“Un soldado no muere en la batalla, sino cuando su pueblo lo olvida”, rubrica Fernando “Patacón” Grippaldi, comentando una foto en la que se lo ve con una remera con la inscripción “Malvinas”. Podría aplicarse a cualquier persona. Morimos cuando nadie nos recuerda o cuando nos vamos de este mundo sin pena ni gloria, sin dejar legado, sin haber dejado huella.
“Patacón” (protagonista del último capítulo de El podcast de tu vida), ha tratado justamente de marcar una huella. Siendo solidario con una colega, cuando se ofreció a ayudar a Sheila Galetti, una joven veterinaria que yendo a su primera entrevista de trabajo tuvo un accidente automovilístico que la dejó con movilidad reducida y sólo varias operaciones costosas podrían rehabilitarla.
También deja su marca cuando habla de Malvinas y la guerra. “Me hubiera gustado estar ahí”, dice. ¿En la guerra? “Si, lo hubiera lamentado por mis viejos porque si hubiese muerto hubieran perdido un hijo, y te lo digo con casi 60 años, no con la cabeza fresca de un adolescente”. Esa pasión, se tradujo décimas sobre su vida, su familia y Malvinas, décimas sureñas, que quedaron plasmadas en un libro, “Soberaneando”, que terminó y pudo imprimir en 2024.
Fernando nació en Azul, provincia de Buenos Aires, el 28 de septiembre de 1966 y vivió allí hasta los 14 años, cuando a su padre lo trasladaron, a Neuquén por su trabajo en el banco. Hizo el servicio militar en Bariloche.
Estudió veterinaria en Tandil, se recibió y después de unos trabajos en la zona, en marzo de 1994, aprovechó una oportunidad para irse a San Luis, donde hoy aún trabaja haciendo asesoramiento privado en cría y feedlots y dando capacitaciones.
Tiene tres hijos, Nazarena de 25, Josefina de 15 y Simón de 11. Con Fernando, compartimos algo muy especial. El, tiene un hermano de 61 años, Andrés, con atraso madurativo; yo, un hijo, Donato, de 8. Y de eso, también hablamos. Pasen y disfruten.
-Conocés el podcast y sabés que esto arranca, generalmente, cronológicamente. Contame de tu infancia, ¿Dónde? ¿Haciendo qué? ¿Qué cosas te gustaban? ¿Cómo era ese hogar en el que te criaste?
-Nací en Azul, provincia de Buenos Aires, en 1966. En casa éramos mamá, papá y tres hermanos, de los cuales, el más grande, Andrés nació con que hoy se conoce como un retraso madurativo, después mi hermana Silvina y después vengo yo. En mi infancia me gustaba andar con la honda para todos lados, los karting a rulemanes y hacer desastres en la calle… era muy travieso. En las vacaciones me me iba al campo de una familia amiga. Porque en casa, como decía papá, la única tierra era la de las masetas. Locura por el campo toda la vida. Cero fútbol. Viví ahí hasta los 14 años, cuando a papá lo trasladaron a Neuquén por trabajo. Y bueno, soy perito mercantil de la secundaria porque en esa época te preparaban por las dudas que no puedas seguir con una carrera universitaria. Por lo menos sepas algo.
-¿Cómo fue criarte con Andrés, tu hermano mayor, que hoy tiene 61 años, y que nació con atraso madurativo? ¿Cómo fuiste entendiendo lo que tenía Andrés? ¿Cómo veías a tu madre y su lucha entonces y ahora?
-La verdad que fue muy natural convivir con Andrés y todo el entorno familiar. Papá tenía que laburar todo el día, pero no por eso dejó de estar. Me fui dando cuenta, pero naturalmente. A mamá la veía con una lucha muy grande para sacar a Andrés adelante y llevarlo lo más arriba que pudiera. Fue una lucha. En ese momento no te pones a pensar qué tiempo le dedica a cada uno. Yo creo que la vieja estuvo con todos como pudo… me vas a hacer llorar, Juan… Alguna vez hablando con ella, ella se cuestionaba cuando veníamos con algún problema, pero yo le dije que ella había estado donde tenía que estar.
-¿Tenés alguna anécdota con Andrés?
-Yo estaba en la colimba. Andrés me lleva tres años. Y él le pregunta a mi mamá “Yo no voy a ser como los chicos, ¿no? No me voy a poder casar, ni tener hijos…” a él le cayó la ficha de que él iba a tener una vida distinta a la nuestra, ni fea ni menos linda, sino distinta. Si, para nosotros fue un gran maestro de vida. Por eso le dediqué unas décimas a Andrés que se llaman así, Maestro de vida.
-Llegó el momento de estudiar y elegiste veterinaria, pero venías de una familia en donde no había veterinarios ni agrónomos. ¿Tenías un plan b?
-Fue mi plan A desde los 7 u 8 años. De hecho, en la secundaria no me quise hacer el test vocacional. A través de los traslados el ingreso en casa mejoró y pudimos estudiar, pero yo tenía la idea de acercarme al campo. Elegí una carrera para acercarme al campo. Podría haber sido veterinaria o agronomía. Pero te diría que siempre fue veterinaria. Locura.
-¿Tuviste que laburar mientras estudiabas?
-En algunos momentos sí. Agarré las dos hiper. Y laburé de guardavidas, vendí planes de ahorro, manejé una combi escolar. Los fines de semana hacía changas en los campos en la manga, tapaba silos, en Tandil, cuenca Mar y Sierras, te pagaban buena guita para ese laburo. Algo siempre fui haciendo.
-Me contabas cuando intercambiábamos info para armar la entrevista que a los 58 años seguís haciendo laburo de manga, pero que te pasa facturas caras. ¿Qué factura te ha pasado la manga? ¿Tenés “marcas” de la profesión?
-Desde hace unos años, al tener hijos chicos empecé a sentir que la manga es muy linda pero la computadora siempre fue mi gran amiga. Yo les digo a los junior “háganse amigos del excel” porque muchas veces me dio más de comer el excel que el lazo. Y a partir de ahí me empecé a meter en nutrición y asesoramiento. Hace dos años tuve tuve un accidente no muy grave pero bueno… cuando la patada te peina la pera y tenés hijos chicos decís, flaco, abrí los ojos. Entonces empecé a hacer más capacitaciones, que me gustan mucho. Transmitir mi experiencia, porque llevármela a la tumba no me sirve y sé que hay mucha avidez para toda la información que tenemos los más grandes. Entonces, sin dejar la manga reorienté mi trabajo.
-¿Qué cosas querés transmitir en tus charlas?
-La mayoría de los que me consultan son juniors o estudiantes de veterinaria avanzada. Me consultan cosas del día a día. ¿Qué harías vos si te pasara esto? Y siempre remarco ponerle un número. Dato mata relato. A mí me sirvió y espero que a otro le sirva. Es lo que la facu no te enseña. Hay que saber que el bovino es presa y lo último que le va a mostrar a su depredador es que está enfermo. Entonces, cuando llegamos a ver un problema con los animales ya es tarde.
-No quiero dejar de mencionar, de hablar de tu solidaridad, cuando hace unos años viste que una colega, Shei Galletti, había tenido un terrible accidente yendo a su primera entrevista de trabajo, y tenía que hacerse decenas de operaciones para poder volver a caminar. La llamaste y qué le propusiste…
-Fue ver las historias de Shei solicitando ayuda económica, y empecé a ver en ella una resiliencia y una garra impresionante. Entonces un día le dije que me mandara su teléfono y le ofrecí una hora de mi vida, 30 años de experiencia, de las charlas de capacitación le ofrecí una, la hacemos virtual, cobramos una entrada y lo que recaudáramos iba a ser para ella. Después se fueron sumando colegas. Eso fue en 2022 y 2023. Después se sumó fue Pablo Stagnetto, un tucumano capísimo en cirugía, y así se fue consolidando lo que nosotros llamamos “Ayudando se aprende, aprendiendo se ayuda”. Y en el caso de que alguien pagara la entrada sólo por solidaridad, pero no iba a participar, hacíamos una doble acción solidaria. Sheila elegía a un compañero de ella de bajos recursos y lo becábamos para la charla.
-Pero no terminó con la ayuda a Sheila…
-No. En 2023 terminamos con ella y Shei dijo, no, acá no termina, yo quiero hacer por los otros lo que ustedes hicieron por mí. Asique se consolidó un buen grupo, somos 16-17 veterinarios de todo el país que seguimos en alerta para ver quien necesita ayuda para poder acompañarlos a través de charlas virtuales y presenciales.
-¿Por quién están haciendo las charlas hoy?
-Hoy estamos ayudando a María que tuvo un accidente fatal para su esposo y ella está postrada hace 8 meses en una cama y la idea de este año es abocarnos a ella pero no sólo en lo económico, sino también si alguno tiene contactos políticos, tratar de hacerles llegar el caso.
-¿Qué te gusta de lo que hacés hoy?
-Pensando las respuestas el fin de semana, hablando con mis hijos, mi hija Josefina de 15 años, me dijo, despertarse y sentir la vida. Esos valores que aprendés a tomar de la familia. Y después que el día traiga lo que sea.
-¿Tenés o tuviste mascota? ¿Perros, gatos?
-Tuve perros. Los primeros se llamaron “Antú” que es sol en Mapuche, después vino un labrador negro hermoso que tuve que sacrificarlo hace dos meses porque estaba muy viejito, “Indio”. Y lo bueno es que sabés que llegás a casa y alguien mueve la cola y te está esperando. Muchas veces me senté a hablar con él, un perrazo. Muy vigilante de mis hijos. Y también tengo una afinidad terrible con los caballos, me encantan con locura los matungos.
-Llegamos al pin-pong de este podcast y la pregunta es si tenés algún hobbie que te saque de los problemas cotidianos, que te resetee el bocho…
-Me desenchufa mucho leer. Y la otra es sentarme a escribir. Me gusta generar lo que publico en redes, comentar fotos. Y cuando estoy con más luces escribir décimas.
-¿Y qué te gusta leer?
-Leo mucho sobre Malvinas. Terminé recién de leer un libro que nunca pensé que me iba a atrapar tanto, “La casa” de Manuel Mujica Lainez.
-¿Y por qué Malvinas? ¿Qué edad tenías cuando fue la guerra?
-Estaba en tercer año de la secundaria, las clases que fueron a Malvinas fueron la 62 y 63 y yo soy un poco más chico. Y en la colimba estuve en contacto con veteranos, y escucharlos y empezar a movilizarme ya. Y también ver el descuido y el “desmemorie”, perdón que invente una palabra, hacia ellos. Yo siempre cuando termino las charlas digo algunos números: fueron más de 10.000 soldados, fallecieron 649, de los cuales casi la mitad, 323 mueren en el hundimiento del ARA General Belgrano, pero tuvimos casi el doble de suicidios después de la guerra. Es un número que te sacude la cabeza. Que se yo. Me gusta y cuando puedo trato de hablar del tema. Cuando viajo siempre lo hago con una remera de Malvinas. Si vos te bajás en una estación de servicio, mal que mal, te pegan el golpe de vista y se acuerdan. Soy parte de un proceso más malvinizador para defender el desmalvinizador que es el que muchas veces prima.
-En ese contexto, ¿Qué es “Soberaneando”, tu libro con décimas sobre Malvinas?
-Es una complicación de cosas que fui escribiendo desde 1987 hasta ahora, que sigo escribiendo. Hay toda una primera parte que habla de mi familia. Y el libro surge porque en un foro que se llama “Zona militar” publiqué un par de décimas dedicadas a amigos míos y un pibe de Merlo convoca a un contrapunto. Llegamos a escribir 5000 versos sobre Malvinas en el foro. Y cuando yo quiero hacer lo del libro él no quiso, entonces yo le pedí que me haga el prólogo de la parte de Malvinas. Y así fue.
-¿Cómo te llevás con la cocina? Horno, sartén, parrilla, olla…
-Aprendí a cocinar de chico. De prender el fuego me gusta más el disco y me encanta la comida de olla.
-¿Con qué te podés lucir?
-Con unos ravioles al disco. Sin duda.
-¿Algún lugar que conozcas y quieras volver?
-La Patagonia es muy linda. La parte cordillerana. Argentina es muy linda por todos lados, Salta me fascino. Respirás historia. Cataratas…
-¿Y algún lugar que te gustaría conocer?
-¿Y si te lo repregunto?
-Y, si, Malvinas…
-Totalmente. Tengo un sueño a cumplir que si logro festejo mis 60 años allá. Me queda un año y medio…
-¿Y qué hay que hacer para poder ir a Malvinas?
-En realidad lo que no quieren hacer muchos veteranos que es viajar con pasaporte. En ese sentido es simple. Vos llegás un sábado y te volvés al sábado siguiente. Podés ir en grupo o solo. Podés recorrer los lugares donde se hicieron los combates, hasta llegar a Darwin. Y después vas a la pingüinera, el faro… yo creo que para mí sentarme a tomar un mate en el cementerio de Darwin con todas las cruces blancas atrás, me muero. Je. Ese día, podré decir, “ya está”.
-Si pudieses tener un superpoder ¿Cuál elegirías?
-Me encantaría tener el superpoder de poder estar en todos lados donde alguien de mi familia o allegado me necesite (se emociona). Siempre luché para que mi entorno no sufra. No quiero pecar de vanidoso, pero si me preguntás un superpoder sería ese, poder estar, acompañar.
-Si pudieses agarrar el Delorean, el auto de Volver al futuro, ¿A qué momento en la historia tuya o de la humanidad irías?
-Poder estar un rato más con papá. Y la otra poder estar un rato en Malvinas… no sé si vuelvo…
-Es loco, porque una cosa es todo lo que hacés por Malvinas, pero otra que digas, sabiendo la película completa, que te hubiera gustado estar en una guerra…
-Si. Capaz que lo digo porque no viví. Pero he escuchado relatos, leí mucho y la verdad que si hubiera ido y no hubiera vuelto lo hubiese lamentado por mis padres, porque hubieran perdido un hijo, pero bueno. Es lo que siento hoy.
-¿Qué tema musical elegirías para cerrar esta nota?
-Tengo un gusto bastante random, paso de Larralde a AC DC. Te podría decir TNT de AC DC, pero “Se vos”, del Tano Iorio, cantado por Divididos, es lo más. Cualquiera de las dos versiones, la de Iorio y la de Divididos, es el tema que me quedo para cerrar.
La Yapa, una de las décimas publicadas en “Soberaneando” que se llaman “Hermanos de la vida”:
Malvinas, tuvo soldaos
del campo y la ciudad,
sin diferencias de edad
unos con libros criaos,
otros a campo educaos.
Cada cual supo ofrendar
la mano que pudo dar,
se ofrecieron sin fijarse
el lema era: Ayudarse,
para poderla pasar.
Si tuvo que usar la pala,
prendió un fuego, carneó,
el del campo le enseñó
al del pueblo y lo embala.
Conocimientos, le piala
unidos se hacen fuertes.
Al del campo le divierte
del gringo, sus chambonadas,
pero juntos en la cinchada
lucharon hasta la muerte.
Para contar y decir
en la carta a la familia,
es el del pueblo, que auxilia
al del campo a escribir.
Narrar y como vivir
en esas tierras lejanas
que no le faltan ganas,
honor, coraje y orgullo
pa’ defender lo suyo:
¡Dos islas que son hermanas!
Así se acollaró,
el campo a la ciudad,
forjando una hermandad
que ni la guerra tajeó.
Cada cual su mano dió
cuando el otro precisaba
el del campo se ofertaba
pa’ los quehaceres camperos
mientras que el pueblero
sus letras le regalaba.
¡Qué vínculo han hecho!
De camarada a hermano.
Por solo darse la mano,
ser sinceros y derechos.
Y al clavar en tierra, el pecho,
con una sola mirada
y en una simple guiñada
se decían mucho y todo
por estar codo con codo
en esta brava patriada.