El investigador del Conicet Matías Mastrángelo, en esta nota especial que envió a Bichos de Campo, sostiene que la discusión sobre el OTBN (Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos) en la provincia del Chaco no es solo productiva ni solo ambiental.
Explica el biólogo especializado en servicios ecosistémicos que el debate debería ser, ante todo, “una discusión sobre la sostenibilidad, ya que si el bosque nativo es el capital de la actividad forestal, extraer por encima de su tasa de crecimiento equivale a empezar a consumirlo”. Por eso sostiene que “los números de los últimos 15 años invitan a una reflexión productiva de largo plazo”.
Esta es la nota de opinión:

En el debate sobre la actualización del Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) en Chaco se han cruzado muchas voces. Pero quizás el eje central no esté en una discusión ambiental versus productiva, sino en una pregunta más simple: ¿qué modelo económico permite que la actividad forestal sea rentable y genere empleo hoy sin comprometer su viabilidad mañana?
El mundo productivo está acostumbrado a distinguir entre capital y renta. El suelo es el capital del agricultor. El rodeo y la pastura son el capital del ganadero. En el caso del productor forestal chaqueño, el capital es el bosque nativo en pie. Sin bosque nativo con capacidad de crecimiento, no hay actividad forestal que perdure.
Ese bosque nativo en pie genera un rendimiento anual. Entre muchos otros beneficios, del bosque nativo pueden aprovecharse rollos, rollizos, postes y leña de sus quebrachos, algarrobos y palos santos. En términos económicos, estos productos madereros primarios equivalen a los intereses de una caja de ahorro. Y aquí aparece una analogía que puede ayudarnos a ordenar el debate: manejar el bosque sin descapitalizarlo es exactamente lo mismo que vivir de los intereses sin tocar el capital.
La diferencia es que, en este caso, la tasa de interés no la fija un banco. La fija la naturaleza. Es la tasa de crecimiento del ecosistema. Ingenieros forestales contratados por el Ministerio de Producción del Chaco estimaron que un aprovechamiento sostenible equivale aproximadamente al 80% del crecimiento anual del bosque, que ronda 1 metro cúbico por hectárea por año. Ese es el techo productivo si se quiere evitar la descapitalización.
¿Qué muestran los números de los últimos 15 años?
Los bosques remanentes del oeste provincial, en los departamentos de Almirante Brown y General Güemes, suministran la mayor parte de los productos forestales. Cuando comenzó a regir el primer OTBN en 2009, el oeste chaqueño contaba con alrededor de 2,6 millones de hectáreas de bosques nativos fuera de áreas protegidas según el inventario forestal. Sin embargo, según esa misma fuente oficial, más de la mitad ya estaban degradadas. El capital efectivamente aprovechable rondaba los 1,2 millones de hectáreas.

Desde entonces ocurrieron dos procesos simultáneos en el oeste chaqueño. Por un lado, desmontes e incendios impulsados por la actividad agropecuaria redujeron la superficie de bosque aprovechable para el aprovechamiento forestal a un ritmo promedio de 32.000 hectáreas por año. Por otro lado, los productores forestales talaron bosques a un ritmo similar al de los desmontes. Bosques que deberán crecer durante varias décadas hasta que su aprovechamiento vuelva a ser rentable.
El resultado es concreto: el capital forestal aprovechable se redujo en más del 90% entre 2009 y 2025. En apenas una década y media, el bosque nativo del oeste chaqueño perdió casi toda su base productiva.
Volvamos a la caja de ahorro. Si una empresa retira todos los años los intereses que genera su inversión, el capital se mantiene. Pero si además comienza a retirar parte del capital, la rentabilidad futura se reduce. Puede haber un período de ingresos altos, pero a costa de achicar la base que los sostiene.
Hoy, con la superficie disponible, la tasa de cosecha sostenible en el oeste chaqueño es inferior a 100.000 toneladas anuales de productos madereros primarios. Sin embargo, el volumen de madera extraída del oeste provincial ya ha superado el volumen de cosecha sostenible en los últimos ocho años. En otras palabras, la actividad forestal ya opera por encima de la capacidad de su principal capital.
La actualización regresiva del OTBN profundiza esta tendencia. En el corto plazo puede generar ingresos mediante el aprovechamiento de la madera tumbada por las topadoras. En el mediano plazo, reduce la base que permite que la actividad forestal siga existiendo. Si en el oeste provincial la cosecha forestal anual se mantiene por sobre las 400.000 toneladas y se desmontan las más de 200.000 hectáreas que habilita el nuevo OTBN, se estará extrayendo muy por encima de lo que el ecosistema puede reponer.
Ninguna empresa puede sostener a lo largo del tiempo una estrategia que retira más de lo que el capital genera. No se trata de enfrentar producción y ambiente. Se trata de discutir gestión de capital.

El bosque en pie no solo produce madera. También sostiene actividades como la apicultura y el turismo de naturaleza, que generan empleo y divisas, y diversifican los ingresos sin descapitalizar el recurso. Junto con la producción forestal sostenible, estas actividades económicas pueden generar múltiples flujos de renta si se administra el capital natural con visión estratégica.
La pregunta clave es económica, no ideológica: ¿conviene maximizar la renta inmediata o preservar el capital para asegurar ingresos sostenidos? En cualquier empresa bien gestionada, la respuesta es evidente. La descapitalización puede dar resultados rápidos, pero erosiona la competitividad futura. Administrar el capital con prudencia puede implicar moderar ganancias en el corto plazo, pero asegura estabilidad y previsibilidad en los ingresos y las fuentes de trabajo.

El sector forestal enfrenta hoy esta disyuntiva. Si la extracción de madera continúa por encima de la tasa de crecimiento natural y, además, se reduce la superficie de bosque aprovechable mediante nuevos desmontes, la actividad forestal podría entrar en una espiral de rendimientos decrecientes: menor capital, menor crecimiento, menor producción.
La sostenibilidad no es una consigna abstracta. Es una condición básica para que cualquier actividad económica pueda sostenerse en el tiempo. Pensar el bosque como una caja de ahorro no es un recurso retórico. Es una forma de traducir la discusión ambiental a un lenguaje productivo. Porque, en definitiva, el capital natural es un elemento central del balance económico de la provincia.
La decisión que se tome hoy sobre el manejo del bosque nativo no solo definirá el estado del ecosistema. También definirá la solidez económica y la generación de empleo de una actividad que forma parte de la identidad productiva chaqueña. La pregunta final es simple y directa: ¿queremos vivir de los intereses o empezar a liquidar el capital?




