Que semillas de distintos cultivos salieran desde la Tierra rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI), para investigar los efectos de su exposición a un entorno de condiciones extremas, a mediados del año pasado parecía una locura. No fue sino hasta que muestras de maní cordobés, enviadas por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, fueron y volvieron junto a las de otros países, que empezamos a creer. Ahora, la experiencia sería replicada con semillas de quínoa.
En el marco de un acuerdo internacional con la Orion Space Generation Foundation, el INTA aportará semillas de este cultivo andino, que serán enviadas en una cápsula experimental al espacio. El vuelo está previsto para el segundo trimestre del año.
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“El espacio funciona como un laboratorio natural de condiciones límites: alta radiación, escasez de agua, suelos minerales pobres y variaciones térmicas extremas. Estudiar cómo reaccionan las semillas frente a estos factores permite identificar mecanismos de adaptación que luego pueden aprovecharse en programas de mejoramiento genético”, explicaron desde INTA.
El material genético enviado corresponde a la variedad de quínoa Morrillos (Chenopodium quinoa), desarrollado y conservado por investigadores de ese Instituto, tras más de una década de trabajos de caracterización agronómica. Sucede que aquella variedad ya presenta gran adaptación a ambientes hostiles, por lo que califica para un estudio de tolerancia más extremo.

La iniciativa tiene detrás una red científica que integra la Universidad de San Pablo-T, los equipos técnicos del INTA San Juan y Tucumán, la Fundación Miguel Lillo y diversos socios internacionales. La experiencia forma parte de una línea de investigación iniciada en 2019 junto a la Universidad de York – Lassonde School of Engineering, en Canadá, cuyos primeros resultados fueron publicados en 2022.
En el marco del acuerdo entre el INTA y la Orion Space Generation Foundation, el material tendrá como único uso la investigación, sobre el cual se fijarán “condiciones de trazabilidad, confidencialidad y protección”.
“El INTA tiene un largo camino recorrido en la caracterización de recursos genéticos, así como en programas de mejoramiento genético; poder participar en esta iniciativa internacional con semillas de un cultivar de quinua, especie de gran valor alimenticio, obtenido por nuestra institución, representa todo un desafío y abre las puertas a oportunidades insospechadas de colaboración”, destacó Claudio Galmarini, director del Centro Regional Mendoza–San Juan del INTA.

“Este acuerdo posibilitará desarrollar estudios fisiológicos, genómicos y experimentos tanto en laboratorios terrestres como durante la misión espacial”, señaló a continuación.
Las semillas fueron provistas por el equipo del INTA San Juan integrado por Lucas Guillén, Gonzalo Roqueiro y Nadia Bárcena, en el marco del Proyecto de Mejoramiento Genético de Cultivos Industriales coordinado por Paola Fontana, y en articulación con profesionales de otras unidades del organismo a través de la Red Quinua.
“El objetivo es generar conocimiento sobre los mecanismos de tolerancia de las plantas. Ese aprendizaje puede trasladarse luego al desarrollo de cultivos más resistentes para la producción en la Tierra”, afirmó Guillén.




