Ernesto Cruz, el mexicano que logró el récord mundial de maíz (con 44 toneladas por hectárea) y que ahorra recorre el mundo dando consejos a quienes quieren mejorar sus rendimientos, cada vez que viene a la Argentina desata un intenso debate. Bichos de Campo fue uno de los medios que primero presentó sus conceptos sobre la agricultura local en 2023, pero a partir de allí son varias las ocasiones en que este singular personaje ha venido al país. Y lo curioso es que cada vez que lo hace levanta polvareda.
Primero fue con aquello de la mala calibración en general de las sembradoras en la Argentina. Al año siguiente dijo que la siembra directa impulsada desde Aapresid no era la panacea y que a veces hay que remover los terrones para romper la compactación de los suelos. Y esta vez, al hablar nuevamente en el Congreso Internacional de Maíz que se realiza en Córdoba, cargó contra la mala calidad de las semillas en el país.
“Es increíble la basura que tienen de semilla mi güey”, disparó el agrónomo que ya se hizo famoso porque cierra cada frase con ese modismo bien mexicano que vendría a ser algo como el argentinismo “amigo”. Una de cal y otra de arena: somos amigos pero no tengo por qué mentirte y esconderte lo que veo. A partir de sus incursiones al país, Cruz viene trabajando en algunos campos de productores argentinos que siguen sus ideas y sus sistema. De allí toma datos que apoyan su dura sentencia sobre la baja calidad de las semillas que existe en el país.
Según este medición “casera”, un 40% de la semilla de maíz tiene menos de 80% de germinación, cuando un promedio aceptable debe ser de 95% para arriba. En la jerga, el poder germinativo es el porcentaje de semillas de un lote que tienen la capacidad de germinar y desarrollarse como plántulas normales. Si de cada semilla hay 20 que no prosperan, y si eso sucede en el 40% de las bolsas vendidas en el país, por lógica los rendimientos del cultivo a campo serán muy inferiores a los potenciales.

De eso, de como lograr levantar la productividad del maíz, venía a hablar nuevamente Cruz en este congreso, que es auspiciado por al menos cinco de las principales empresas semilleras del país, que por supuesto no digirieron de buenos modos la frase del mexicano.
Pero Cruz no parece medir ese tipo de cosas e incluso recomendó a los agricultores que deben siempre desconfiar del marketing desplegado por los proveedores de insumos, incluyendo a esas semilleras. “Yo nunca he ido a una demostración de Bayer donde gana Syngenta”, fue otra de sus frases agudas. La lanzó quizás sin reparar que la primera de sus charlas en este congreso la estaba dando en una sala bautizada “Bayer” y que la siguiente debía darla en el segundo salón, llamado “Syngenta”.
“Chequeen esto, porque es una locura la calidad de las semillas. Si no miden, ¿cómo van a mejorar? Luego llaga cualquier vendedor y nos dice… ‘Ingeniero, con esta botellita va a hacer milagros en su cultivo'”, insistió frente al ronroneo del público agropecuario que llenaba la sala.
Bichos de Campo encaró luego a Cruz para confirmar este tipo de dichos
-Quería confirmar esto de la crítica a la calidad de la semilla en Argentina. ¿De de dónde sale? ¿De de los laburos que están haciendo con productores locales?
-Con ellos empezamos a evaluar, evaluar, evaluar. Evaluamos, medimos, no es nada más por pelea. Obviamente sí hay compañías muy serias, muy profesionales, que tienen mis respetos y ojalá continúen así y ojalá ganen el mercado. Pero, bueno, un 40% de la semilla que evaluamos trae 80% de germinación o menos. Y debería ser no menos de 95%. Un 98% es muy fácil de lograr.
-Si el poder germinativo es de 80% o menos, ¿significa que estás perdiendo de entrada un 20% de la productividad potencial?
-Eso más el vigor. No solamente pierdes población, el vigor también. Entonces, es es un problema muy serio.

-Dijiste en la charla que esto se resuelve empoderando al productor, que haga sus propios análisis y exija más a sus proveedores de semillas.
-Eso es lo que les comentaba: el poder del que paga manda, pues entonces hay empoderarlos a los agricultores para que evalúen.
-¿Por qué te parece que puede estar pasando esto? ¿Relajo en Argentina? Nadie mide, nadie controla, nadie exige…
-Así es. Tú sabes, el poderoso lobby de las transnacionales. Es así en todo el mundo, no solamente en Argentina. Hacen lo que quieren, y y los pequeños, los agricultores, difícilmente tenemos acceso a ese nivel de decisiones. Por eso simplemente hay que exigirles calidad. Y por el bien de ellos también. Porque una empresa que haga bien las cosas y entregue calidad a los agricultores, va ganar mercado. Y es lo que les pediría a las compañías, que se esfuercen en hacer las cosas mejor.
La crítica del hombre récord parece cruenta, en especial porque es en el cultivo del maíz (un rubro en el que dominan los híbridos y por lo tanto no hay ni uso propio ni bolsa blanca, como en la soja) donde las empresas semilleras ponen sus mayores esfuerzos de investigación y marketing, ya que todos los años deben vender nuevas bolsas.
Pero dicha crítica no escapa a las generales de la ley de lo que viene diciendo el experto mexicano cada vez que viene al país: que aquí los productores podrían lograr rendimientos excepcionales porque tienen condiciones climáticas y de suelos ideales para producir maíz, pero que lamentablemente están acostumbrados a hacerlo de un modo determinado que no ponen casi nunca en tela de juicio.
“Nosotros hacemos las cosas, medimos que errores que cometemos y luego los corregimos. Pera mejorar los rendimientos es fundamental conocer las causas agronómicas por las cuales se pierden kilos”, comparó. A su lado en la charla estaba uno de los más respetados agrónomos de la Argentina, que asintió con que en la Argentina casi nadie mide: Jubilado del INTA pero más activo que nunca, el Beto Quiroga comentó que muy pocos productores analizan sus suelos antes de decidir si es conveniente sembrar maíz ni saben la cantidad de agua disponible para ese cultivo.

Si midieran algunos factores, según Quiroga, se darían cuenta de que “en ciertos pedazos del lote, hacer maíz no es rentable”, ya sea por las malas condiciones del suelo, por la compactación o por la escasez de ciertos nutrientes esenciales para el cultivo. “La porosidad del suelo es clave. Revisen. No cuesta nada, mirar dentro de los agregados donde se separa el suelo. Si no hay raíces, los nutrientes no participan”, indicó.
Cruz, que siempre presenta un puntilloso esquema de 24 pasos o factores que monitorear para lograr levantar los rendimientos del maíz, coincidió en que medir y calificar la calidad del suelo es esencial, entre otros factores, y aclaró que la siembra propiamente dicha recién aparece en el puesto 17 de esa lista, sobre el final. Recién ahí, además, debería aparecer la preocupación de cada agricultor para verificar que la calidad de semillas que recibe es la que le dice efectivamente su proveedor de semillas.
“La siembra es como la luna de miel, el momento en que nos casamos con la tierra para generar un fruto. Ninguno de nosotros, mi güey, le encargaría la noche de bodas a un compadre”, ironizó el mexicano, dando cuenta de que incluso en ese momento vital del proceso productivo, muchos productores argentinos van a a las apuradas: Copulan sin antes haberse detenido a pensar en todos los detalles que les aseguren una fajina bien hecha.

“Es Argentina, no Etiopía”, enfatizó el especialista insistiendo en meter el dedo en la llaga abierta, pero con una crítica honesta a un sector que no mide las cosas como debería y por tanto todavía desconoce muchos de los aspectos de la tarea que desarrolla. Esta vez cobró la industria de la semilla, aunque podría haber sido el rubro agroquímicos (“están usando herbicidas que son para trigo, no para maíz”) o el de la maquinaria de labranza de siembra directa (“Aquí están preparadas como para hacer la mayor cantidad de hectáreas y no para hacer el mejor trabajo en cada una de esas hectáreas”).
Cruz se despidió diciendo que en la Argentina los productores están en la situación ideal para ser “los Messi del maíz”. Pero señalándose la sesera añadió que “el problema esta aquí. El problema es de actitud: ustedes se pusieron de acuerdo en que las cosas se hacen así”. De ese modo incentivó a los chacareros a comenzar a cuestionarse algunas cosas elementales, como la calidad de la semilla que utilizan.




