Los esfuerzos del gobierno chino para reducir su dependencia de la soja importada han generado resultados muy modestos a pesar de los intentos por forzar las estadísticas oficiales con el propósito de mostrar lo contrario.
A partir de 2021 China puso en marcha programas piloto para reducir el uso de harina de soja en las raciones forrajeras y en 2023 el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales emitió un “Plan de Acción Trienal para Reducir el Uso de Harina de Soja”, que incluye tanto el uso de sustitutos (como pellets de girasol, maní, colza y algodón) como de aminoácidos esenciales (especialmente lisina, metionina y treonina).
Jilang Qing y Joe Janzen, investigadores del Departamento de Agricultura y Economía del Consumo de la Universidad de Illinois, EE.UU., evaluaron el impacto de tal medida. Para eso emplearon estadísticas oficiales de China, estimaciones realizadas por el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) y fuentes privadas de China.
El estudio muestra una divergencia muy grande entre las estadísticas públicas chinas y las estimaciones realizadas, en base a datos del comercio exterior, por el USDA. Los datos aportados por fuentes del sector privado (cuyo acceso fue factible hasta el 2022) también difirieron de los oficiales de la nación asiática.
“La divergencia es más pronunciada en el período 2021-2024: los datos del USDA implican que el uso de harina de soja para alimento continuó aumentando durante este período, mientras que las series oficiales de China muestran una disminución en el consumo de harina de soja”, señala el informe.
“Esta diferencia se traduce automáticamente en tendencias contrastantes en las tasas de inclusión implícitas: mientras que las estimaciones chinas muestran una disminución relativamente suave y continua de hasta alrededor del 13%, las estimaciones basadas en el USDA se estabilizan o incluso suben ligeramente hasta alrededor del 16%. Los resultados que utilizan datos de la industria de terceros generalmente corroboran las estimaciones basadas en el USDA, aunque estos datos no están disponibles para los años más recientes”, añade.
Los resultados indican que los datos oficiales del gobierno chino sobrestiman la magnitud y la uniformidad de la reducción en las tasas de inclusión de harina de soja en las raciones forrajeras.
“La principal ventaja de los datos del USDA sobre la oferta y la demanda de productos básicos es que se concilian con los datos globales de producción, consumo y comercio, y cumplen la condición de que la disponibilidad del producto debe ser equivalente a su uso. Los datos del USDA presentan una consistencia interna que las estadísticas del gobierno chino podrían no presentar, especialmente porque China no publica datos oficiales de inventarios”, resume el estudio.







