“Interesante: el agro está ‘volando’ con un tipo de cambio real que cayó significativamente desde diciembre de 2023. ¿Qué nos indica esto? Que el problema para el sector no era un ‘tipo de cambio bajo’, sino la brutal brecha cambiaria, que llegó a equivaler a un impuesto de 75% sobre el valor exportado”.
Así lo indicó el economista Iván Carrino en redes sociales y muchos productores le preguntaron a qué se refería con el término “volando”, dado que el sector agrícola enfrenta una situación compleja con altas tasas de interés y costos medidos en dólares que vienen creciendo de manera sostenida.
Carrino aseguró que su afirmación se sustentaba en los datos de diciembre pasado del estimador mensual de actividad económica (EMAE), que en el caso del agro registró un crecimiento interanual del 32,2% gracias a una cosecha histórica de trigo.
El economista destacó que el EMAE del agro había crecido además un 43,6% en los últimos dos años, lo que aparentemente tendría algo que ver con las políticas implementadas por Javier Milei. Pero los productores y profesionales del agro –con paciencia infinita– nuevamente le explicaron que en el ciclo 2022/23 se presentó una sequía que liquidó gran parte de la cosecha argentina de trigo.
Le pidieron al economista que por favor revisara las estadísticas públicas para observar que en la campaña 2025/26 la superficie de trigo creció un 5,5% con respecto a 2024/25, pero la cosecha aumentó un 50,4% debido a circunstancias climáticas que resultaron excepcionales para el desarrollo productivo del cereal, aunque eso, sin una fertilización adecuada (señal de que el negocio no es espectacular), terminó promoviendo niveles bajísimos de proteína y gluten (un dolor de la cabeza mayúsculo para la industria molinera).
Frente a tal evidencia, Carrino aceptó que su afirmación carecía de sustento, pero, lejos de informarse sobre el asunto y tomarse unos días para reflexionar, volvió a la carga de manera inmediata.
“Reformulo entonces: las exportaciones en cantidades están en máximo histórico con un tipo de cambio real que cayó significativamente desde diciembre de 2023. ¿Qué nos indica esto?”, aseguró el economista, quien esta vez no mostró pudor alguno mostrarse desnudo de conocimientos en la materia.
Aquí ya los productores y técnicos en su mayor parte “tiraron la toalla” y dejaron de ofrecer explicaciones, quizás porque ya lo consideraron un caso perdido.
El hecho de que una situación fortuita, como la climática, haya generado una súper producción de trigo no tiene relación alguna con la evolución del tipo de cambio. Simplemente una gran cosecha generó una abundante oferta exportable cereal, que sería en 2025/26 de 17,0 millones de toneladas versus 10,5 millones en el promedio del último lustro.
Si el tipo de cambio es el adecuado o no, resulta una discusión inútil, porque lo sensato sería liberar todas las restricciones cambiarias –incluso las que atentan contra el derecho de propiedad, como es el caso de la prohibición de girar utilidades al exterior– para que los precios relativos se acomoden en función de lo que determine el mercado.
Lo que Carrino podría destacar –algo que no puede hacer por su desconocimiento sobre la dinámica del negocio agrícola– es que gracias al ordenamiento del comercio exterior implementado por el gobierno de Javier Milei el valor de los fertilizantes y fitosanitarios descendió a niveles razonables y además se garantizó la accesibilidad a esos insumos críticos.
Por supuesto, también resulta clave haber eliminado toda restricción comercial y cupos de exportación, una auténtica locura en una nación que vive de la venta de productos agroindustriales.
Por lo demás, tratar de encontrar relaciones donde no las hay para intentar defender la intervención del tipo de cambio es algo que no sólo no resulta apropiado en términos profesionales, sino también filosóficos al considerar los principios del pensamiento liberal.









