Dice la leyenda que por donde pasaba Atila no crecía el pasto y parece ser que por donde pasa China no vuelven a crecer las oportunidades de negocios para sus competidores.
Así lo están viviendo desde hace un semestre los productores de ajo mendocino -léase ajo argentino, porque más del 90% de la producción nacional está en la provincia cuyana-, quienes se enfrentan a uno de los desafíos más grandes de los últimos tiempos.
Brasil, el principal destino del ajo argentino, le abrió la puerta al ajo chino, que ha ingresado con el compromiso de respetar los precios de mercado, pero todos saben que China tiene la espalda suficiente para conquistar todo ese mercado a precios imposibles, y ahí está el problema.

La actividad se enfrenta así a una encrucijada en la que tendrá que poner toda su imaginación e ingenio, tal cual lo dicen sus dirigentes, buscando la máxima eficiencia del proceso productivo y nuevos mercados, además de los que ya tiene como destino exportador, en Estados Unidos, España, la Unión Europea, Taiwán, México y Australia.
El inconveniente es que el 70% de la producción argentina de ajo va al mercado brasileño, por lo que si el ajo chino se empieza a imponer, tarde o temprano, los productores de Mendoza tendrán que ganar otros mercados o mermar la producción.

Maximiliano Di Cesare, gerente general de Asocamen (Asociación de Productores, Empacadores y Exportadores de Ajo, Cebolla y Afines de Mendoza) afirma que “frente a esto vamos a tener que ponernos cara a cara ante un desafío enorme, que ya no admite postergaciones. Estamos obligados a maximizar nuestra eficiencia productiva, logística y también comercial, si queremos sostener o ampliar nuestra participación en los mercados internacionales”.
El ajo es la segunda actividad agrícola y exportadora más importante en Mendoza, después de los productos vínicos. En 2025, desde Mendoza se exportó ajo por 126 millones de dólares.
Claro está que no es la soja, que se exporta por decena de miles de millones de dólares. Sin embargo, la actividad emplea a 30.000 familias al año (unos 90.000 trabajadores) por su carácter intensivo de producción y ocupa una superficie cultivada de 13.700 hectáreas.
El directivo no se queja ni despotrica puntualmente contra China o contra la decisión tomada por Brasil, sino que advierte que la actividad puede quedar contra las cuerdas, una actividad que cuando le va bien reditúa en beneficios a Mendoza.
“Además de la mano de obra intensiva y las familias que viven de esta actividad, la producción de ajo moviliza a empresas prestadoras de bienes y servicios de todo tipo, de transporte, de logística, empresas que tienen que ver con el el agro, que venden vehículos, camionetas, tractores y maquinaria. Lo que moviliza el ajo en la provincia es brutal”, destaca Di Cesare.
Y agrega: “es un cultivo que se produce, a diferencia del vino, en todo el territorio provincial, en todos los departamentos, por lo que el impacto económico y social es muy importante”,

Esta performance, coloca a la Argentina disputando cada año junto a España, el segundo puesto como productora de ajo a nivel mundial, ambas detrás y muy lejos, por cierto, de China. Ante el pedregoso panorama, Di Cesare explicó por qué no hay modo de competir con el ajo chino. “Ellos vienen con una estrategia de poner bajo su control el mercado de Brasil, no de competir en los precios”.
Y aunque Brasil es un país extenso, con más de 200 millones de habitantes, eso no parece ser obstáculo para China. “Nosotros tenemos en Mendoza 13.700 hectáreas cultivadas, que representan más del 90% de la superficie plantada en todo el país (San Juan tiene el resto) y Brasil tiene una cantidad similar a la nuestra mientras que China, tiene 900.000 hectáreas de ajo cultivadas. Solo en esa diferencia ya se termina cualquier discusión”, sentencia Di Cesare”.
El directivo se explaya: “Están en otra liga; abrir la puerta al ajo chino es abrirle la puerta a la importación infinita de ajo. Les sobra producción para ir con precios bajos por volumen; el gobierno chino subsidia la cadena, y ellos solos pueden proveer sin problemas a todo Brasil”.
La entrada del ajo chino a Brasil llegó luego de varios años de intentos del gigante asíatico por ingresar a este mercado y de los ajeros argentinos y brasileños, por impedirlo, bajo denuncias de dumping.
Se suponía que como China no es un país miembro del Mercosur, la actividad estaba protegida con los aranceles que se les imponen a los países extra Mercosur, pero al gigante asíatico, esa barrera paraarancelaria les llega a las rodillas.
Por lo que, además, encima del arancel del Mercosur, Brasil impuso otro arancel antidumping, luego de que los empresarios del ajo de ambos países probaran que China no venía a competir sanamente y en familia, sino a quedarse con el mercado.

Pero el 29 de septiembre pasado todo cambió, con la Resolución 797 emitida en Brasil. Sin eliminar la doble barrera arancelaria, el vecino país habilitó un par de excepciones.
La primera excepción fue facilitar el ingreso a 4 compañías chinas productoras de ajo; y la segunda, solo pedirles el compromiso de fijar los precios de mercado que se están comercializando en este Brasil.
Para Maximiliano Di Cesare, la medida es como dejar ingresar al Caballo de Troya, porque los comerciantes chinos podrían fijar precios con un pequeño escalón más abajo de los del mercado, dentro de los límites de la competencia, empujando al resto a bajar ese solo escalón para acomodarse, y volverlo ha hacer de forma leve y escalonada una y otra vez hasta que los ajeros brasileños y argentinos no puedan acomodarse más para competir.

Este temor no es infundado. Hace un par de años, los productores de ajo argentino vieron lo que era sufrir para exportar cuando China estaba en el medio. Tuvieron estancados los cargamentos de ajo que desde Mendoza se exportan por mar a otros países, porque China había copado el puerto de Valparaíso, en Chile.
Cuenta Maximiliano Di Cesare que empresas chinas llegaron al sur de Chile a producir una cereza muy consumida en el país de Oriente y que, de un día para el otro, en tiempo récord, los chinos tenían 8 mil hectáreas en producción. Hace dos años, comenzaron a enviar la cereza a China a través del puerto de Valparaíso.
“Nos vimos en una situación insólita, porque el ajo que vendemos a otros países lo enviamos vía ultramar por Valparaíso (a Brasil va por tierra) y como China estaba sacando la cereza, no había lugar para salir, no había containers disponibles, lo estaban ocupando todo y por supuesto, tenían prioridad”, recordó Di Cesare.

Ante una crisis en proceso por la presencia china en Brasil, se podría deducir que la actividad derive el producto al mercado interno argentino, pero esa opción ya está cubierta. El 20% de la producción nacional de ajó va a la mesa argenta, a consumo gastronómico, a pasta de ajo y algún deshidratado, pero también va al ajo semilla, porque esta hortaliza no se produce a través de semillas botánicas, sino que hay que plantar dientes de ajos para un nuevo cultivo.
Y resulta que incrementarla no es simple, porque el ajo va muy atado a hábitos culturales. “Argentina consumo 500 gramos de ajo por persona por año, mucho menos que Brasil, que consume 2,5 kilos por persona por año, o Corea y China que consumen hasta 7 kilos por persona por año cada país”
A la hora de analizar el cambio de decisión de Brasil, rápidamente aparecen en escena las demoledoras y hasta ofensivas críticas que el presidente Javier Milie le ha proferido al presidente brasileño. ¿Habrán sido un disparador?
Para Di Cesare, definitivamente no. “Para nada, esto es mucho más grande que la pirotecnia política. No pasa por ahí. Hay que recordar que Brasil es miembro de los BRICS, la alianza geopolítica y comercial que une a Brasil, Rusia, Irlanda, China y Sudáfrica, y por lo tanto, en algún momento tienen que ser accesibles con sus socios”.
Con las cartas sobre la mesa, los productores de ajo argentinos esperan ahora la evolución del mercado brasiñlo, sabiendo que tienen algo de tiempo para reaccionar. Si China pisa fuerte, los primeros en hundirse serán los propios productores de Brasil, que no exportan como Argentina porque tienen costos muy altos y venden todo su producto al mundo interno.
Mientras, en Mendoza, ya se animan a anticipar una temporada con menos superficie plantada, al menos, hasta que aclare.





