A distantes 72 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca, por la ruta provincial 124, se encuentra San Antonio de Paclín. El entorno natural de su paisaje, transición entre Chaco Serrano y Yunga, se entrelaza con las actividades agrícolas y ganaderas llevadas adelante por pequeños productores familiares.
Los protagonistas de esta nota son tres primos-hermanos que llevan adelante la Granja Avícola Paclín, que maneja 12.000 gallinas ponedoras, con la particularidad de que no utilizan jaulas, sino que son criadas a piso.
Ellos son los hermanos Nicolás y Gonzalo Cruz y su primo, Justino García Posse, quienes tomaron el timón de esta empresa avícola que produce huevos bajo parámetros de bienestar animal, fundamentalmente a partir de no estar enjauladas. Además, producen su propio alimento balanceado y están trabajando en una certificación de calidad para alcanzar nuevos nichos de mercado.

Bichos de Campo entrevistó a Nicolás Cruz, uno de los dueños, y a Maximiliano Flamini, Licenciado en Marketing, quien recientemente está asesorando a la empresa en esta etapa que ellos mismos definen “como un punto de inflexión”.
“Yo soy de Tucumán”, comienza explicando Nicolás, “nuestra llegada a San Antonio tiene mucho más que ver con una historia familiar que con una decisión empresarial. Mi abuelo tenía una casa de campo en San Antonio, que después heredaron mi papá (Gonzalo Cruz padre) y sus hermanos. Con el tiempo mi papá se fue enamorando cada vez más del lugar, y empezó a buscar alguna actividad que le permitiera también arraigarse ahí. Comenzó hace unos 25 años con una empresa de servicios de cosecha y logística, principalmente vinculada al limón en Tucumán, que después continuamos nosotros”.
Hace 15 años, el padre decidió invertir en gallinas ponedoras en San Antonio. Lo curioso es que desde el principio las puso a piso y no en jaulas. “En ese momento no existía de nuestra parte la idea de diferenciarnos a partir de prácticas de bienestar animal, como promovemos hoy. Simplemente se hizo así”, confiesa Nicolás.

Con el tiempo tomaron real dimensión de lo demandante que era esta actividad, que significa estar los 365 días del año con las gallinas. Pero, “poco a poco, ese proyecto, que empezó por el amor de mi papá hacia este lugar, terminó convirtiéndose en una actividad muy importante para nuestra familia”, rememora.
El emprendimiento hoy produce 10.000 huevos diarios (aproximadamente 330 maples), provenientes de gallinas que se desplazan dentro de los galpones, galerías y sectores exteriores. Es la mayor empresa en su tipo en la provincia catamarqueña.
La comercialización es bastante directa y principalmente local. “Tenemos un vendedor con una camioneta que hace recorridos por distintas zonas cercanas a la granja, llegando hasta la capital. Además, tenemos un local comercial en Valle Viejo, donde vendemos nuestros huevos directamente al público”.
Según explican, el principal problema es el precio no diferenciado del huevo dentro del mercado que termina tratando como iguales a productos que provienen de sistemas productivos y de costos muy diferentes.
“Uno de nuestros desafíos actuales es poder empezar a separar esos mercados: encontrar clientes que quieran específicamente un huevo proveniente de gallinas libres de jaulas y que valoren esa forma de producción. Pretendemos que sea parte de la identidad del proyecto y de nuestra marca”, explica Nicolás.
La empresa cuenta con ocho empleados fijos e incorpora trabajadores temporarios en ciertos momentos productivos. “Por el tamaño del pueblo, somos uno de los principales generadores de empleo privado de San Antonio, donde una parte importante de la población trabaja en el sector público”, contextualiza.
“Una granja con gallinas enjauladas demanda mucho menos trabajo y los costos son notoriamente inferiores”, dice. “El problema no es el productor que eligió otro sistema, sino es el mercado que muchas veces no distingue una cosa de la otra. Los dos huevos terminan compitiendo por precio cuando detrás existen formas de producción y estructuras de costos completamente distintas. Lo que estamos intentando hacer es dejar de competir únicamente por precio y distinguirnos por la forma en que producimos”.
Para bajar los costos, mejorar los ingresos y generar autonomía, instalaron en Villa Noriega su propia planta de alimentos balanceados que se llama Molinos Paclín, donde elaboran lo que consumen sus gallinas.
“Como tenemos capacidad productiva disponible, también vendemos alimentos balanceados e insumos de granja a otros productores, en nuestro local de Valle Viejo. Las ventas del molino no son solo locales, estamos escalando regionalmente. Lo producido se está incorporando a nuestro plan de negocios, proyectando alcanzar nuevos mercados nacionales e internacionales”, declara orgulloso.
Al lado de Nicolás se encuentra Maximiliano Flamini, especialista en internacionalización de empresas y comercio exterior, quien comenta sobre las alternativas que vienen desarrollando para lograr los objetivos de diferenciación de la Avícola Paclín.
Como es de público conocimiento el “crecimiento del consumo de huevos en el mercado argentino está en franco crecimiento y, cada vez más, se presta mayor atención a la selección y a la calidad del producto. Por eso buscamos nuestra certificación y la vamos a utilizar como la principal estrategia para llegar al mercado y ser bien recibidos”.
Flamini explica que el nicho es muy específico donde se marca la diferencia en la calidad nutricional, en la calidad de entrega, en la certificación de la calidad de vida animal, por sobre todas las cosas.
“Hoy muchos establecimientos y consumidores están buscando este tipo de producto que garantiza que el animal viva su vida lo más natural posible, y no está forzado a procesos que le aceleren la producción o el crecimiento”. A lo que agrega que “vamos a hacer hincapié en eso a través de la certificación y a través de todas las relaciones comerciales que hagamos”.
También se plantean trabajar en la presentación del producto con los consabidos maples, pero están desarrollando un empaque distintivo de media docena y una docena de huevos. “Es un segmento de precios más elevados que puede llegar al público a un valor de compra entre los 15 mil a 23 mil pesos, según la distancia y según el mercado”.
Ambos explican que cuentan con el respaldo de las autoridades municipales y provinciales en esta patriada, con el convencimiento que en el interior del país se puede avanzar con proyectos productivos de estas características.
Maximiliano refuerza diciendo que “en este momento es estamos desarrollando una estrategia comercial en donde vamos a hacer hincapié en la educación del consumidor en las diferencias que existen con la producción de huevos a escala industrial”.
“Por ejemplo, queremos romper con los mitos de que el huevo marrón es de campo y de que el huevo blanco es de producción masiva, no tiene nada que ver el color de los huevos que viene determinado por la raza de la gallina y no hay diferencia nutricional entre un color y el otro”.

A lo que agrega: “La diferencia nutricional viene del lado del alimento y del lado del estilo de vida del animal, por eso trabajamos con animales libres de jaula, con pastoreo a campo abierto y alimentados con balanceado natural, para alcanzar las máximas certificaciones que nos permitan comercializar los productos dentro y fuera del país. Dentro del país, estamos definiendo el entramado de distribuidores en varias provincias, que se suman a la cadena. Por su parte, ya tenemos compromisos para llegar a Chile, inicialmente, en el mercado externo”.
Nicolas agrega, “me gustaría que nuestra marca sea reconocida por su forma de producir y que el consumidor pueda entender realmente cuál es la diferencia entre una gallina criada permanentemente en una jaula y una gallina que puede caminar, moverse, desplegar sus comportamientos naturales y salir a sectores exteriores. Ojalá podamos mirar hacia atrás y decir que demostramos que en nuestra región también es posible producir a una escala importante, respetando el bienestar de los animales y siendo económicamente sustentables”.
Y concluye diciendo que “si existe un consumidor que valora el bienestar animal, nuestro desafío es poder llegar hasta él. Creo que de conseguir eso depende, en buena medida, el futuro de nuestra granja”.




