“Nací en el campo, soy contratista por herencia, y me dedico a esto desde que tengo memoria”. Esa es la tarjeta de presentación de Jorge Bonaudo, el actual presidente de la Asociación de Trilladores de Córdoba y un experimentado referente dentro del sector que presta servicios claves y finalmente aporta la “mano de obra” a la producción de granos, la principal actividad económica de la Argentina.
“Somos los que levantamos el 70% de la producción del país”, expresa Jorge, a quien le sobran años arriba de la cosechadora y recorriendo su provincia. Lo suyo viene por herencia porque en la misma localidad de Tancacha, a pocos kilómetros de Río Tercero, aprendió del oficio junto a su padre.
Lo había adelantado a este medio el propio presidente de la federación que nuclea a todos los contratistas del país, Facma, y que por supuesto los cordobeses integran: la agenda de los contratistas hoy prácticamente gira en torno a las condiciones de acceso al crédito, que en la última Expoagro lucieron más atractivas, parecen cuyo acceso se hace para los contratistas muy cuesta arriba.
“Estamos complicados para incorporar tecnología”, expresó Bonaudo, en diálogo con Bichos de Campo, y coincidió con Fredy Simone en que “el contratista está muy limitado” para obtener financiamiento, tanto en montos, como en plazos.
La maquinaria es la base de este sector que se define, justamente, por ser dueño de un millonario capital de trabajo para ofrecer un servicio a los productores que no cuentan con equipos propios. Puede ser de cosecha -el “metier” de Bonaudo- como de siembra, fertilización, pulverización y hasta picado de forraje. Hoy el sector se ha diversificado a tono con la especialización del agro, pero encuentra, una y otra vez, trabas para acompañar ese proceso con los equipos necesarios. Por eso denuncia que el parque de maquinaria ha ido envejeciendo.
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En ese sentido, lo que observa el contratista cordobés son serias incongruencias en el mercado. “Los fierros son cada vez más caros y para acceder a la mejor tecnología tenemos que comprar máquinas de afuera, valuadas en un millón de dólares. Siempre se habló de amortizarlas en 5 años, pero hoy ese plazo no baja de 6 o 7”, explicó.
A eso se suma que, como generalmente no son dueños de campos, ni llevan adelante una producción propia, este sector ve restringido el acceso al crédito con mayor facilidad, por la falta de garantías hipotecarias para tomarlo.
Termina generándose entonces un círculo vicioso, en el que el parque de maquinarias cada vez es más antiguo, renovarlo y amortizarlo es cada vez más caro, pero no hay posibilidades concretas de hacerlo con las vías de financiamiento vigentes.
“Al productor le sale más barato que nosotros hagamos una inversión y le demos la tecnología que necesitan. Por eso nosotros hacemos una lista de precios (la tarifa de cosecha de Facma) apuntada a poder cambiar los equipos”, aseguró el referente, que también considera importante hablar de números en un sector donde pisa muy fuerte la pasión y la tradición familiar.
Lo cierto es que del otro lado del mostrador está el productor que los contrata, cuya situación tampoco es óptima. Por eso, pronto a comenzar la cosecha gruesa, en una campaña que productivamente promete ser muy buena, lo que preocupa son los bajos márgenes de quien, justamente, los contrata a ellos.

“El problema más grave que tenemos es el precio de los commodities, que están muy bajos. Nosotros tampoco podemos cobrar un 20% de lo que se produce, y hay que ir ajustándose a eso”, comentó Bonaudo, quien también advirtió por el efecto que tiene sobre la ya acotada rentabilidad la carga impositiva sobre el sector. Por eso comparten el reclamo respecto de la eliminación de las retenciones.
Aunque por momentos pareciera que son todas cuesta arriba para los que recorren el interior prestando servicios, Bonaudo admite que, al final del día, la motivación es más profunda.
“Todos te dicen que sos un loco, y tienen razón. Pero es la pasión por los fierros, vivimos de esto, lo hemos hecho toda la vida y nos apasiona”, expresó el contratista.




