Si bien en Uruguay no existen los derechos de exportación, la apreciación cambiaria está promoviendo un crecimiento importante de los costos pesificados y eso licúa la competitividad del sector agropecuario oriental.
En ese marco, las cinco gremiales agropecuarias del Litoral –la “zona núcleo” uruguaya– solicitaron al gobierno de Yamandú Orsi que aplique un “un golpe de timón antes de que sea tarde”.
“No estamos bien. La mayoría de los productos que vendemos están con un nivel muy bajo de precios en un país endémicamente caro y la conclusión es clara: si la moneda dólar se deprecia un 20% y los costos en pesos uruguayos suben entre 5% y 8%, ¡los números no dan!”, señalaron.
“El sector agroexportador, que vende en dólares toda la producción, no puede seguir bancando los modelos económicos basados primero que nada en déficit fiscal y desorden de cuentas públicas para después querer convencernos que con un nivel de inflación controlado estamos bien”, añadieron.
La apreciación del tipo de cambio permite mantener a raya la inflación, que en Uruguay es del 3,65% anual con una expectativa para el próximo año del 4,45% y una tasa de política monetaria fijada por el Banco Central (BCU) del 6,50%.
Sin embargo, la contrapartida de esa política es el encarecimiento relativo, medido en dólares, de los costos pesificados, tales como tarifas, salarios y combustibles, entre otros.
“Miren el horizonte que vemos en el campo: ajuste de todas las tarifas públicas a inicio de año; aumentos acordados y retroactivos de sueldos; momento de pagar aguinaldos y licencias; primer cuatrimestre del Banco de Previsión Social (BPS); valores astronómicos de las patentes de automotores; próximo pago de contribuciones rurales”, remarcaron.
“Somos productores agropecuarios y no economistas para tener la llave de la solución, pero necesariamente los cambios deben venir por efectos inmediatos, sea valor del dólar, sea una baja importante en todos los combustibles y energías, sea una baja en las alícuotas para calcular los impuestos del campo”, requirieron.
Si bien la situación, en materia cambiaria, es equivalente a la presente en los años 2022 y 2023, por entonces los precios de la soja y el maíz eran sustancialmente mayores a los actuales, lo que permitía suavizar los efectos de la apreciación del tipo de cambio. Al escenario actual además se suma un déficit hídrico que podría derivar en rendimientos agrícolas 2025/26 menores a los planificados.





