En la actual coyuntura el uso generalizado de bioetanol –como sucede en Brasil– sería de gran ayuda para reducir las presiones inflacionarias presentes en la economía argentina.
El precio del bioetanol maicero destinado al corte obligatorio con nafta se encuentra en el presente mes de enero en 849,9 $/litro, cifra equivalente a 0,59 u$s/litro con tipo de cambio oficial, al tiempo que el bioetanol cañero tiene un valor de 976,4 $/litro (0,68 u$s/litro).
Según cálculos realizados por la consultora Montamat & Asociados, el precio de paridad de importación de la nafta grado 2 –sin considerar impuestos– se encuentra en 0,70 u$s/litro. Se trata de un valor casi equilibrado con el precio en surtidor (sin considerar los elevados impuestos aplicados en los combustibles).
En la Argentina la capacidad de elaboración de nafta es limitada, por lo que el país debe compensar ese déficit con importaciones del combustible. Datos oficiales (Indec) muestran que en 2025 se emplearon 433 millones de dólares con ese propósito.
Vale recordar además que las naftas argentinas alcanzan, en el mejor de los casos, 91 octanos o RON2, pero la especificación técnica mínima para la nafta súper es de 95 octanos. Si no estuviera el bioetanol (125 RON), con cuya mezcla alcanza dicho requerimiento, debería recurrir al MTBE (115 RON) o al Tolueno (111 RON), ambos productos importados y altamente contaminantes.
En lo que respecta al biodiésel, la situación es diferente, porque ese biocombustible –elaborado con aceite de soja– destinado al corte obligatorio con gasoil tiene un valor de 1538,4 $/litro equivalente a 1,07 u$s/litro.
Según cálculos realizados por la consultora Montamat & Asociados, el precio de paridad de importación del gasoil grado 2 –sin considerar impuestos– se encuentra en 0,80 u$s/litro, lo que lo torna más competitivo que el biodiésel.
Eso se debe –en gran medida– a que el precio internacional de los aceites vegetales en general y de soja en particular se encuentran firmes gracias a la políticas de promoción de uso interno de biodiésel instrumentadas en EE.UU., Brasil e Indonesia, naciones que asumen el mayor costo del biodiésel porque consideran que se trata de una cuestión estratégica.







