A más de dos años del cambio de régimen económico, la volatilidad y la heterogeneidad entre sectores productivos siguen elevadas. Si bien la estabilización macroeconómica permitió corregir desequilibrios fiscales y monetarios acumulados, el crecimiento sostenido sigue siendo uno de los principales desafíos.
Un trabajo elaborado por Centro RA, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), puso este escenario en tensión con la generación de empleo e identificó una particularidad de esta actualidad: de los 10 sectores que más crecieron durante la gestión de Javier Milei, 8 mostraron indicadores negativos en lo que respecta a la generación de puestos de trabajo.
En concreto, la comparación realizada por el estudio entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 muestra que, de esos 10 sectores de mejor desempeño, solo dos lograron incrementar su empleo registrado: el agro, que sumó 13.000 puestos (+4,2%), y la enseñanza, que incorporó otros 6.800 (+1,6%).

Para analizar la evolución de la actividad económica, el estudio identificó tres etapas: una anclada a los efectos de la sequía de 2023, que generó una fase recesiva marcada y escasez de divisas; otra correspondiente al período de cambio de administración e implementación de un programa de ajuste macroeconómico (2024-2025), marcada por una corrección de precios relativos y una fuerte contracción de la demanda interna; y una tercera durante el primer semestre de 2026, cuando la actividad perdió impulso y retrocedió en el margen.
Entre los sectores que mayor crecimiento acumularon se encuentra el agro (+40%), impulsado por la recuperación tras la sequía de 2023; la intermediación financiera (+19%); y minas y canteras (+16%), favorecidos por la estabilización macroeconómica y el crecimiento de actividades exportadoras. Asimismo, hoteles y restaurantes registran una evolución positiva (+13%), asociada a la recuperación del turismo y de algunos segmentos de servicios.
Por el contrario, la industria manufacturera mostró números negativos (-8%), afectada por la debilidad de la demanda interna y cambios en la estructura de costos. El comercio también se encuentra entre los sectores más afectados (-4%), reflejando la debilidad del consumo privado.

Así, el mayor dinamismo se concentra en sectores exportadores y vinculados a recursos naturales. Sin embargo, esa recomposición sectorial no se traduce, en términos generales, en más puestos de trabajo.
En base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), relevado por la Secretaría de Trabajo, el trabajo mostró que la explotación de minas y canteras perdió 5.200 empleos registrados en el último año, al pasar de 92.000 a 86.800 trabajadores a marzo de 2026.
El agro mostró una dinámica diferente: a pesar de acumular una recuperación de la actividad del 40%, en la comparación interanual sumó apenas 1.700 puestos y sigue representando solo el 5,2% del empleo privado registrado. Por su parte, la intermediación financiera redujo su dotación 3,7% en el mismo período.
“En conjunto, las actividades más dinámicas de la economía, agro y minería perdieron un saldo neto de 3.500 puestos de trabajo en los últimos doce meses pese al repunte de su actividad”, indica el trabajo.
La conclusión arrojada por el Centro RA es que el crecimiento de las actividades más dinámicas “no alcanza a compensar la debilidad de aquellas que concentran una mayor proporción del empleo”.
“El agro, la minería y algunas ramas vinculadas a servicios financieros muestran un desempeño relativamente favorable, pero su capacidad de generación directa de puestos de trabajo es limitada. Al mismo tiempo, industria, comercio y construcción continúan mostrando dificultades y concentran buena parte de la pérdida de empleo registrado”, señalaron.
Esta configuración plantea, entonces, una tensión para la sostenibilidad de la recuperación.
“Una mayor producción exportable y una mayor generación de divisas pueden contribuir a aliviar la restricción externa, históricamente uno de los principales límites al crecimiento argentino. Pero ese efecto no implica automáticamente una mejora de la actividad interna. Su impacto dependerá, entre otros factores, de la inversión que generen esos sectores, de su demanda de proveedores nacionales y de la capacidad de trasladar parte de ese dinamismo hacia otras ramas de la economía”, concluyeron.




