Meses atrás, la primera alerta la había dado el INTA, cuando advirtió que el gusano cogollero, una de las plagas más importantes en el continente, estaba avanzando sobre lotes de maíz de forma inusual, incluso sobre aquellos con tecnología Bt, que se suponía hasta ahora efectiva contra este insecto.
Ahora, en conjunto con la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid, esa entidad vuelve a traer novedades, que tampoco son buenas: se halló evidencia de resistencia también al clorantraniliprole, uno de los insecticidas químicos más utilizados en maíz y soja.
“El gusano cogollero no para de sorprender”, expresa un informe que acaba de difundir la entidad, donde se resumen los hallazgos recientes en el norte de Santa Fe y se repasa una única certeza en medio de la incertidumbre: hay que ajustar estrategias para prevenir retrocesos.
Cuando volvieron sobre las poblaciones que habían dado que hablar a mediados del año pasado, los investigadores de INTA Marcos Juárez e INTA Reconquista confirmaron que la problemática es mayor a lo esperado: el gusano cogollero no sólo muestra signos de resistencia a la proteína Bt Vip3Aa20, incorporada hace ya 15 años para el control de esta plaga, sino también a los métodos químicos, a los que tuvieron que echar mano fruto de ese primer hallazgo.
Justamente, esta evidencia de mayor tolerancia se produce en un contexto de alta incidencia de este insecto, una expansión favorecida por las altas temperaturas. “Es una alerta temprana que, en el contexto actual, no debe pasar desapercibida”, señalaron desde Aapresid.

En concreto, el trabajo de los especialistas del INTA consistió en evaluar la respuesta toxicológica al activo Clorantraniliprole de una población de gusano cogollero sobreviviente a Vip3Aa20 recolectada en Reconquista en septiembre de 2025. Y los resultados fueron contundentes.
En comparación con las poblaciones de Marcos Juárez (Córdoba) y La Cocha (Tucumán), donde se observó un 100% de mortalidad, las del norte santafesino apenas alcanzaron el 83%, incluso con mayores dosis de insecticida. De hecho, el CL50, que indica la concentración necesaria para matar al 50% de los individuos de una población, fue 21 veces más alto que en Marcos Juárez y 9 veces más que la localidad tucumana.
Eso indica, a claras tintas, que hay una resistencia incipiente ya no sólo a la genética sino incluso a los controles químicos, tras la exposición por contacto e ingestión que en otras condiciones era totalmente efectiva.

Lo explicado por los especialistas a cargo de los ensayos, Fernando Flores y Emilia Balbi -del INTA EEA Marcos Juárez-, es que los hallazgos concuerdan con estudios internacionales que muestran que la tolerancia a diamidas puede incrementarse progresivamente bajo exposición continua. Eso responde a mecanismos genéticos asociados a detoxificación o modificaciones en los receptores de rianodina.
En ese sentido, difundieron una serie de recomendaciones para ir hacia estrategias de manejo más eficaces de cara a la campaña actual, en la que, aseguran, se puede “preservar la eficacia de las herramientas disponibles y sostener un sistema productivo más sustentable frente a una plaga que, una y otra vez, demuestra su enorme capacidad de adaptación”.
En ese sentido, la insistencia es doble. Por un lado, fortalecer de una vez por todas el sistema de refugios, es decir, aquellas prociones del lote sembradas con maíz no Bt para evitar la resistencia a proteínas. Y, por el otro, la clásica: planificación y más planificación.
“La eficacia del control químico depende críticamente del momento de aplicación, que debe realizarse cuando predominan larvas pequeñas (L1–L2), y con 10-20% de plantas con daño de grado 3. Las intervenciones tardías, con larvas dentro del cogollo, reducen la eficacia de control y aumentan la presión de selección sobre los individuos sobrevivientes”, destaca el informe, que llama a hacer intervenciones “sólo cuando la dinámica poblacional realmente lo justifique” y acorde a las buenas prácticas vigentes.
Entre ellas, por supuesto, desde Aapresid destacaron el adecuado tamaño de gota, la cobertura uniforme, la estabilidad de la mezcla y la minimización de la deriva. Además, ante este nuevo escenario, llamaron a acortar el intervalo de monitoreo, especialmente en períodos cálidos, e ir hacia la rotación efectiva de modos de acción para evitar la resistencia.
“El desafío es, hoy más que nunca, no desesperar y actuar preventivamente antes de que estos procesos de pérdida de sensibilidad se profundicen”, concluyeron desde la entidad.





