, los tengo yo, que los compré de buena fe”.

La imagen previa forma parte del informe que los efectivos de la Guardia Rural presentaron ante la justicia, relatando lo que ellos observaron en este caso. Para empezar, ese fragmento del documento firmado por el comisario Cristian Zago confirma lo que todos los medios informamos desde el principio de esta historia: que los animales hallados en el feedlot de Chabás en principio no eran 190, como decía el influencer, sino 161, y que una vez en el lugar se constató rápidamente -mirando las marcas grabadas a fuego- que eran los mismos que reclamaba Riboldi.
En su investigación, donde se contaron todas las versiones, Bichos de Campo nunca desmintió lo que decía este influyente personaje: que esos animales le pertenecían. La pesquisa se ocupó en cambio de cubrir todos los casilleros en blanco que había dejado la versión de La Joya Agro, evidentemente a propósito, para cubrir sus propias responsabilidades en el caso o por alguna otra razón que todavía no develamos. Para ser claros, este muchacho inventó un robo donde no lo había. Conocía al ladrón, y le había dado una orden de venta. Es evidente, como dijimos desde un primer día, que esto fue una pelea entre dos amigos que no supieron o no quisieron ponerse de acuerdo para hacer un nuevo negocio juntos.
Esta realidad, que ahora queda clara como el agua, no exime de culpas a Coscia, quien está imputado en la causa y deberá responder por qué hizo lo que hizo (enviar la hacienda a Chabás, sin darle el dinero correspondiente al dueño verdadero de la hacienda). Por lo que se puede ver en la base de cheques rechazados del Banco Central, este joven arrastra grandes deudas y ese puede ser uno de los motivos. Otras fuentes extraoficiales nos dijeron que sus pasivos van mucho más allá que los que quedan registrados.
Pero más allá del daño que posiblemente su amigo pudo llegar a hacerle, La Joya Agro no tiene el derecho de jugar con tanta gente cómo lo hizo. Vale aclarar que en dos ocasiones periodistas de este medio hablamos con el supuesto damnificado pidiendo precisiones sobre el caso, y que en ambas se repitieron las evasivas, las omisiones y hasta algunas mentiras.
Por ese motivo Bichos de Campo fue a fondo con esta historia: porque no nos gusta que nos mientan. Nos sucede con los funcionarios de cualquier gobierno, con los empresarios que venden espejitos de colores y con este tipo de personajes que también pululan cada vez más en el vasto sector agropecuario.

Este fragmento de la declaración de la Guardia Rural Los Pumas es elocuente sobre el grado de falsedades con que se manejó Bruno Riboldi durante todo este caso. La declaración corresponde al momento en que la Policía llegó al lugar donde se encontraron los animales “desaparecidos”, y casi al mismo tiempo arribó el influencer, que siguió grabando videos que lo mostraban llorando por haber recuperado sus terneros y vaquillonas.
“En varias ocasiones, por una cuestión obvia de su presencia en el lugar, el denunciante y su familia mantuvieron conversaciones con el personal actuante, donde él mismo expresara a viva voz que esta movida le aportó 11 millones de seguidores en dos o tres días”, dice un fragmento de la nota enviada a la justicia.
El comisario Zago también dio cuenta de que Riboldi, en estas charlas mientras revisaban la hacienda, “también me hizo referencia a que Nicolás Coscia es su mejor amigo de toda la vida”.
Como en aquel momento Coscia todavía tenía pedido de captura por parte del fiscal de Villa Constitución que intervenía en la causa (ese pedido se retiró el sábado 21), el comisario relata: “Aprovechando el momento le pregunté por qué no aporta el paradero del mismo en pos de adelantar su detención con el objetivo de aclarar lo sucedido, donde actuando con cierta inquietud retiraba la mirada, dirigiéndola al piso y no contestando la pregunta, hasta que luego de varias veces dijo que vivía con su madre, tampoco refiriendo indicaciones del domicilio”, completa el efectivo policial.
No hay mucho más que agregar: quien reclamaba justicia ante millones de personas no ayudaba a obtenerla.
Esperamos que esta sea la última nota de esta saga: para nosotros está todo más que claro y esperamos haber ayudado a nuestros lectores a reconstruir esta historia banal y hasta ridícula.
Confiamos además que sirva para que se comprenda que comunicar en las redes sociales, por más seguidores que uno tenga, no tiene nada que ver con hacer periodismos.




