Una empresa que trabaja con bioinsumos de origen suizo busca abrirse paso en los cultivos extensivos con una tecnología que apunta a resolver una de las principales barreras que enfrenta este tipo de productos, y es la dificultad práctica para incorporarlos en el manejo habitual de los productores.
La propuesta consiste en cambiar la forma de aplicar microorganismos benéficos en las semillas, pasando de formulaciones líquidas a un sistema sólido que se agrega directamente en la tolva de la sembradora.
La iniciativa es impulsada por Agricheck, la filial local del laboratorio suizo Andermatt, que comenzó a introducir en el país una línea de bioinsumos de alta concentración y ahora busca expandir su uso en cultivos como maíz, girasol o sorgo.
“Nosotros somos la filial número veinticinco a nivel mundial del laboratorio Andermatt, laboratorio suizo, de buena calidad, y estamos lanzando de todo un poco, pero tratando de innovar, sobre todo, en darle practicidad al productor”, explicó Alan Schmidt, proveedor de bioinsumos de Agricheck.
El desafío no es menor. Aunque el discurso en torno a los bioinsumos crece en todo el mundo como alternativa para reducir el uso de agroquímicos, en el campo todavía persisten dudas y resistencias, sobre todo cuando se trata de modificar prácticas productivas muy consolidadas.
“Hay de todo, hay mucha resistencia. Pasa que es difícil también la incorporación. El hecho de que vos le digas a un productor ‘bueno, ahora tenés que hacer un tratamiento de semilla, tenés que ponerle un bichito que él no conoce, que al mismo tiempo tiene que cuidarlo del frío, del calor’. No es lo mismo que el químico. Le estás introduciendo un biológico, un bicho vivo”, señaló Schmidt.
Según explicó, parte del trabajo de las empresas del sector consiste en capacitar a distribuidores y productores para que comprendan el funcionamiento de estos productos.
“Hay que tomar, hay que ser escuela, totalmente escuela, todo de nuevo, partir de cero. Por más que históricamente trabajamos con Rhizobium, la gente usa eso en soja, pero ahora tiene que volver a estudiar todo nuevo. Así que es todo un trabajo el que nosotros hacemos de escuela, que le hacemos a los distribuidores, a los productores”, indicó.
La innovación que ahora intenta impulsar Agricheck apunta precisamente a simplificar ese proceso. Tradicionalmente, la inoculación de semillas con microorganismos se realiza mediante formulaciones líquidas que deben aplicarse antes de la siembra, lo que exige equipamiento específico o tratamientos previos de la semilla.
La nueva tecnología cambia ese esquema al incorporar los microorganismos en una formulación sólida basada en talco grafitado.
“Hasta ahora se hace tratamiento líquido de semilla. Necesitás muchas veces una máquina o incorporarlo en una tolva para mojar la semilla y que quede con el producto. Ahora nosotros eliminamos esa barrera al agregar los microorganismos, en este caso Trichoderma, bacterias fijadoras de nitrógeno, todas en una formulación de talco grafitado”, explicó Schmidt.
En la práctica, el productor puede agregar el producto directamente en el cajón de la sembradora, junto con la semilla, minutos antes de salir al lote.
“Vos lo aplicás en el momento preciso que vas a salir a sembrar. Evitás primero pérdidas de microorganismos que se van muriendo con el paso del tiempo. En vez de inocularlo tres o cuatro días antes, vos lo inoculás minutos antes de la siembra”, describió.
El sistema aprovecha además un insumo que los productores ya utilizan habitualmente para mejorar el flujo de semillas dentro de la sembradora.
“El productor, encima, está familiarizado con el talco y grafito, porque lo usa hace mucho para que baje mejor el maíz o el girasol”, detalló.
Mirá la entrevista completa con Alan Schmidt:
El objetivo de la inoculación sigue siendo el mismo: poner en contacto a la planta con microorganismos capaces de mejorar su desarrollo.
“Ahí incorporamos una trichoderma, que nos va a potenciar el rendimiento. ¿De qué manera? Estimula el crecimiento de raíces, tenemos una planta mejor anclada, más fuerte, adquiere más recursos, más agua, más nutrientes”, explicó Schmidt.
Uno de los cultivos donde la empresa ve mayor potencial es el maíz, donde la inoculación todavía tiene muy baja adopción en comparación con la soja. “Vengo hace tres años tratando de que el productor inocule el maíz y no lo he logrado para nada. He perdido en esa batalla”, reconoció Schmidt. Pero el nuevo sistema podría cambiar ese panorama.
El problema principal de los tratamientos líquidos en maíz es que pueden generar roturas en la semilla durante el proceso de manipulación, lo que abre conflictos con las empresas semilleras.
“Cuando hacen un tratamiento líquido, quiebran, parten las semillas de maíz y podés tener riesgo con problemas con la semillera. Si algún problema después tiene la semilla, bueno, es lo primero que te van a reclamar. Con esto eliminamos esa barrera, hacemos un tratamiento directo y el productor no tiene problema con su semilla”, explicó.
Durante el primer año de lanzamiento, la empresa logró introducir el producto en una pequeña porción del mercado. “El año pasado logramos entrar en el dos por ciento del mercado de maíz. Bastante para ser un producto de lanzamiento. Primer año, creemos que nos fue muy bien, y este año planeamos llegar hasta el cinco por ciento”, indicó.
Más allá de este desarrollo, la empresa también anticipa la llegada futura de otras tecnologías biológicas que todavía tienen poca presencia en los cultivos extensivos. Entre ellas, insecticidas basados en virus específicos para determinadas plagas.
“Hay un virus específico para cada lepidóptero, y poder controlarlo con eso haría que sea más inocuo todavía para los cultivos”, explicó Schmidt.
Según contó, esta tecnología se utiliza desde hace años en frutales como pera y manzana, y el desafío ahora es trasladarla a la agricultura extensiva.
“En Suiza lo desarrollaron desde el año ochenta y ocho. En pera y manzana se está utilizando desde el año dos mil cinco. Y ahora trataremos de incorporarlo a los cultivos extensivos, que es el desafío”, concluyó.




