Los números de la propia Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA) indican que no menos del 70% de las labores agrícolas -siembra, cosecha, pulverización y fertilización- son llevadas a cabo por ese segmento. Lo cierto es que el contratista es parte de la definición misma del agro argentino, pero, a la vez, muestra su lado menos decoroso.
Y cuando todo parece brillar, basta una consulta al sector para dibujar un panorama más completo, que por supuesto no es liso y pulcro, y tiene sus agrietamientos.
En el marco de Expoagro 2026, la muestra agroindustrial que rebalsó de innovaciones, tecnología y buenos pronósticos, Bichos de Campo entrevistó a Luis “Fredy” Simone, el contratista al frente de FACMA, que, fiel a su estilo, no ahorra en definiciones cuando se trata de hacer diagnósticos.
No es fortuita la presencia de Simone en San Nicolás, porque en esta edición de la exposición los contratistas pudieron celebrar su propia cumbre sectorial. Es parte de una intensa tarea llevan adelante para instalar su propia agenda y formar parte de la conversación en el agro, dejando ver cómo luce el cuadro completo, incluso con quienes viven del servicio que brindan a los productores.
“Bienvenido sea que existan este tipo de exposiciones, que sirven para que podamos demostrar todas las innovaciones y la tecnología que podemos incorporar al campo argentino. Pero yo creo que esto es una irrealidad de campo”, expresó “Fredy”, que asegura sentirse “como en un shopping” cuando recorre las calles de tamañas muestras.
El problema es, justamente, que el contratista entra al shopping con los bolsillos flacos. Y aunque hoy haya mucho más crédito y herramientas que años atrás -lo que, de hecho, fue noticia en plena Expoagro- en el sector aseguran que, para su segmento específico, todavía es difícil hablar de grandes inversiones.
Mirá la entrevista completa:
“Decimos que necesitamos comprar máquinas, que queremos producir mucho más de lo que se está produciendo, pero a la hora de invertir no se puede porque tenemos muy poca rentabilidad y los números son cada vez más ajustados”, expresó Simone, que celebra los esfuerzos de muchas fabricantes y entidades bancarias en ofrecer herramientas, pero pone el acento en un tema que prácticamente pasó desapercibido en esta Expoagro.
“Hay algo fundamental de lo que, me llama la atención, no se está hablando mucho, que es el pedido de la quita de retenciones al agro. Es lo que se necesita para que toda la cadena del agro empiece a funcionar”, agregó el dirigente.
No es teoría de derrame, sino lógica pura del negocio: el productor debe ganar bien para que el contratista también lo haga. Y por ello, Simone asegura que hay que trabajar en la base de esa rentabilidad, en gran parte explicada por los derechos de exportación.
Entretanto, lo cierto es que el orden macroeconómico mejoró mucho las condiciones en el sector, pues los precios de la maquinaria tendieron a estabilizarse y mejoraron las condiciones crediticias, en algunos casos incluso con financiamiento a tasa cero en dólares y por debajo del 20% en pesos, como lo anunciado recientemente por las bancas públicas nacional y bonaerense.
La cuestión ahora, señalan los contratistas, es doble. Por un lado, acceder a los créditos en dólares, que muchas veces no es posible porque cobran en pesos. “Es inentendible y muestra que hay un gran desconocimiento, nosotros estamos muy ligados al dólar”, apuntó Simone.
La otro son las condiciones y plazos, un aspecto no menor para un parque de maquinarias con claros síntomas de antigüedad
“El parque de maquinaria en la Argentina está muy viejo, entonces la máquina que tenemos nosotros para entregar significa muy poca plata para comprar alguna máquina nueva. Y es ahí donde radica el problema del financiamiento”, observó el dirigente.
La saluda, opina, está en los tiempos necesarios para amortizar el equipo y empezar a actualizar los “fierros” que transitan el agro. “A los bancos les falta pensar en créditos a más largo plazo, porque cuando te sentás en la oficina en la casilla a hacer cuentas no dan los números y se hace imposible comprar una máquina”, agregó Simone, que arquea las cejas para lanzar una advertencia: “El contratista no debe ser la variable de ajuste del campo”.

Entre tanto maniqueísmo, a veces es difícil encontrarle asidero a ciertas opiniones, aunque no sean necesariamente pesimistas ni opositoras. A fin de cuentas, es el rol que le cabe a la dirigencia rural, destinada a defender intereses antes que posturas políticas.
Por ello es que Simone insiste con volver a poner en agenda la rebaja de retenciones y no escaparle a los pedidos sectoriales, más aún cuando de eso depende la subsistencia de gran parte de la cadena. “Más allá de que tenemos buen diálogo con el gobierno, a las cosas hay que decirlas para que no pasen de largo ni se olviden. Hay medidas que en Argentina tardan mucho en llegar”, concluyó.





