“Hacía falta que tengamos menos papa”. Con esa frase, Alfredo Pereyra, el presidente de la Federación Nacional que nuclea a los productores de ese alimento, demostró que hay sectores donde el achicamiento de la superficie y la baja productiva pueden ser escenarios muy celebrados.
Eso es exactamente lo que ocurre ahora dentro de aquella economía regional, que inició una etapa de reacomodamiento luego de un año marcado por la sobreoferta del tubérculo y la caída abrupta de los precios, que obligó a malvender, descartar y hasta a dejar de cosecharlo. Pero el fenómeno, que representó el peor episodio en su tipo en 20 años, no es uno desconocido para los productores.
“El techo es histórico: a menos oferta, menor precio. Es muy difícil salir de ahí”, definió a Bichos de Campo Pereyra, que se dispuso a realizar una radiografía del sector.

“En el país estimamos que hay unos 800 productores de papa, distribuidos entre Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Jujuy, Río Negro y Catamarca. Se suelen sembrar unas 80 mil toneladas por año en el país, cuyo rinde promedio es de 40 toneladas por hectárea en las zonas más productivas como el sudeste de Buenos Aires. Después entra el juego el clima: el año pasado tuvimos una cosecha histórica y no hubo quien pudiera consumir eso”, graficó el productor.
A pesar de estar en el top 5 de los principales alimentos consumidos a nivel mundial, la papa tiene un mercado finito, tanto en el mercado interno local como en mercados del exterior. En el caso de la foto del 2025, ni los argentinos ni los mercados que el país tiene abiertos afuera pudieron absorber todo lo que se produjo.
“No recuerdo un año tan malo como el pasado. Se tiró mucha papa, se regaló mucha papa, incluso se dejó otra tanta bajo la tierra. Tanto es así que no sabemos cuánta quedo sin ser consumida”, lamento Pereyra.
Fue tal la situación el impacto en los precios que desde la Federación estimaron que en la última campaña los productores solo recuperaron un 30% de su inversión.
“Sembrar papa cuesta entre 8 mil y 10 mil dólares. El año pasado, el que gastó 10 mil recuperó 3 mil. Ahí tenés que pensar en otro problema: los insumos los comprás todos en dólares y durante el año recibís pesos. En un país con tanta incertidumbre, eso te empeora el negocio”, sostuvo el productor.
Es por eso que durante la última edición de la Fiesta Nacional de la Papa, en Nicanor Otamendi, el sector celebró que la superficie sembrada en Buenos Aires se achicara un 12% respecto a la campaña anterior.
Y lejos de tratarse de un fenómeno local, Pereyra se refirió al panorama externo, también trastocado por la sobreoferta.
“Europa, por ejemplo, vio bajar un 25% el precio interno de su papa, por el ingreso de una cantidad extraordinaria de producto proveniente de China e India. Los bombardearon con pre-fritos congelados, cuando ellos antes eran los grandes importadores. Eso hizo que Brasil le pudiera comprar papas a Europa, aprovechando un flete más barato que el nuestro desde Balcarce. Eso hizo que nuestra exportación también bajara”, señaló.
“Los productores de papa también están perdiendo plata. En Alemania, Francia y España ya están sembrando un 25% menos porque se funden todos. En todas las zonas productoras tenemos un exceso”, añadió a continuación.
-¿Hay forma de romper ese techo y producir más sin que eso derive en una crisis?- le preguntamos a Pereyra.
-Es muy difícil. Lo que tenemos que hacer es tener los datos de lo que se consume, de lo que se siembra, y tomar determinaciones en función de eso. Si sobra papa, el mercad no resiste y baja. El mercado de la carne no tiene problema en crecer, el de los cereales tampoco, pero en papa no hay manera. Lo único que podríamos hacer es exportar un poco más de papa semilla, pero es muy difícil porque los países se cuidan mucho de que no ingrese ninguna enfermedad.
-¿Hay algo que los productores pedirían en caso de poder?
-Si decimos un dólar más barato, sabemos que no se hará porque una devaluación impactará en la inflación. Y pedir una devaluación no la tendríamos que pedir. Fuera de eso, necesitamos créditos para sostener la producción.




