Por el lugar donde proliferan, las algas de la familia Ascophyllum nodosum resultan muy beneficiosas para combatir el estrés abiótico de las plantas. Y es que si bien esta vegetación no sufre de sequía, ni de inundaciones, de limitaciones nutricionales o por la compactación del suelo, sí saben bien de condiciones extremas. Y hubo alguien que supo aprovecharlo para convertirlas en bioestimulantes y fundar un emporio con ellas.
Esta especie crece de forma natural en las frías aguas del Atlántico Norte, especialmente en zonas costeras de Canadá, Estados Unidos, Irlanda y Noruega, donde ni las mareas, ni la salinidad ni la temperatura conocen de términos medios. De hecho, allí las oscilaciones térmicas pueden variar entre los -22 y los 38 grados. Por eso, su capacidad de adaptación es tan útil cuando se la traslada a los cultivos.
Quien descubrió ese potencial no explotado fue, justamente, un canadiense llamado Louis Deveau, que pasó de ver a su padre recolectar algas y usarlas en su propia huerta de Nueva Escocia, a fundar una firma que llevó eso a otro nivel.

Formalmente, Acadian Seaplants Limited se fundó en 1981 y no fue hasta una década más tarde, con desarrollo, investigación y mucho trabajo mediante, que vendieron su primer extracto de algas para plantas. Lo que hoy es un inoculante comercializado en ya más de 80 países, y distribuido en Argentina por la firma de biológicos Koopert, tiene una larga historia
El trabajo más complejo inició en realidad a mediados de los noventa, cuando en conjunto con técnicos y especialistas Louis diseñó un mecanismo para cosechar sus algas de los más de 3000 kilómetros de costas canadienses sin dañar el ecosistema. Fue así como, de una austera oficina en su casa, su empresa asistió a un despegue excepcional, inundando con esa vegetación marina a varios mercados de Estados Unidos, Sudamérica, Europa y hasta Japón.

En concreto, la idea detrás de Acadian Plant Health, el bioestimulante líquido que hoy venden en todo el mundo, no ha cambiado demasiado. Se trata de un extracto de algas Ascophyllum nodosum diseñado para aplicarse vía sistema de riego o drench, y que alcanza tanto a cultivos convencionales como orgánicos.
“Reconocida por su alta concentración de compuestos bioactivos, esta tecnología actúa directamente sobre la fisiología de las plantas, estimulando procesos naturales relacionados con el crecimiento, la resistencia y la eficiencia nutricional”, cuentan desde la firma.
Gracias a sus compuestos naturales, como betaína, manitol, ácido algínico, promotores de reguladores de desarrollo y aminoácidos, las algas modulan parámetros fisiológicos y permiten a la planta resistir a temperaturas extremas, condiciones de salinidad y sequía.

“Su acción favorece el desarrollo del sistema radicular, mejora la absorción y el aprovechamiento de los nutrientes del suelo y contribuye al equilibrio metabólico de las plantas, dando como resultado cultivos más vigorosos, uniformes y productivos”, describen desde Acadian, una firma que llegó varias décadas antes al boom de los biológicos y de la agricultura sustentable.
Pasaron 45 años desde que aquel joven curioso se lanzó a conectar el mundo marino con el agro. Hoy la firma la dirige su hijo, Jean-Paul y, a pesar del crecimiento que tuvo las últimas décadas, mantiene su impronta familiar y abre velas para aprovechar el ventarrón favorable para ese tipo de insumos.
“La ciencia de las algas se consolida como una aliada estratégica de la agricultura, integrando innovación, productividad y respeto por el medio ambiente”, reafirma la empresa canadiense.




