La historia de Altina está intrínsecamente atada a la evolución de la fertilización en la Argentina. O al menos su capítulo más reciente, porque cuando nacía esta firma santafesina, en 1953 en la localidad de Zenón Pereyra, la discusión en torno a los nutrientes del suelo era inexistente. Por eso los desarrollos iniciales de este marca estuvieron más bien orientados al corte y acondicionamiento del forraje.
Sólo 20 años separan a su primer lanzamiento, la segadora hileradora autopropulsada de, quizá, el que luego fuera el producto más relevante para la marca, la primera fertilizadora neumática de Latinoamérica. Ese es el tramo de la historia que inician los Pivetta, una familia local que terminó controlando la empresa al calor de los cambios que operaron en el mercado.
La discusión sobre la necesidad de fertilizar que libró Hugo Pivetta, un ferviente defensor de la nutrición de los suelos. Los desarrollos que introdujo él mismo, mientras probaba las máquinas que fabricaba para subsistir. Y el presente de una firma que acumula más de 70 años de trayectoria. De eso habla esta nota con Luciano. Nos dijeron que de los hermanos Pivetta era el menos afecto a hablar ante las cámaras: pero a la hora de reivindicar esta larga historia no ahorró palabras.
Mirá la entrevista con Luciano Pivetta:
Luciano es el tercero de los cuatro hermanos que heredaron el legado de Altina. Su padre, Hugo, fue ni más ni menos quien, en 1985, lanzó al mercado la primera fertilizadora neumática de arrastre para aplicar fertilizantes sólidos en cobertura de toda Latinoamérica. Una revolución en el mercado probablemente adelantada a su época, pero que logró poner en agenda a la fertilización cuando nadie aún la discutía seriamente, porque los suelos en la Argentina parecían inagotables.
Y encima, con una tecnología que, si bien ya se utilizaba en las sembradoras, aún no había escalado a esa actividad. Un desarrollo impensado para esos años, surgido nada ni nada menos que en el interior productivo.
“Mi papá era un distinto, porque ya luchaba mucho por la salud del suelo. Y lo hacia desde una ciudad pequeña, donde todo era prueba y error. En esa época no había nada de ingeniería”, recordó Luciano en diálogo con Bichos de Campo.

Su padre fue el de la idea, y Luciano ayudó a pulirla. Como no había tanta espalda para darse el lujo de probar todo el tiempo, a él se le ocurrió hacer servicio para importantes firmas con su propia maquinaria, y de ese modo ir introduciendo cambios pero sin dejar de trabajar.
“Mientras ganaba guita para subsistir, mejoraba los equipos. Así, con el tiempo, llevaba las reformas a la fábrica y las íbamos haciendo”, explicó.

Pero la cuestión no era sólo técnica. De hecho, el fabricante asegura que, desde sus comienzos, “la aplicación era un espectáculo”. El problema era también cultural, porque fabricaban una maquinaria para una actividad que aún pasaba muy desapercibida en el agro. Era la época en la que aún no se hablaba de salud del suelo, o de nutrientes, y cuando todavía no se vislumbraban grandes signos de agotamiento.
“El tema era convencer a la gente de por qué usar esta máquina esta, porque en su momento no se hablaba de aplicar, sino en todo caso de tirar el fertilizante”, explicó Luciano, que señala ahí una distinción no menor: aplicar, dice, tiene que ver con distribuir el producto de modo uniforme. Lo que hoy parece una verdad a viva voz, no lo era hace algunos años.
La cuestión es que esa tarea se le dio bien, y la empresa cumplió con creces cada uno de sus objetivos. Luciano es un orgulloso defensor de las máquinas de Altina, no sólo porque las vio crecer, sino porque formó parte de su desarrollo, y asegura que si hoy se fertiliza como corresponde, o se siembra en cobertura casi sin margen de error, es gracias a ello.

Era inevitable, entonces, que en la Expoagro 2026 le hagamos la pregunta que también repetimos a otros referentes de toda la cadena agrícola, y que se remonta a las cifras que lanzó el presidente en la apertura de sesiones legislativas:
-¿Milei delira o se pueden producir 300 millones de toneladas?
-Hay mucho por mejorar en lo que hacemos. Por ahí parecen una locura los números que dijo, pero cuando vos vas a campos de clientes y le empezás a hacer el 100% del lote bien, te sorprenden los resultados.
-¿Entonces ves posible llegar a esa meta?
-No pensemos tanto en el tope donde podemos llegar, primero enfoquémonos en subir o mantener los de mínima. Hay que aumentar el piso.
-¿Y qué te dicen los productores? ¿Al final sirvió predicar la fertilización por tanto tiempo?
-Yo creo que sí. Nuestros clientes siempre nos ponen una vara bastante alta, y eso también es lo que nos lleva a nosotros a posicionarnos en el mercado. Nosotros insistimos en que un maquinista aplica un millón de dólares en producto en un mes, y que aplicar con una Altina implica ahorrar hasta un 15%. No se trata sólo de devolver nutrientes, sino también de no perder plata, y en eso se ha aprendido mucho.
Parece que, de tanto insistir, los Pivetta lograron que el agro local comenzara a hablar su mismo idioma.





