Un año después de haber sido detectado por primera vez en Córdoba, el picudo negro de la vaina de soja volvió a expandir su presencia geográfica. En enero, extensionistas de INTA constataron su presencia en lotes cercanos a la localidad de Selva, en Santiago del Estero. Y recientemente, los hallazgos se dieron también en Ceres, al noroeste de Santa Fe.
Estas detecciones “sugieren expansión del área de distribución de esta importante plaga”, explicó Eduardo Trumper, coordinador nacional del Programa de Protección Vegetal del INTA, que aunque consideró que no constituyen una situación de alarma, sí es necesario estar atentos.
Cabe resaltar que el picudo negro afecta de forma directa el grano, ya que las hembras colocan huevos en el interior de las vainas y las larvas se alimentan de las semillas, causando daños parciales o totales. En el NOA, donde la plaga se expandió en las últimas dos décadas, las pérdidas pueden llegar al 70 o 100% si no se realiza un control adecuado.
En este escenario, Trumper subrayó la importancia de “conformar una red de colaboración y articulación”, tanto entre referentes del INTA como con actores del medio, “al tiempo que se deben reforzar las acciones de capacitación y monitoreo en la región”.
Este trabajo ya fue iniciado por los especialistas del INTA Ceres y del INTA Rafaela, que comenzaron con jornadas de capacitación técnica sobre el manejo de este insecto.
“La generación y sistematización de información permitirá comprender con mayor precisión la dinámica poblacional de la especie y contribuir al desarrollo de estrategias de manejo integrado”, indicó Federico Massoni, entomólogo del INTA Rafaela.
El especialista recomendó “trabajar en una detección temprana de la plaga, aplicar criterios de manejo integrado y fortalecer los canales de comunicación entre instituciones técnicas, asesores y productores”.





