En su discurso ante la Asamblea Legislativa, el presidente Javier Milei deslizó una frase que quedó resonando en el sector agropecuario. Tien que ver con la posibilidad de que Argentina alcance una producción agrícola de 300 millones de toneladas. La cifra duplica prácticamente los volúmenes actuales y abrió un debate inmediato dentro del propio agro: ¿se trata de una expresión de deseo o de una meta alcanzable?
Hoy la producción total de granos del país ronda las 130 millones de toneladas, aunque algunas proyecciones del sector privado ya ubican la cifra potencial de esta campaña cerca de 150 millones si el clima acompaña. En ese contexto, el salto que planteó el presidente aparece enorme.
Sin embargo, dentro de las cadenas productivas hay quienes creen que el crecimiento es posible, aunque no necesariamente en plazos cortos y siempre que se modifiquen ciertas condiciones estructurales.
Una de las voces técnicas que viene analizando ese escenario es la de Federico Zerboni, presidente de Maizar y productor agrícola, quien considera que el maíz podría ser uno de los cultivos con mayor capacidad de expansión dentro de ese proceso.
“El maíz es el cultivo que más fácil puede crecer en volumen”, explicó Zerboni en diálogo con Bichos de Campo durante Expoagro. Según detalló, actualmente el cereal aporta cerca de 60 millones de toneladas a la cosecha nacional, lo que representa aproximadamente entre el 40 y el 45% del total.
La clave de ese potencial radica, entre otras cosas, en el diferencial de productividad física entre cultivos. “No es lo mismo una hectárea de maíz que produce diez toneladas que una hectárea de soja que produce tres. El volumen que genera el maíz es mucho mayor”, señaló. Aun así, aclaró que la comparación no puede limitarse solo al volumen, ya que la soja mantiene un valor comercial superior por tonelada.
De todos modos, dentro de la estructura agrícola argentina existe margen para expandir la superficie de maíz. Zerboni recordó que el país tiene una relación muy baja entre ambos cultivos en comparación con otros grandes productores. “Argentina tiene una relación mucho menor entre maíz y soja. Nosotros estamos alrededor de 17 millones de hectáreas de soja y bastante menos de maíz. En otros países es uno a uno. En Estados Unidos prácticamente es uno a uno”, explicó.
En ese marco, una estrategia relativamente simple para incrementar la producción sería modificar parcialmente esa relación. “Robarle, entre comillas, tres millones de hectáreas a la soja implicaría un aumento muy importante en volumen, porque el maíz produce mucho más por hectárea”, indicó.
Mirá la entrevista completa con Federico Zerboni:
Desde Maizar, de hecho, vienen trabajando desde hace tiempo con una meta concreta: el llamado objetivo “10 por 10”. La propuesta plantea alcanzar 10 millones de hectáreas de maíz con un rendimiento promedio de 10 toneladas por hectárea.
Actualmente el rendimiento medio se ubica cerca de las 7,5 toneladas, por lo que el salto productivo implicaría una mejora tecnológica significativa. Pero si ese esquema se concretara, el resultado sería contundente: unas 100 millones de toneladas de maíz.
“Pasar de 50 o 60 millones a 100 millones sería un salto enorme”, señaló Zerboni. Y aclaró que el objetivo no se limita a exportar más grano, sino a transformar una mayor proporción dentro del país.
En ese punto aparece otra de las grandes discusiones estratégicas: el agregado de valor en origen. Según explicó, Argentina todavía tiene un nivel muy bajo de industrialización del maíz en comparación con otros países competidores.
Mientras que en Estados Unidos aproximadamente la mitad del maíz se destina a la producción de etanol, y Brasil ya procesa cerca de 40 millones de toneladas para ese mismo fin, Argentina apenas transforma alrededor de 2,5 millones de toneladas.
“Gran parte de ese proceso además vuelve a la producción animal”, explicó Zerboni. En las plantas de etanol, por ejemplo, el subproducto conocido como burlanda se utiliza como alimento para ganado, lo que termina fortaleciendo las cadenas de carne, leche o porcinos.
Ese tipo de desarrollo industrial también tiene un impacto territorial importante, especialmente en regiones alejadas de los puertos. El transporte de maíz en grano desde zonas muy distantes suele volver poco rentable la producción, ya que el flete puede representar entre 30 y 40% del costo.
En cambio, cuando el cereal se transforma cerca del lugar de producción, por ejemplo en etanol o proteína animal, el negocio cambia completamente. “Eso genera mucho trabajo en el interior”, explicó Zerboni.
El dirigente puso como ejemplo el caso de Brasil, donde muchas de las regiones agrícolas más dinámicas se encuentran a más de 2.000 kilómetros de los puertos. “Uno va al centro de Brasil y ve ciudades con autopistas, rutas e infraestructura, con un crecimiento económico muy fuerte que nace del agro”, señaló. Allí, buena parte del desarrollo se explica por la transformación local de la producción en carne, pollo o cerdo.
Pero para que ese proceso se acelere en Argentina, el sector coincide en que no alcanza solamente con el potencial productivo. Según Zerboni, es necesario modificar varias condiciones de política económica.
“El productor puede ser el mejor del mundo hacia adentro del lote, pero si después no tiene rutas, infraestructura o mercado, no alcanza”, advirtió. En esa lista aparecen también la presión impositiva y la estabilidad de las reglas de juego.
“El gobierno puede bajar ciertos impuestos, pero después un municipio sube tasas y al final la carga termina siendo mayor. Hace falta una política lógica entre Nación, provincias y municipios”, planteó.
Para Zerboni, la discusión no debería centrarse exclusivamente en si el país llegará exactamente a 300 millones de toneladas. “No sabemos si serán 300 o 200, pero sabemos que hay muchísimo potencial”, resumió.
El punto, insistió, es empezar a recorrer ese camino. “No vamos a llegar de un día para otro. Pero lo importante es arrancar”.






E s Federico Zerboni, no Fernando