La Quiaca, en frente el puente de acceso a Bolivia a través de Villazón. Virando hacia el oriente, a unos 15 kilómetros por la Ruta provincia 5, y antes del pueblo histórico de Yavi, se ramifica otro camino bien puneño, que es la RP 68.
El paisaje se compone por amplias mesetas rodeadas por cadenas de montañas que conforman las altas cumbres. El clima es árido, con precipitaciones estivales, que pocas veces alcanzan los 400 milímetros anuales. Gracias a estas precipitaciones se desarrollan las pasturas naturales que son el alimento principal de camélidos, ovinos, caprinos y algún bovino, actividad tan tradicional y representativa de la Puna.
Más allá de la ganadería, existen varios parajes en los que, por condiciones especiales, puede desarrollarse la agricultura de algunas hortalizas y de cultivos de origen andino, como la papa, la quinua y el maíz.

Siguiendo este nuevo camino, apenas se gira al sur, se pasa por la comunidad de Lecho. Hay que transitar varios kilómetros más de ripio para llegar a Casti, otra comunidad de casitas bajas, del color de la misma tierra y un galpón que llama la atención por su prolijidad y su movimiento. Ese galpón es la Planta de acondicionamiento y empaque de cultivos andinos que la Comunidad Aborigen de Casti logró instalar y poner en funcionamiento con bastantes esfuerzos y beneplácitos.
La Planta recibe la producción productores de la región pertenecientes a las comunidades de Casti, Yavi, Yavi Chico e Inti Cancha. Los productos que se vienen procesando son, fundamentalmente, tubérculos andinos, pero también algunas hortalizas en menor cantidad, como zanahoria, cebolla, choclo, haba, lechuga y apio.
En cuanto a las papas se procesaron varios miles de kilogramos. El mayor volumen correspondió a algunas variedades adaptadas a la zona andina como la Desiré, Ojo de Señorita (o Revolución) y la Rosada Redonda, que suelen tener buen rendimiento a campo y aceptación en las cocinas locales. En cuanto a las papas andinas, se procesaron las variedades Kollareja, Waicha, Azul, Manzanita, Sayana Azul, Malcacha, Tuni, Imilla Negra, Pali Rosada y Santa María. También ingresaron para su procesamiento y empaque otros tubérculos andinos como las Ocas, en su tipo Roja Amarilla, Rosada, Guinda, Amarilla y Morada, y una variedad de Ulluco conocida como Papa Verde.

Con los productos ya procesados y con los certificados correspondientes, pudieron llegar al Mercado Central de Buenos Aires, con un voluminoso pedido. También, llegan periódicamente a los mercados de la Quebrada de Humahuaca.
En diversas oportunidades participaron de los actos de lanzamientos turísticos municipales y provinciales, de ferias locales, como La Feria de Semillas, la Feria del Yacón, la Feria de Comidas Regionales de Yavi. Además de comercializar en estas ferias, los productores diseñaron otras experiencias comerciales con bolsones de hortalizas y demostraciones y oferta de servicios a empresas proveedoras de alimentos a los campamentos mineros.

Habría que remontarse más de 10 años atrás para encontrar el origen de esta propuesta que, indudablemente, se encuentra muy vinculada a lo que fue la elaboración de un diagnóstico de la micro región de Yavi, realizado juntamente con Comunidades Originarias, Comisiones Municipales y el ex INAFCI (Instituto Nacional de Agricultura Familiar), que generó información socio-productiva, que se plasmó en un documento rector de trabajo.
En ese diagnóstico se expone, entre otras problemáticas, la necesidad de consolidar propuestas para la comercialización de productos agropecuarios a través de la implementación de centros de acopio.

Por esos años se refuerza la articulación territorial entre el ex-INAFCI y el INTA de Abra Pampa, intentando mejorar las condiciones de producción, cosecha, poscosecha y comercialización de productos locales, fundamentalmente la quinua, que estaba en pleno auge y existía creciente demanda en los mercados nacionales. Con ese impulso y el de las organizaciones nace la Mesa Quinoera Agroecológica de la Puna, en donde participan productores de Casti y varias localidades más.
En 2019 y a partir la experiencia de la Mesa Quinoera, la Comunidad de Casti presentó un proyecto para adecuar las instalaciones de una edificación y transformarla en una Planta de procesos para quinua y papa andina, acordes a los requerimientos bromatológicos para productos de origen vegetal.

En esta instancia, se suma a trabajar el INTI, a través de la bromatóloga María Eugenia Jurado, quién propuso procesos y sistemas adaptados que cumplieran con la legislación, la trazabilidad, el control de procesos y la implementación de sistemas de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM). El INTI se encargó, además, del diseño de la planta, contemplando la normativa del Código Alimentario Argentino y del SENASA y capacitó sobre bromatología y manipulación segura de alimentos. Con el SENASA se capacitó en la emisión de DTVe, entre otros requisitos legales.
En base a todos los requerimientos de estructura y equipamiento para funcionar adecuadamente, se definió presentar otro proyecto Manos a la Obra, mediante la articulación entre el Área de Pueblos Originarios del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Su objetivo era adquirir el equipamiento necesario para el funcionamiento de la planta, terminar con la infraestructura y continuar con los ciclos de capacitaciones al personal y productores que entreguen su producción.

El municipio colaboró con el trasporte de máquinas y materiales y con la mano de obra para adecuar la planta. Así, se obtuvo la habilitación de Senasa para procesar tubérculos y hortalizas algo que, sostenidamente, vienen haciendo.
Pero, pesar de todas las actividades realizadas, no se consiguió todavía todo el equipamiento y realizar las adecuaciones que cumplimenten las normativas para el escarificado de quinua. Este grano andino está cubierto por una capa que tiene altos índices de saponina, que dificulta su digestión. El escarificado posibilita bajar los valores de saponina, hasta niveles aptos para el consumo humano. Además, si el proceso se da en seco, o sea no se utiliza agua, se puede colectar la saponina y ofrecerla a la industria de cosméticos.

Claro está que la planta de procesos de Casti tiene mucho camino que recorrer, considerables posibilidades de seguir creciendo, ampliando sus productos y mercados y, quizás, esta breve nota que cuenta sobre su existencia, su recorrido y su presente, ayude a tender puentes entre productores de cultivos andinos de esta región extrema de Argentina y nuevos mercados ávidos por consumir productos de excelente calidad y muy arraigados a la tierra.





