El pasado 11 de febrero se celebró el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, una fecha que pretende recordar las contribuciones de las mujeres en el ámbito científico, así como sensibilizar sobre la necesidad de que avance en ese campo la igualdad de género.
En ese marco, la Organización Mundial de Salud Animal (OMSA) publicó una reflexión sobre la feminización de los servicios veterinarios a nivel mundial, que si bien tiene cada vez mayor participación de mujeres, mantienen brechas difíciles de cerrar.
De acuerdo con ese organismo, las mujeres representan hoy cerca de la mitad de los profesionales en ejercicio y en torno al 80% del estudiantado en medicina veterinaria. Y si bien las cifras son positivas, aquella tendencia “no se traduce automáticamente en una representación equitativa en los cargos directivos, las asignaciones sobre el terreno, los niveles salariales o la autoridad en la toma de decisiones”.
Por el contrario, hay desigualdades estructurales que persisten. Detalló la OMSA: “Los puestos de liderazgo, la titularidad de las clínicas y las funciones de campo siguen estando ocupados de manera desproporcionada por hombres. Las mujeres suelen concentrarse en laboratorios, en el cuidado de animales de compañía y en funciones administrativas o de apoyo, donde la influencia y la autoridad son relativamente limitadas. Para agravar la situación, las mujeres veterinarias continúan percibiendo ingresos inferiores a los de sus homólogos masculinos, especialmente entre los recién graduados y los grupos de mayores ingresos, una situación impulsada por estructuras laborales obsoletas y estereotipos de género profundamente arraigados”.
A esto hay que sumarle otro dato relevante: la participación masculina en el sector disminuye. Datos recopilados por ese organismo dan cuenta de que por cada aumento del 1% en el número de estudiantes mujeres dentro de una facultad de veterinaria, se registran aproximadamente 1,7 solicitudes masculinas menos al año siguiente.
“Si bien las causas aún deben esclarecerse, las implicaciones son evidentes: escasez crónica de personal en las zonas rurales y en los puestos físicamente exigentes sobre el terreno, donde las mujeres afrontan limitaciones relacionadas con la seguridad y suelen disponer de condiciones laborales poco atractivas”, sostuvo el escrito.
“En otras palabras, el aumento de la participación femenina también pone de manifiesto la incapacidad del sistema para adaptarse a los cambios de la fuerza laboral. Sin abordar los obstáculos estructurales y culturales, el efecto combinado de la «feminización» y de la disminución de las matriculaciones masculinas corre el riesgo de producir el resultado contrario al deseado: el debilitamiento de la cobertura de los servicios y la interrupción de la continuidad de las funciones veterinarias esenciales”, marcó a continuación.
Citada por aquella organización, la presidenta de la ONG Through Women’s Eyes, E. Scott Osborne, afirmó: “Se trate del entorno físico, de la jerarquía corporativa, de los horarios de trabajo, de las modalidades de ascenso o de los criterios de promoción, todo fue concebido por hombres. Hasta la segunda mitad del siglo pasado, los hombres crearon sistemas para satisfacer las necesidades, objetivos, prioridades y horarios de los hombres, a menudo en una época en la que muchos tenían una esposa que no trabajaba fuera del hogar. Hoy vivimos en un mundo en el que muchas mujeres forman parte de la población activa, pero esos sistemas han permanecido en gran medida inalterados”.
En este contexto, y durante la 92.ª Sesión General, la OMSA dialogó con sus miembros para identificar prioridades a atender en torno a esta problemática, con el objetivo de orientar una futura estrategia dentro de la organización.
Entre los principales desafíos identificados figuran: la falta de políticas específicas para atraer y retener una fuerza laboral equilibrada desde el punto de vista del género; las presiones derivadas de las responsabilidades de cuidado y las limitaciones en materia de conciliación entre la vida profesional y la vida privada; la persistencia de expectativas sociales que refuerzan los estereotipos de género y siguen relegando a las mujeres a funciones poco dinámicas, alejadas de las zonas rurales o del trabajo de campo.
“Los Miembros han expresado de forma mayoritaria su deseo de que la OMSA apoye activamente estrategias sensibles al género para hacer que la comunidad sea más inclusiva. Asimismo, desean que la OMSA recopile y analice datos sobre la fuerza laboral y proporcione orientaciones sobre el uso de esta información para elaborar políticas equitativas y sostenibles”, concluyó aquella organización.




