En la lucha contra la garrapata, la resistencia de ese parásito a los productos que se aplican para su control es un factor más que importante a tener en cuenta. Aquel fenómeno, que se describe como la pérdida de eficacia de un insecticida frente a una población de insectos previamente susceptibles, comenzó a manifestarse en la década del 1940 y llega hasta nuestros días en niveles preocupantes.
Frente a ese panorama, el veterinario y responsable de la oficina de Senasa en Villaguay, Néstor Zanolli, indica que las tareas de docencia de parte de los profesionales son fundamentales.
“Hay que concientizar a los productores sobre la importancia de tratar y erradicar a la garrapata en cada campo, de hacer las cosas bien, porque ella es lenta pero efectiva. Si no se hacen las cosas bien, en algún momento va a resurgir. Puede pasar un año hasta verla pero va a volver”, dijo el entrerriano en conversación con Bichos de Campo.
Y mientras la industria farmacéutica ensaya con la aplicación de novedosas moléculas, el veterinario elige volver sobre las prácticas más empleadas.
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En primer lugar, marcó la importancia de enviar muestras de las garrapatas detectadas al laboratorio para un análisis de resistencia previo, que permitirá decidir por el mejor tratamiento a emplear.
“Generalmente la resistencia a garrapatas tiene más que ver hoy con la ivermectina, de mayor difusión porque no solo es garrapaticida sino que tiene otra función como antiparasitario interno. Si se utiliza mal, se genera un hábito y aparece la resistencia. Lo mismo con los productos para baños”, señaló Zanolli.
En Villaguay, donde el veterinario también atiende a privados, el uso de productos de tipo “pour on” viene surtiendo efecto. “Usándolos en tiempo y forma no generan problemas”, sostuvo, y recordó que importa no solo la cantidad sino el momento de la aplicación.
“Son productos que se difunden por la piel y se absorben por esa vía, generando así la protección. Si está anunciada lluvia, mejor no aplicarlos ya que pueden no surtir efecto. Ahí tenemos que observar los niveles de residualidad absoluta en el organismo, que varían según la prescripción”, explicó Zanolli.
En cuanto al uso de baños, destacó que son muy útiles para los planteos más grandes, ya que permiten tratar mayor cantidad de animales. Sin embargo, aunque el costo por dosis es menor, requieren de una inversión inicial para la infraestructura, que incluye el armado de una fosa y escurrideros.
Por último, sostuvo que es necesario que los productores trabajen de forma coordinada y comparan la responsabilidad en los tratamientos, para evitar el contagio entre campos vecinos.
“En un campo donde yo trabajo, al dueño no le gustó que tengamos que hacer tratamientos porque él tiene un rodeo cerrado, es decir, que no ingresa animales de fuera. Solo compra en remates de reproductores y por esa vía no pudo ingresar la garrapata. Es claro que se contagió por un lindero. Entonces, me decía: ‘¿Y a mí quién me paga el tratamiento?’. Es un compromiso compartido y de ahí la importancia de hacer las cosas bien y concientizar”, finalizó.




